Convivimos en un escenario mundial marcado por la fragmentación y el desorden, donde predominan la inestabilidad, la inseguridad internacional, la incertidumbre y las injusticias sociales. La reconfiguración de bloques, grupos económicos y comerciales, junto con el surgimiento de nuevas alianzas militares, exhibe la intensidad de la actual disputa de poder global. El profesor e investigador Juan Gabriel Tokatlián define este contexto como un orden no hegemónico, es decir, “estado actual de la organización del mundo, en el cual no hay ningún país, ni coalición de países, con capacidad de hegemonía universal y plena. Al no existir un país ordenador, como lo fueron los Estados Unidos de América desde el colapso de la Unión Soviética, el resultado es un sistema mundial fragmentado, cargado de fricciones y desencuentros”[1].

Son tiempos atravesados por inestabilidades derivadas de crisis interconectadas que impactan directamente en la vida cotidiana de millones de personas. Entre ellas, la crisis climática ha cobrado una centralidad ineludible por sus efectos concatenantes. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM) de la ONU y la NASA del gobierno de los Estados Unidos, el año 2024[2] fue el más caluroso de la historia. Este alarmante récord se suma a una tendencia de diez años consecutivos de incremento de las temperaturas, con consecuencias sociales y económicas de enorme magnitud.

Los informes de Naciones Unidas[3] son contundentes: mientras aumentan las sequías, las tormentas se vuelven más intensas; los océanos suben de nivel y se recalientan; especies terrestres y marinas desaparecen; se agrava la escasez de alimentos, provocando desnutrición y hambre en los sectores más vulnerables; se incrementan los riesgos sanitarios y, en paralelo, crecen la pobreza y los desplazamientos forzados de personas. Para dimensionar esta realidad, los estudios realizados para los Objetivos de Desarrollo Sostenible[4] informan que más de 600 millones de personas carecen de acceso a energía eléctrica, más de 2.000 millones dependen de combustibles contaminantes para cocinar, 735 millones sufren hambre crónica, 2.400 millones enfrentan inseguridad alimentaria, 2.200 millones no tienen acceso a agua potable, 3.500 millones carecen de un saneamiento seguro y 653 millones no cuentan siquiera con instalaciones básicas para lavarse las manos.

Estas crisis no solo afectan la vida de las personas, sino también al comercio internacional, los mercados laborales, los precios de los bienes y servicios, a la vez que profundizan disputas y tensiones que escalan en conflictos de distinta intensidad.

En este escenario, la inseguridad global se manifiesta en tensiones permanentes, conflictos armados y un gasto militar en ascenso. Las disputas por territorios (terrestres, marítimos y espaciales), recursos naturales, minerales estratégicos, rutas de comunicación e incluso el espacio exterior, se entrelazan con la feroz competencia tecnológica y comercial. De acuerdo con estudios especializados como el Uppsala Conflict Data Program (UCDP)[5], en 2024 se registró un récord de 61 conflictos armados de distinta intensidad en los que participó al menos un Estado. Según el Departamento de Mantenimiento de Paz de Naciones Unidas[6], actualmente hay 11 misiones desplegadas en el mundo, de las cuales aproximadamente el 80% del personal militar se encuentra en África, continente con 54 países reconocidos y cerca de 1.400 millones de habitantes.

A su vez, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR)[7] estima que hasta 2023 unas 114 millones de personas se vieron forzosamente desplazadas por la guerra, la violencia y la persecución.

El gasto militar acompaña este escenario. Desde 2014 muestra un crecimiento sostenido: según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI)[8], en 2023 ascendió a unos 2,4 billones de dólares (6,8% más que en 2022) y alcanzó aproximadamente 2,7 billones en 2024[9]. Nada indica, sin embargo, que a mayor gasto corresponda mayor seguridad. De hecho, Naciones Unidas[10] ha advertido que hoy se gasta más en guerras que en paz. Es alarmante que el gasto militar de 2024 equivalga a 334 dólares por cada uno de los 8.000 millones de habitantes del planeta.

