La Patria no consiste en el tiempo limitado de nuestras vidas. Nos prolongamos en nuestros hijos como en nuestras obras. En consecuencia, aspiramos a proporcionar a las generaciones de mañana una vida más plena. Más fuerte en el respeto de sus derechos. Más feliz en el cumplimiento de sus deberes.

Juan Domingo Perón

 

Del acontecimiento al Modelo de Estado

En el mes en que en Argentina la vida florece, veía la luz, a partir del acto fundacional del 17 de octubre de 1945, un movimiento surgido de las entrañas del pueblo argentino que reclamaba la presencia del Gral. Juan Domingo Perón.

En línea con las definiciones del concepto “acontecimiento” desarrollado por los filósofos Deleuze .G y Guattari, afirmamos que como hecho iniciático, la irrupción masiva de la clase obrera en la Plaza de Mayo, investida de una inusitada fuerza política, no es un evento, producto de un simple devenir, de una evolución; por el contrario es el acontecimiento que rompe la lógica hegemónica, subvierte el sistema de creencias.

El peronismo pasa a erigirse como un parte aguas en la historia argentina, marcando un antes y un después, provocando una perturbación para los sectores poseedores, aperturando un conjunto de hechos disruptivos que, sin dudas, tuvieron una amplísima repercusión política y que aún hoy portan el sello de lo controversial, en tanto producen la dicotomización del espacio político, con un protagonismo popular de alta intensidad.

Lo  popular alude a la plebe, no tiene “gens” pues no desciende del patriciado: es lo bastardo, pero por su condición de tal, adquiere magnitud, relevancia, por lo que es denostado desde las elites. Y eso representa el peronismo que venerado, temido u odiado a partir de 1945 se extiende rizomáticamente, ocupando la principalidad del escenario político en representación del pueblo, entendiendo por  este que…” no se trata de masa, de una simple multitud de átomos, de simples grupos fragmentados, sino de un sujeto, de una totalidad, que no implica la anulación de individuos y grupos sino su articulación en un proyecto común…” (Dri, R, 2002).

Las figuras y el accionar de dos líderes carismáticos, Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón son claves en la construcción del movimiento popular: reivindican el papel del Estado como constructor de la Patria, de la idea de una nación socialmente justa, económicamente independiente y políticamente soberana.

El peronismo transcurrió en el marco del ethos epocal de surgimiento del Estado de Bienestar, su conductor sostuvo desde sus inicios la ubicación del movimiento en la Tercera Posición, tanto en el plano nacional como internacional en procura de una mejor resolución de la cuestión social, y la armonización de la relación capital-trabajo.

El modelo implementado procuró disciplinar al mercado, incrementar el consumo y la producción interna, subordinar la economía a la política, instalando la centralidad de esta última como instrumento de transformación, desde acciones de fuerte penetración en la vida cotidiana de los ciudadanos.

La acción política desarrollada desde el aparato estatal fue de alta visibilidad, arrolladora por su vastedad y campos de actuación, instituyente en términos de normativas, de efectivización de mejores condiciones de trabajo, ampliación de ciudadanía política y social. Los discursos, acción política y gestión gubernamental implementados por el peronismo crearon nuevos sentidos, construyeron nuevas subjetividades, nuevos sujetos políticos y reactivaron la utopía.

El peronismo definió como su columna vertebral a la clase trabajadora, se ancló en el corazón de los que menos tenían y de aquellos con sensibilidad social para adherirse a su causa, cambiando  las representaciones sociales sobre el trabajo incorpora al sujeto trabajador -con dignidad por su condición de  tal-, con derechos y con derecho a tener derechos. Fueron tiempos en que la prepotencia de los pobres, construidos como en otras etapas de la historia nacional como los “bárbaros”, desplazó a la cortés amabilidad de los ricos; en que se pasó del disciplinamiento y la represión de la oligarquía hacia los pobres a la organización y movilización permanente de estos ante las transformaciones conquistadas y a conquistar.

Construyó como sus antagonistas a los vendepatria, la oligarquía terrateniente, el imperialismo, en el marco de un proyecto político que postulaba la solidaridad social como valor y que expresaba un ideario participativo e igualitario en el marco de un proceso democrático.

Sus aportes a la previsión, la seguridad social y a la ciudadanía social constituyen el objetivo de este artículo.

