Santiago Maldonado desapareció el 1º de agosto de 2017, tras la violenta represión de Gendarmería Nacional en la Lof en resistencia Cushamen, en la provincia de Chubut. Estuvo desaparecido 78 días. Su cuerpo sin vida fue encontrado el 17 de octubre en el río Chubut, 400 metros río arriba de donde había sido visto por última vez. Durante aquellos 78 días su hermano Sergio Maldonado y su cuñada Andrea Antico asumieron la búsqueda y la lucha por la aparición con vida de Santiago Maldonado, acompañados por su familia y por una parte importante de la sociedad, conmovida y preocupada por un hecho de esta magnitud ocurrido en democracia; lucha que luego del 17 de octubre se convirtió en la exigencia de que la Justicia, el Gobierno y las fuerzas de seguridad actúen para esclarecer lo acontecido aquel 1º de agosto en el Pu Lof Cushamen, para saber qué sucedió durante y después del operativo que tuvo como consecuencia la desaparición y muerte de Santiago.

De estas y de algunas otras cuestiones charlamos con Sergio Maldonado, días después de que la Universidad Nacional de Lanús inaugurara en el campus de Remedios de Escalada la plaza que lleva el nombre de su hermano.

 

-¿En qué está la causa de Santiago?

-Hay un ciudadano chileno que es un testigo, Nicasio Luna: ya se libró el exhorto a Chile y estamos esperando, hay que ver cuándo va a poder declarar. Por otro lado, hace unos días el juez a cargo desestimó el pedido del Gobierno que quería que se cambiara la carátula de “Desaparición forzada”; junto con esto, también lo apuran para que se cierre el Hábeas corpus. Gendarmería nunca asumió que se tratara de una desaparición forzada: en todos los pedidos que hacían a la Justicia la carátula decía algo así como “NN persona extraviada”; sin embargo, para el juez sigue siendo “Desaparición forzada”.

Tanto mi teléfono como el de algunas otras personas había sido intervenido por pedido del juez Otranto, lo cual es gravísimo, y lo más reciente es que se confirmó que el juez Lleral pidió la nulidad de este accionar: en suma, en ese momento, en vez de investigar a los gendarmes o pedir intervenciones de celulares como el de Pablo Noceti, se investigaba a las víctimas, que éramos nosotros. A principios del mes de junio nos presentamos en la Cámara de Comodoro Rivadavia por las escuchas ilegales de las cuales se pidió la nulidad y destrucción, y en Rawson, por el pedido de Recusación de la fiscal Silvina Ávila y de su secretaria Rafaela Ricono, esposa del juez Otranto.

 

Según la Convención Internacional de Naciones Unidas para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas, una desaparición forzada es “el arresto, la detención, el secuestro o cualquier otra forma de privación de libertad que sean obra de agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúan con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la persona desaparecida, sustrayéndola a la protección de la ley”.

 

 

-¿Cómo pensás que van a seguir las cosas?

-Hay que seguir esperando, son pasos más cortos. La Justicia se toma su tiempo y las condiciones no son las óptimas. Fijate que a los jueces que quieren contradecir lo que dice el Gobierno los apartan: uno de los que están con vacaciones ahora -que no sé si se retira o no- es Irurzun, que me tomó la declaración en la causa de espionaje. Este Gobierno está interfiriendo en lo que es la Justicia. Para ellos tienen su propia justicia. Y después tenés dichos como los de la ministra de Seguridad refiriéndose a Santiago, cuando dijo, con respecto a la situación económica, “Con el caso Maldonado me machacaron 78 días y la bancamos, ahora hay que bancar”. Con gente a la que no le importa nada de todo, mucho no se puede avanzar.

 

-Aparece también el problema de la vigencia de las noticias, y cómo se van reemplazando unas a otras de acuerdo con las políticas de los medios. Y en esto es fundamental seguir recordando, ¿no?

-Sí, porque fijate que todo esto que nos pasó mientras buscábamos a Santiago y mientras pedíamos la aparición con vida, en esos 78 días, durante las 24 horas el tema era noticia de tapa en todos los diarios y los noticieros. Y creo que eso también lo utilizó este Gobierno para hacer otras cosas: ahora se ve cómo es la deuda que contrajeron, cómo está todo socialmente, cómo intercede en la Justicia todo el tiempo. “A la Gendarmería la necesito”, decía la ministra Bullrich, y ahora se ve que a la Gendarmería la necesitaba porque necesitaba esa fuerza de choque para evitar el tema social en la calle. Con la pérdida de empleo, las intervenciones en organismos que se fueron deformando, y otras cosas, no sucede solo lo de Santiago: pero me parece que ahí se detona algo que se les va de las manos, también impulsado por ellos.

 

-Es notable hasta qué punto gran parte de la sociedad tomó a Santiago como un hermano más, como un hijo, como alguien cercano.

