La celebración comenzó en el espacio que mejor representa la filosofía de la UNLa: la Plaza Quijotanía. Allí Don Quijote pelea contra molinos de viento que, al contrario de la novela de Cervantes, son más bajos que él: “Nosotros nos encontramos muchos gigantes en el camino, y también los combatimos. Al final, solo eran molinos”, decía el texto escrito por la rectora Jaramillo cuando se inauguró la plaza, hace unos ocho años.

Hoy, a esos diez molinos iniciales y a ese Quijote que representan mejor que nunca la voluntad de lucha de nuestra Universidad, se suman otros diez molinos para simbolizar las dos décadas que cumple la UNLa. Sumados a los diez ya emplazados anteriormente, representan los desafíos que se fueron superando para llegar a lo que hoy es nuestra universidad.

Después del corte de cintas inaugural –protagonizado por la Rectora junto al músico, doctor Honoris Causa y gran amigo de la Casa Miguel Ángel Estrella y algunos de los pioneros que fundaron la UNLa- el público compuesto por la comunidad universitaria y los vecinos del campus se trasladaron al Aula Magna. “Cuando le comentaba a Miguel Estrella, amigo de toda la vida, mi proyecto de hacer una universidad, le parecía una locura y sin embargo logramos construir lo que hoy todos ustedes ven” dijo Jaramillo luego de inaugurar las esculturas. “Estos nuevos molinos de viento representan los problemas que nos encontramos en la actualidad, pero no nos van a vencer”.

En el Aula Magna la Orquesta de Cámara y el Coro de la UNLa interpretaron el Himno Nacional y luego un popurrí de temas, incluida una bella versión de la Habanera de la ópera Carmen. Enseguida el maestro Estrella se hizo cargo del escenario, para interpretar un magnífico Preludio de Chopin y “Luna tucumana”, que invitó a cantar al público como coro improvisado.

La celebración siguió en el espacio central del edificio José Hernández con la banda “Mano a Mano” y el ya tradicional chocolate y la torta con velitas.

En estas dos primeras décadas de vida, la Universidad Nacional de Lanús pasó de tener 639 estudiantes a más de 25.000 y de ser un predio ferroviario abandonado a un campus de 24 hectáreas con 61.154 metros cuadrados de superficie cubierta. Cuando la Universidad recibió el predio, los edificios estaban muy deteriorados y el actual campus era un gran depósito de chatarra. La estructura del ferrocarril se conservó porque la prioridad fue preservar el patrimonio histórico y cultural bajo los criterios de recuperación de lo que se pudiera salvar y el reciclaje de lo que ya no se podía usar, y se parquizó el predio para que lo use no solo la comunidad universitaria, sino también los vecinos que concurren a actividades sociales y culturales e incluso disfrutan del verde y el aire libre los fines de semana. Por el campus de 29 de Septiembre hoy circulan chicos, jóvenes y adultos mayores, la mayoría de los cuales concurren a estudiar pero que también se acercan a disfrutar de los juegos, deportes, cine, radioteatro, ajedrez, muestras de arte y conciertos de la orquesta. El que había sido uno de los talleres del Ferrocarril más grandes y activos de la Argentina, para entonces privatizado y devastado, alojaría así a cientos de hijos de sus obreros, orgullosa primera generación de universitarios que con el tiempo iría confirmando el compromiso de la UNLa con la comunidad, con el país y con la región.

En pleno año 2017, fiel a sus valores constitutivos, nuestra universidad sigue haciendo frente a los molinos de viento y formando a los argentinos del país que vendrá. Como decía el texto fundacional, “Quijotanía es esa Patria que tenemos adentro”.

 

 

 

Hacer Comentario