La consolidación del oficialismo

A partir del 22 de octubre quedará conformado un nuevo escenario político nacional. La confirmación de Cambiemos como primera minoría aparecerá como el acontecimiento más importante de la actualidad política. Obtendrá un promedio,  nacional de alrededor del 40%. Esto significaría alcanzar el número clave que esa proporción implica como esperanza futura, cumpliría uno de los requisitos para evitar un ballotage en el 2019. El otro requisito que es tener más de diez puntos de diferencia con el segundo, se lo está brindando la propia oposición con su fragmentación.

La alianza oficialista ganó en 12 de los 24 distritos del país, logrando vencer en provincias que fueron una sorpresa por su tradición electoral como es el caso de La Pampa, Santa Cruz, San Luis y Neuquén. Además penetró en segmentos sociales medios bajos o bajos y en varios de estos conglomerados no ganó pero avanzó, comparado con el 2015.

Al mismo tiempo despierta lógico interés esta elección por la participación de CFK como candidata a Senadora, luego de haber ejercido por dos períodos consecutivos la presidencia de la Nación y mantener su jefatura del kirchnerismo. Es segura su consagración futura como senadora, pero no sabemos aún si logrará ser acompañada por el segundo candidato, Jorge Taiana.

Entre las varias consecuencias de las elecciones legislativas está el nuevo escenario de la relación de fuerzas entre los bloques del oficialismo y de la oposición en ambas cámaras. Se calcula que si Cambiemos repite la performance de las PASO, tendría un bloque de 104/5 diputados, frente a 22 de 1 País (el que más pierde), 42 del PJ no k. y 70 de FpV y Unidad Ciudadana. Se completaría con 19 de los otros bloques.

En el Senado que era y seguirá siendo la Cámara de menor presencia del oficialismo alcanzaría a 25 bancas, contra 29 del FpV y PJ, 14 del PJ no kirchnerista y 4 de otros. Esto significa que el gobierno no alcanzará al quorum propio en ninguna de las dos cámaras, y seguirá dependiendo de alianzas para lograr aprobar las leyes, pero sin duda consolida posiciones en el poder legislativo.

 

 

Ahora, desde el punto de vista simbólico, un eventual triunfo el 22 de octubre en los principales distritos del país le otorgaría una victoria moral al gobierno que lo impulsa para la gobernabilidad 2017/18 y lo pone en camino de la renovación presidencial. Por supuesto que puede haber factores que obstaculicen esta intención; y pareciera que el factor principal amenazante es la economía. Por ahora tiene una leve recuperación comparado con valores muy deprimidos del 2016, pero eso no sería suficiente, considerando que muchos de los votantes de Cambiemos mantienen esperanzas sobre la evolución de la economía. Si esto no se produjera generaría una retracción del consenso.

Hay otro factor que no hay que despreciar y es la política. La manera en que el gobierno va a administrar el Estado; sus preferencias, sus alianzas. La relación entre el PRO y la UCR que buscará posicionar un vicepresidente para el período 2019/2023; la relación con los actores del poder; la tensión entre el deseo liberal y el gradualismo.

En caso de que se concrete la victoria de Cambiemos ablandará más a parte de la CGT que cumple con su mandato fundante desde que Perón condujo la institucionalización del movimiento obrero organizado, arrebatando los gremios del anarquismo y de la izquierda. El mandato fundante es la dinámica negociación/presión, nunca arriesgando la dirección o las organizaciones. Diferente es el pensamiento y la dinámica de parte de los gremios más combativos o de parte de la CTA.

La estrategia de la polarización que al gobierno le ha dado resultados electorales, continuará por varios meses, sostenido por los procesos judiciales que tienen a ex funcionarios como destinatarios de las causas de corrupción y a CFK al borde de la detención.

No sabemos qué pasará con las causas judiciales que tienen a la ex Pta. como responsable, pero resoluciones de una u otra forma tendrán consecuencias significativas en el oficialismo y en la oposición. Lo que sí sabemos es que la gravedad real y mediática de estas cuestiones, llevarán mucho tiempo y serán utilizadas desde lo político hasta sacarle todo el beneficio que pueda favorecer al gobierno.

 

Los problemas de la oposición

El panperonismo está procesando su fragmentación y, como está dividido, cada cual lo hace a su manera. La combinación kirchnerismo/peronismo fue eficaz entre el 2003 a 2015, momento en que la alianza funcionó mientras se compartió el poder. Las diferencias eran subterráneas pero estaban. El problema principal fue que luego de más de una década el kirchnerismo no kirchnerizó al peronismo, es decir que el peronismo siguió siendo la principal fuente electoral del país conformado por partes, una de las cuales puede ser identificada como kirchnerismo. En su reciente reportaje al diario español El País, la ex Pta. dijo “Yo soy peronista, no me digas que soy kirchnerista, siempre lo vi como una manera de bajarnos el precio a los peronistas”.