-Yo eso no lo podía notar en ese momento, sobre todo el año pasado. Pero sí lo empecé a notar por ejemplo el 1º de abril pasado, cuando hicimos una marcha en Mar del Plata a 8 meses de su desaparición. Yo dije ahí, y desde entonces lo sigo repitiendo, que la causa de Santiago ya no es solo de nuestra familia: el 1º de abril pude darme cuenta de que todos los que participaban en la marcha se lo habían tomado como algo propio, y que si por ahí mañana no salgo a reclamar, o mi familia no reclama, tampoco haría falta, porque está toda la gente que tomó esto como algo propio, como si Santiago fuera un hijo, un primo, un hermano; que sintió que le podría haber pasado a alguien de su entorno. Quizás había un vacío para ocupar de alguien que fue y se puso al hombro una causa, que creyó que algo era una injusticia y por eso salió, y tal vez por ahí se vuelve a los treinta mil desaparecidos. Algunos se identifican con Santiago por su forma de ser, y otros con nosotros porque somos quienes lo buscamos. Los primeros que nos acompañaron fueron gente relacionada con las desapariciones durante la dictadura: las Madres, las Abuelas, son las primeras que salieron porque sintieron como si otra vez les estuvieran arrebatando un hijo. También los chicos y las chicas de HIJOS: muchos eran chicos y no pudieron salir a pedir por sus hermanos, entonces, por lo que muchos me dijeron, se pusieron en mi lugar y se identificaron conmigo. Cuando fuimos con Andrea a la Universidad de Lanús, el 26 de marzo pasado –un día inolvidable por la emoción y por todo lo que significó estar ahí-, estaban los HIJOS de Lomas de Zamora, que me entregaron una bandera. Esto que vos decís es algo que vamos palpando todo el tiempo.

 

“Santiago era un defensor de la Tierra. Todas sus causas estaban relacionadas con eso, qué mejor que se lo recuerde en una plaza y sobre todo en una universidad que me parece un ejemplo”.

 

-Cuando se inauguró la plaza Santiago Maldonado en la UNLa había también muchísimos estudiantes, muy conmovidos, con muchas ganas de acercarse a ustedes.

-Eso sí, porque las universidades, los docentes, empezaron a tocar temas que parecían prohibidos. Las dos jornadas que hicieron a fines de agosto por la causa de Santiago marcaron un antes y un después en la educación. Fijate en los mensajes que salieron de esos días, en aquello de “hay treinta mil padres que se oponen”, cómo asociaban esta causa a otra época nefasta de la Argentina. Esto pasa no solo en la universidad y en los centros de estudiantes, sino también con los chicos de la escuela primaria. Algunos se involucran en marchas, o en lugares adonde van con los padres que seguramente influyen en este tipo de educación, pero otros me veían en un aeropuerto u otro lugar y venían a preguntarme cómo estaba, si extrañaba a Santiago, cosas que por ahí los grandes no te preguntan. Bueno, esas cosas las generaron en las escuelas.

 

-Más allá de la reacción ante la inactividad de la justicia, en el caso de Santiago se juegan muchas cosas afectivas a nivel social, incluso en gente que acuerda con el actual Gobierno. Quizás ese sea un buen terreno para seguir conservando la memoria de lo que pasó.

-Lo que nosotros entendemos es que no estamos solos, que en el momento en que se necesita salir, sale la gente a respaldarnos. Ayer cuando me levanté, Nacho Levy, de “La garganta poderosa”, me había mandado fotos y un audio de las oficinas que hay adentro del Congreso español –adonde fue invitado por Podemos-, donde había fotos de Santiago. O los chicos de “Las manos de Filippi”, que son amigos y están de gira, me mandaron el lunes pasado unas fotos que sacaron en Barcelona el fin de semana, de un bar donde estaban las fotos de Santiago y de Rafael Nahuel[1]; les pregunté de quién era el bar y me dijeron “creo que de Manu Chao”. Es decir, no era un bar de un argentino. En realidad a veces no sé si esto es bueno o es malo. Me acuerdo que a los pocos días de estar buscando a Santiago, mi viejo me decía que no quería ver su cara, que era como verlo muerto, porque supuestamente cuando ves una bandera con la cara de alguien es porque ya no está. Ahora me acuerdo y digo mirá cómo son las cosas, porque eso que empezó como la búsqueda de una persona termina siendo algo que trasciende todo.

 

-Se convierte en símbolo.

-Sí, confieso que no sé a veces cómo tomarlo. Cuando Santiago se metía en una causa o empezaba a tener interés después hacía un mural, entonces hay varios murales que reflejan las luchas por las que él había transitado. Él iba y se metía, no decía “bueno, habría que hacer tal o cual cosa”. Yo mismo hago mea culpa, uno se mete en Facebook, pone me gusta o no me gusta, o se enoja, y es una forma de canalizar, pero no vamos a la acción, a ponerle el cuerpo. Yo lo admiro en eso a Santiago: no se quedó con lo que hablamos muchos, sino que se fue a meter.