 

De la pobreza de leyes sociales a la riqueza de seguridad y previsión social

Si hay un rasgo que caracteriza al ser humano es su contingencia: tal como señalara Martin Heidegger, “el dasein” (ser) no tiene certezas excepto la de su futura muerte, por lo cual la contingencia y los riesgos atraviesan no solo las vidas personales sino también la vida societal. A su vez, para este filósofo, el cuidado significa la conciencia del ser en la existencia en un continuum tiempo-espacio.

En el marco de las situaciones de contingencia, los pobres y quienes dependen exclusivamente de su trabajo como medio de sustentarse, poseen menos capital material y social para afrontar las contingencias sociales.

Ante ello el peronismo procura distintas formas de dar cuidado y protección.

Si bien desde 1905 existían normativas vinculadas a la cuestión social tales como las de descanso dominical, trabajo de niños y mujeres, accidentes del trabajo, inembargabilidad de los salarios, jornada laboral, entre otros, tal como señalara Eva Perón (1948): ….” La pobreza de leyes sociales caracterizó nuestro pasado inmediato. Las pocas que existían no tenían más vida ni realidad que la del papel donde fueron impresas… Los trabajadores, en su totalidad, tenían ante sí una sola senda: la que llevaba fatalmente a la ancianidad desvalida…”[2].

Con respecto al trabajo, Perón puso en vigencia y sancionó  leyes laborales y sindicales, creó el fuero laboral, aseguró la libre conformación de sindicatos, con unidad de representación por rama de servicios o de industria, con miras a evitar la dispersión, y a constituirlos en un arma poderosa en pos de lograr una mejor defensa de los intereses colectivos (Ley 23.852/45). Creó condiciones de protección a sus ciudadanos, fundamentalmente a las clases más desposeídas de bienes materiales. La ciudadanía en abstracto fue interpelada a sabiendas que el punto de partida para alcanzar la supuesta “igualdad de oportunidades” que posibilitan el acceso a bienes, servicios y derechos, es diferenciado.

Todo proceso de democratización, supone la adquisición, la conquista, la expansión, la universalización, la profundización de derechos y está asociado a la capacidad de la sociedad y de la clase política para ampliar la participación ciudadana. La incorporación y el reconocimiento de derechos señala que el pueblo prestó apoyo, asintió y concedió poder al aparato institucional en un país, para hacerlos efectivos (Arendt, H., 2005).

Por ende la intervención del Estado, mediando y normatizando para fortalecer protecciones hacia los privados de derecho inviste carácter nodal.

Perón, al momento de su designación como Secretario de Trabajo y Previsión Social (1943) enfatizó … “se inicia la Era de la Justicia Social en la Argentina…”, por lo cual sancionó prontamente el Estatuto del Peón de Campo (decreto 28.169/44) que rompía con las condiciones de “trabajo esclavo” predominantes en los establecimientos agrícola-ganaderos de los sectores ubicados en la cúspide de la pirámide social, asegurando un mínimo salarial, descanso diario y dominical, alojamiento, alimentación, asistencia médica, vacaciones y estabilidad laboral (ratificado durante su primera Presidencia por Ley 12291/46).

Y produjo el pasaje de la seguridad patrimonial centrada en la tenencia de bienes personales, a la seguridad social, en tanto incorporó previsión, protección y seguridad social.

La seguridad social, incluye un conjunto de normas jurídicas y políticas públicas que regulan la protección de las denominadas contingencias sociales, como enfermedades, la vejez, la desocupación, enfermedades profesionales, y accidentes de trabajo, prestaciones por invalidez, asignaciones familiares por maternidad, nacimiento de hijos, etc. Se brinda a través de servicios o recursos dinerarios. Sobre estas cuestiones así como sobre “vivienda obrera”, “sueldo anual complementario”, “la mutualidad sindical”, “las escuelas sindicales”, “la ley de creación de la justicia del trabajo”, “las reglamentaciones de las condiciones del trabajo y del descanso”, “las proveedurías sindicales”, legisló y gestionó el peronismoç
Amerita destacar que la  instalación de la seguridad social en Argentina fue plasmada con antelación a la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) que en sus artículos 22 y 25 refiere expresamente a estos temas.

En el marco de la seguridad social, la previsión social consiste en las disposiciones normativas y organismos que brindan cobertura mediante el sistema contributivo en el que coopera el propio interesado, tal el caso del régimen jubilatorio. Perón crea la Caja de Comercio, por Ley 31665/45, la de Personal Aeronavegantes por Decreto N° 6395/46, la Caja de la Industria/Ley 13937/1946, la Caja del Servicio Doméstico Decreto 326/1955, la Caja Rural Decreto 1411/1955, la Caja Independientes Profesionales y Empresarios Ley 14397/55. Ello produce un incremento sustantivo de la afiliación de la población económicamente activa que se incrementa de 7% en 1944, a la casi totalidad de la misma hacia 1955 (Cafiero, A., 2008).