En paralelo, la concentración de la riqueza en pocas manos profundiza la brecha entre países ricos y pobres, debilita las garantías de paz y multiplica la inseguridad. Se trata de un fenómeno complejo, resultado de múltiples factores que exceden el alcance de este trabajo. No obstante, vale la pena subrayar —como lo hace Juan Gabriel Tokatlián en Consejos no solicitados sobre política internacional— que la dinámica actual de ascenso y descenso de poderes se combina con la creciente centralidad de actores estatales y no estatales, en particular grandes empresas y sus dueños. Tokatlián[11] cita el Informe sobre los ultra ricos 2023, según el cual existen en el mundo unos 395.000 individuos con una fortuna conjunta de 45 billones de dólares, frente a una riqueza mundial total de 454 billones. Esto significa que apenas el 0,0049% de la humanidad concentra el 9,9% de la riqueza global.

Por su parte, OXFAM International[12] advierte que los países ricos del Norte Global poseen el 69% de la riqueza mundial y concentran el 74% de las fortunas de los ultra millonarios. Además, señala que la fortuna de los cinco hombres más ricos del planeta se duplicó desde el año 2020. De mantenerse esta tendencia, el mundo verá al primer billonario dentro de una década, mientras que la erradicación de la pobreza, al ritmo actual, demoraría 229 años.

Finalmente, los constantes cambios y la ausencia de un orden global estable refuerzan la sensación de que convivimos con la incertidumbre como característica permanente de nuestro tiempo. Lo impredecible se ha vuelto norma y parece naturalizarse en la vida cotidiana. Si preguntáramos a los lectores de Viento Sur si se sorprenderían si mañana irrumpiera una tercera guerra mundial, probablemente responderían que “no”. Pero también, si se les preguntara si les sorprendería que esa guerra nunca ocurra, la respuesta volvería a ser “no”.

En este escenario se inserta América Latina, que no es ajena a los múltiples desafíos que impone el mundo actual y que, como toda región, combina virtudes y dificultades. Se distingue por una tradición política y diplomática sustentada en el diálogo y en el respeto al derecho internacional como vía para encauzar las diferencias y tensiones entre países. Con orgullo podemos afirmar que la región está libre de conflictos armados interestatales y no posee armas de destrucción masiva. Tampoco es un dato menor que, hasta hoy, 17 latinoamericanos hayan sido reconocidos con el Premio Nobel por sus aportes en diversas disciplinas.

La región posee una extraordinaria riqueza en recursos estratégicos de creciente demanda global. Entre ellos destacan los minerales críticos, como el litio: Argentina, Bolivia y Chile concentran cerca del 60% de las reservas mundiales de este recurso clave para la transición energética y la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. América Latina es también el principal pulmón verde del planeta y alberga la mayor biodiversidad del mundo. Sus mares y océanos, Atlántico y Pacífico, resultan de enorme relevancia por sus recursos pesqueros, hidrocarburíferos y minerales. Se estima que el Atlántico Sur alberga la mayor reserva ictícola y de biodiversidad marina a nivel mundial, y que sus reservas petroleras superan incluso a las del Mar del Norte.

Sus acuíferos resguardan volúmenes significativos de agua dulce, un bien vital para la vida humana. Además, sus capacidades para la producción de alimentos y derivados son competitivas, abundantes y cada vez más necesarias para la seguridad alimentaria global. En suma, el mundo demanda mucho de lo que la región ofrece.

Dos de sus países, Argentina y Chile, cuentan con la mayor proyección geográfica hacia la Antártida, el cuarto continente más grande del mundo en superficie. Este territorio, reconocido por la comunidad internacional como un espacio destinado a la paz, la cooperación y la investigación científica, posee una relevancia estratégica indiscutible. Además de su valor ambiental y científico, la Antártida es rica en recursos naturales —como hierro, carbón e hidrocarburos— y concentra alrededor del 70% de las reservas de agua dulce del planeta.

América Latina cuenta con una población cercana a los 663 millones de personas, alrededor del 8,2% de la población mundial y se caracteriza por un alto grado de urbanización: el 81% de sus habitantes vive en ciudades[13]. Algunos de los desafíos estructurales de la región, que inciden de manera directa en la vida cotidiana de sus pueblos, son de igual magnitud que sus virtudes y potencialidades.

La desigualdad social continúa siendo uno de los problemas estructurales más graves de la región. Según el Banco Mundial, América Latina es la zona con la concentración de capital más extrema del planeta, lo que la convierte en una de las más desiguales e inequitativas. Un estudio de Latinobarómetro[14] de 2023 muestra que solo el 48% de la población latinoamericana apoya los sistemas democráticos, lo que representa una caída de 15 puntos respecto al 63% registrado en 2010. ¿Por qué menos latinoamericanos creen en la democracia?