 

-¿Sabés cuál es la situación en el sur, en la comunidad?

-No, en realidad no tenemos relación con ellos. Lo último que hubo, creo, fue que los absolvieron en una causa que tenían por un corte de ruta anterior. No era por la usurpación del lugar, era una causa que les había iniciado Benetton en marzo de 2015. Ahora, lo gracioso es que en un momento dicen “los mapuche son terroristas, son lo peor que hay”, y después… El 28 de febrero pasado, cuando hicieron un juicio en Bariloche, no dejaron entrar a nadie; hicieron el juicio en un gimnasio todo vallado, con helicóptero, cascos, todas esas cosas con que se denigra a las personas. Y cuando ves la foto de esta absolución, fue en una sala chiquita, donde están todos juntos. Entonces, cómo es: un día sos peligroso y otro día sos una carmelita descalza. Eso tampoco sale en los medios, es como esas “sensaciones de país”, cuando de pronto las noticias son sobre salideras bancarias, inseguridad, asesinatos, robos a jubilados, y de repente cambia, de modo que un día hay todo eso, y otro día, no. Así es como los grandes medios te van acomodando y te van haciendo pensar lo que quieren que pienses. No tu relato.

 

-¿Cómo piensan seguir la lucha?

-A veces paramos de accionar porque es una cuestión de salud. Hay que saber ir regulando un poco. Ahora estoy pensando en hacer una marcha el 1º o el 2 de junio, porque ya van a hacer 10 meses de la desaparición de Santiago y hay que salir a la calle porque es donde ellos –me refiero a este Gobierno- no están: ellos están en las redes sociales que es donde atacan, donde desprestigian, pero no se movilizan en la calle, así que ese espacio no hay que perderlo, hay que seguir ahí. Lo que entendemos es que tampoco hay que desgastar a la gente saliendo todo el tiempo. Al menos con el caso de Santiago. La última marcha que nosotros convocamos el año pasado fue la del 1º de noviembre, queríamos que se esclareciera la situación porque había aparecido el cuerpo y era todo una farsa lo que había pasado. Después preferimos esperar y volver a hacer una marcha el 1º de abril de este año.

El Gobierno está cada vez más acorralado, está haciendo estragos en un montón de cosas, y es bueno recordar y ponerle un freno: porque empezó con Santiago, siguió con Rafael Nahuel, con Facundo[2], con Matías[3], con otro chico que pasó muy desapercibido en Entre Ríos antes de fin de año, a quien mató un policía porque le dijo que le iba a disparar y él le dijo “bueno, tirame”, y el policía le tiró. Y no pasó nada. Es lo poco que se va conociendo, porque en los barrios y en las villas y en los sectores más marginados matan un pibe como si fuera una mosca. Hay que seguir pidiendo por todo esto. A veces parece que nos quedamos con Santiago solo y que no miramos la realidad y todo lo que va pasando. No es que antes de lo de Santiago viviéramos en un tupper y que dijéramos, por ejemplo “no hay desaparecidos”, no, para nada. Pero hay casi cinco mil chicos víctimas de gatillo fácil, no con este ataque que sufrimos nosotros, este ensañamiento por salir a reclamar, porque en los demás casos por ahí no tuvieron la posibilidad de salir a pedir justicia. Entonces para el Gobierno era más sencillo. Me acuerdo de los chicos de la murga en la villa que agarraron a tiros, o de que desaparece un submarino con 44 personas y no pasa nada. Debe de ser que a nosotros nos pegan porque salimos como salió también parte de la sociedad, y se generó todo esto, y se hizo un reclamo más grande.

 

 

“Mi mamá está bien, dentro de lo que se puede. Es como lo que dicen las Madres de Plaza de Mayo: que los hijos las volvieron a parir a ellas. Mi vieja está ahora convencida de un montón de cosas, y era una persona totalmente ajena a todo. Ahora participa, toma sus decisiones, se informa sobre un montón de temas que antes nada que ver. El año pasado no, el año pasado era un ente, no podía salir. Había aparecido el cuerpo de Santiago pero cuando fuimos a ver al Papa a ella le dolía la muela: en realidad no había ido al dentista porque estaba esperando a Santiago para que la acompañara”.

 

[1] El 25 de noviembre de 2017, el mismo día que la familia Maldonado enterraba a su hijo en la provincia de Buenos Aires, Rafael Nahuel, un joven de Bariloche, fue muerto en el operativo de represión de la comunidad Lafken Winkul Mapu por parte de la Prefectura Naval.

 

[2] Facundo Ferreira fue muerto por una bala policial en la nuca el 8 de marzo de 2018, luego de un supuesto enfrentamiento en “El Bajo” de la ciudad de San Miguel de Tucumán.

[3] Matías Rodríguez, de 16 años, fue baleado por un policía fuera de servicio en el barrio de Flores el miércoles 25 de abril de 2018; falleció pocas horas después en el hospital Piñero.

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