Queda claro que la referencia identitaria más fuerte es el ser peronista, y de este modo el kirchnerismo se incluye en la tradición peronista y reniega de ser una particularidad o una lectura, en mi opinión de centro izquierda, del peronismo. Es decir, es un peronismo diferente a la matriz movimientista de otrora que reconocía a los sectores conservadores para la dinámica pendular que la caracterizaba. Por el contrario, la versión kirchnerista pone a los conservadores como enemigos, rompiendo el equilibrio ideológico.

Ahora, una vez dejado el gobierno y por lo tanto la administración del presupuesto nacional, la brecha se ha hecho más evidente y tiene, inclusive, una referencia geográfica determinada; el kirchnerismo dominando el conurbano, y con algunos enclaves minoritarios en el interior del país; y el peronismo del interior no k que controla varias provincias.

Tener el 35% de los votos en la provincia de Buenos Aires es un número importante, pero eso se convierte en un 20% promedio nacional, y si bien está lejos de la proporción obtenida por el oficialismo en todo el país, se posiciona como segunda fuerza. El peronismo no kirchnerista no mide aún lo suficiente como para ser una alternativa nacional y hay conciencia de que una sola porción del peronismo no puede ganar.

El desafío político del panperonismo desde que Macri ganó el ballotage, es la construcción de una propuesta alternativa que pueda convertirse a futuro en la nueva esperanza nacional; sobre todo de los sectores postergados, de la clase trabajadora y de parte de la clase media.

Conciliar las diferencias internas en lo ideológico y lo político va a ser difícil en el tejido complejo del peronismo. Porque el progresismo del kirchnerismo colisiona con el conservadorismo popular de las provincias. La autodefinición de peronismo posibilita un deslizamiento que no hace hincapié en lo ideológico, sino en lo pragmático, en la búsqueda del poder. Cristina ha comenzado ese desplazamiento en la campaña, pero veremos cómo logra sortear el rechazo de algunos gobernadores y otros dirigentes.

Así como el kirchnerismo carece de una estructura orgánica que lo contenga, el peronismo provincial se apoya en los PJ locales ante un PJ nacional que brilla por su ausencia en el tablero político del país. Es muy llamativo que el pejotismo está a pasos de su insignificancia.

La agenda del advenimiento a la conversación entre peronistas parece ser la que prime luego del 22 de octubre dentro del PJ, sin poder anticipar cómo se va a realizar esto y cómo van a ser las vicisitudes de un diálogo que aparece como muy difícil y muy complejo. En primer lugar aparece la oportunidad de que CFK participe de este intercambio con el fin de reconstituir una propuesta de oposición.

Aunque algunos dirigentes del interior consideran que el kirchnerismo es un ciclo cumplido y no comparten las posiciones ni opiniones de CFK. Entonces, este paso inicial será decisivo para el futuro de las distintas porciones del panperonismo. Los dirigentes bonaerenses como Massa y Randazzo se sumarán a esta reconstrucción política interconectándose con los intendentes y gobernadores dispuestos a la renovación.

Es indudable que, por el momento, en la relación de fuerzas internas se vive una situación de empate ya que el peronismo no k. necesita para consolidarse, contar con la provincia de Buenos Aires, y el kirchnerismo necesita dominar el interior. Esto es una cuestión de liderazgo donde prevalece un sector que exhibe la indiscutida presencia de Cristina F. de Kirchner; pero esto tiene el límite de sus propios seguidores y la consideración y respeto de la mayoría de los dirigentes, pero no el afecto de los mismos y su subordinación.

Esta es la cuestión primera que aparecerá el 23 de octubre, estimulando la aparición de dirigentes (gobernadores o ex gobernadores) con la intención de salir a la disputa por convertirse en un único líder nacional.

Es muy probable que algunos dirigentes peronistas se acerquen al gobierno, al punto que intentarán negociar, inclusive algunos integrarse, de una manera explícita o más implícita respecto de Cambiemos. Dentro del oficialismo hay un debate en relación a la cooptación de dirigentes de la oposición; sobre todo si son peronistas despertando la oposición interna de los sectores más antiperonistas de la alianza oficialista.

Los próximos días indicarán que estamos asistiendo a un punto de inflexión en la política nacional. Un momento de la microhistoria en donde se producen nuevas orientaciones de la sociedad, en donde las fuerzas políticas deben actualizarse o se quedarán girando en el consignismo y el voluntarismo.

Con la confirmación del avance del neoconservadorismo, es urgente e importante generar una oposición inteligente que proponga una alternativa progresista y populista que logre construir una mayoría. Pero por ahora la oposición debe constituirse como minoría y adversaria del gobierno de Cambiemos, superando la debilidad que genera la fragmentación.


Ricardo Rouvier es Sociólogo y analista político. Titular de R. Rouvier & Asociados

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