A esta situación se suma otro dato alarmante: es la región más violenta del mundo. Tokatlián[15] recuerda que, con apenas el 8,2% de la población global, aquí se produce casi la mitad de los homicidios internacionales. La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en su informe 2023, señala que mientras la tasa promedio de homicidios a escala mundial es de 5,8 por cada 100.000 habitantes, en América Latina asciende a 25. Además, mientras que a nivel global el crimen organizado es responsable del 20% de los homicidios, en la región esa cifra alcanza el 50%.

Por otro lado, países de América Latina siguen siendo víctimas de enclaves coloniales. Argentina es uno de ellos, ya que una potencia extranjera, el Reino Unido de Gran Bretaña, ocupa ilegal e ilegítimamente desde 1833 las Islas Malvinas, Sandwich, Georgias del Sur y sus espacios marítimos. La recuperación legítima del ejercicio de soberanía será posible con la colaboración regional, la comunidad internacional y la persistencia de la política exterior.

La falta de interconexión de infraestructuras físicas que faciliten una mayor conectividad, logística e integración económica constituye otro desafío relevante. Pero, por sobre todo, persiste un profundo desafío de raíz política: somos una gran nación fragmentada y desarticulada, y por ello seguimos siendo un territorio disputado por intereses ajenos a los latinoamericanos. Esta desunión y desorganización debilita nuestra voz y gravitación en el escenario internacional, con consecuencias directas en la calidad de vida de nuestros pueblos.

Urge trabajar por un nuevo espíritu integrador. América Latina es una región rica en recursos. Las ideas, los mecanismos y los instrumentos existen; el desafío inmediato es ponerlos en práctica y cumplir la palabra. La integración es la respuesta más contundente frente a los desafíos que impone el mundo actual. Por ello, la reflexión de Jorge Abelardo Ramos que somos un país porque no pudimos integrar una nación, y fuimos argentinos porque fracasamos en ser latinoamericanos nos convoca a pensar y actuar en función de lo que viene.


[1] Tokatlian, Juan Gabriel. Consejos no solicitados sobre política internacional. Editorial Siglo XXI. 2024. Pg. 248.

[2] Ver:
https://climate.nasa.gov/en-espanol/signos-vitales/temperatura-global/?intent=111#:~:text=En%20general%2C%20la%20Tierra%20era,son%20los%20m%C3%A1s%20c%C3%A1lidos%20registrados.

[3] https://www.un.org/es/climatechange/science/causes-effects-climate-change

[4]  https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/

[5] https://www.escenariomundial.com/2025/06/16/nuevo-informe-advierte-que-2024-marco-el-mayor-numero-de-guerras-y-ataques-a-civiles-desde-1946/

[6] https://peacekeeping.un.org/es/what-is-peacekeeping#:~:text=Los%20objetivos%20de%20las%20actuales,las%20necesidades%20emergentes%20del%20futuro.

[7] https://news.un.org/es/story/2023/10/1525222#:~:text=La%20Agencia%20de%20la%20ONU%20para%20los,los%20114%20millones%20a%20finales%20de%20septiembre.

[8] https://www.sipri.org/media/press-release/2024/global-military-spending-surges-amid-war-rising-tensions-and-insecurity

[9] https://www.sipri.org/media/press-release/2025/unprecedented-rise-global-military-expenditure-european-and-middle-east-spending-surges

[10] https://news.un.org/es/story/2025/09/1540413#:~:text=El%20gasto%20militar%20global%20alcanz%C3%B3,gasto%20militar%2C%20a%C3%B1adi%C3%B3%20Ant%C3%B3nio%20Guterres.

[11] Tokatlian, Juan Gabriel. Consejos no solicitados sobre política internacional. Editorial Siglo XXI. 2024. Pg. 23.

[12] https://www.oxfam.org/es/notas-prensa/la-riqueza-de-los-cinco-hombres-mas-ricos-se-ha-duplicado-mientras-que-casi-5-mil

[13] Para más información sobre el tema ver: https://www.un.org/es/desa/2018-world-urbanization-prospects#:~:text=Actualmente%2C%20las%20%C3%A1reas%20m%C3%A1s%20urbanizadas,y%20el%20Caribe:%2081%20%25.

[14] Asinelli, Christian. Claves para el Desarrollo de  América Latina y el Caribe. Ediciones B. 2025.
Pg. 30.

[15] Tokatlian, Juan Gabriel. Consejos no solicitados sobre política internacional. Editorial Siglo XXI. 2024. Pgs. 47/48.

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