Si bien la seguridad social en el peronismo aparece fundamentalmente asociada al trabajo, la Constitución de 1949, redactada por el constitucionalista Arturo Sampay, da cuenta de una nueva institucionalidad, acorde a los propósitos del bloque hegemónico: coloca explícitamente como eje central “la irrevocable decisión de constituir una Nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana”, promover “el bienestar general” y “la cultura nacional” (Preámbulo). Ratifica el carácter solidario de una política centrada en los derechos del trabajador, protege a este de las consecuencias que puedan traer la pérdida temporal o permanente del salario e incorpora derechos sociales vinculados a la educación y la cultura. En su art 37 incluye a los derechos de la familia, los niños y los derechos de la ancianidad, extendiendo el cumplimiento de obligaciones de protección de la familia al Estado, en caso de eventualidad o situación de desamparo que prive de los medios de procurarse el sustento.

Los derechos de la ancianidad, destinados a que ”…ningún ciudadano al caer en la vejez o en la invalidez se vea privado de los elementos pecuarios precisos para atender a su subsistencia. Y esas necesidades vitales de subsistencia son idénticas para el magnate latifundista que para el peón de campo…”[3] merecen un acápite aparte. La protección implementada contemplaba derecho a la asistencia, a la vivienda, a la alimentación, al vestido, al cuidado de la salud física y moral, al esparcimiento, al trabajo, a la tranquilidad. Creaba condiciones para incrementar la autonomía de los adultos mayores, a sabiendas que quien dispone de la misma, paralelamente confiere mayor autonomía a quienes lo rodean.

Las labores desarrolladas por Eva Perón desde su Fundación, completaron y complementaron las acciones en materia de seguridad y protección social, contribuyeron a profundizarlas y a su vez dieron cobertura a necesidades más residuales, evitando de este modo el surgimiento de conflictividad y desigualdades.

 

El peronismo dejó una “pesada herencia…”

Como movimiento político hizo emerger una nueva identidad social, construyendo poder popular. El liberalismo y los golpes militares que se sucedieron en Argentina, no pudieron borrarlo de la memoria colectiva, pese a las proscripciones y a la represión que utilizaron.

Sin dudas y como señalara John William Cooke, el peronismo se constituyó en “el hecho maldito del país burgués”. Rompió con la exclusión política a la que estaban sometidas las mujeres, a través de la sanción de la ley que habilitó el voto femenino, la creación del Partido Peronista Femenino y logrando que las mujeres ocuparan escaños parlamentarios, ampliando así la ciudadanía política. Instaló en la agenda de lo público a las desigualdades naturalizadas e invisibilizadas, y enalteció a los menospreciados (los grasitas, los descamisados), asignándoles el carácter de motor y símbolo del movimiento. Favoreció el acceso de los sectores más postergados a viviendas sociales, sistema de salud, educación, turismo social, producción cultural, impulsando idearios participativos e incluyentes. La gestión dio claras señales del esfuerzo realizado por achicar la brecha entre un orden jurídico político fundado sobre el reconocimiento de los derechos naturales y civiles de los ciudadanos, y las fuerzas económicas que generaban desigualdad e injusticia social.

Si se acuerda en que la historia es el pasado del presente, es posible afirmar que en esos tiempos en que el Estado brillaba por presencia, ese peronismo, que inclinó el fiel de la balanza hacia los valores IGUALDAD y SOLIDARIDAD como  pivotes de su acción gubernamental, avanzó sobre las prácticas del capitalismo, sistema en permanente metamorfosis que hoy desnuda descaradamente su perversidad.

 

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………

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[1] El título de este documento replica una frase pronunciada por Juan Domingo Perón, Secretario de Trabajo y Previsión. 28/7/1944.

[2] PERÓN, Eva. (1948). Ayuda social, sí; limosna, no. Diario Democracia, 28-7-1948, en Eva Perón. Clases y escritos completos. 1946-1952. Artes Gráficas Piscis. Bs. As. 2004

[3] Doctrina Revolucionaria.

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María Cristina Melano es Prof. Titular Regular Plenaria Universidad de Buenos Aires. Prof. Titular Regular UNLa (en uso de licencia sin goce de sueldo)

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