Hace algunos días publicamos una nota comentando el cierre de la Dirección de Investigación en Salud del Ministerio de Salud de la Nación. Desafortunadamente, esta nota registra otra baja en la misma área: el cierre del Instituto Nacional del Cáncer, creado por ley en el año 2010. “Soy médica de formación, trabajé muchos años como pediatra y luego me formé en epidemiología en Brasil —nos dice Gisel Fattore, ex coordinadora del Sistema de Vigilancia Epidemiológica y Reporte del Cáncer del Instituto Nacional del Cáncer (INC)—. Yo estaba coordinando el área que produce información sobre cáncer a nivel nacional”.
¿Qué es el Instituto Nacional del Cáncer, cuál es su función?
El Instituto es un órgano rector en lo que tiene que ver con las políticas del cáncer a nivel nacional. Lleva adelante varios programas de prevención, además de otras dos líneas muy fuertes que son las de capacitación e investigación. También marca los lineamientos de investigación que financia el Instituto, tanto a becarios como asistencias financieras a proyectos más largos, de equipos de investigación: ahí el INC tiene una presencia fuerte al establecer lineamientos que no pasan por la industria farmacéutica. Financia investigaciones epidemiológicas y traslacionales, por ejemplo, y es un organismo referente en la producción de información sobre cáncer en el país. El Instituto maneja básicamente tres programas de prevención: de cáncer de colon rectal, de cervicouterino y de mama, para los cuales establece cómo prevenirlos, con qué métodos, con qué intervalos: en suma, el tamizaje de la población, lo cual significa que hay personas que por la edad requieren hacerse algún tipo de estudio para detectar el cáncer de manera precoz, de modo de tener una mejor sobrevida o, incluso, curarse.
¿Qué es la “línea de navegación”?
En una forma de acompañamiento. Mediante esta línea, promovida desde el Instituto, se financia a personas “navegadoras” cuya función es seguir la trayectoria del paciente con cáncer y están pendientes de que llegue a la consulta, realice los estudios y los retire, además de tratar de destrabar la obtención de turnos, o dar un resultado: en suma, mejoran el proceso de atención. Por ahí son personas que viven en zonas rurales o alejadas, o que por condiciones socioeconómicas o por la razón que sea, no se presentan a las consultas, y esa demora perjudica el tratamiento. A algunos de estos “navegadores” los financian las provincias, pero a muchos los financia el INC que promovió la estrategia desde sus comienzos.
¿Hay un registro centralizado de personas con cáncer?
Sí. Esto se logra también a través de los programas, que además de ofrecer un sistema de carga online de los resultados de los estudios y los tratamientos, permiten hacer un seguimiento a partir de los análisis, estudios y aun resultados de biopsias registrados en el sistema. En el país todos tenemos sistemas de información muy fragmentados, al igual que el sistema de salud. El hecho de tener sistemas como el registro del cáncer —en el cual trabajé— o los registros de tamizaje, ayuda mucho a que la información pueda ser usada por provincias que no tienen recursos, lo cual es súper importante. O sea, algunas jurisdicciones van a usar el registro más que otras porque quizás puedan generar sus propios sistemas, pero las provincias que son pobres no pueden hacerlo, y son las que tienen peores estadísticas: tienen una mortalidad mayor, peores resultados, y también acceden menos a información útil para poder mejorar esos resultados. Al haber una socialización de estos sistemas, la información puede ser distribuida de manera más equitativa para disminuir las desigualdades provinciales en el acceso a la misma.

¿Cuándo fue el cierre? ¿Cómo se los comunicaron?
El Instituto viene siendo desfinanciado desde los últimos años por razones de público conocimiento. No se podía contratar gente, teníamos dificultades para comprar los insumos. Pero lo puntual fue a partir de enero de este año, cuando un comunicado anunció que iban a despedir a 60 personas del Instituto Nacional del Cáncer, así como también de otros organismos dependientes del Ministerio de Salud de la Nación. El 31 de enero se nos informó por teléfono —a algunos ni siquiera se les avisó en ese momento, sino después— que estábamos sin trabajo. Como la resolución no estaba firmada, fuimos a trabajar durante todo el mes de febrero tratando de sostener el espacio de trabajo.
¿Cuánta gente trabaja en el Instituto?
Éramos alrededor de 180 personas, de las cuales despidieron a 60, un tercio de la planta. Además, no hay ninguna garantía de que estas personas que siguen trabajando vayan a seguir estando realmente contratadas porque el Instituto fue disuelto, no existe más. Por el momento no hay definida un área que se vaya a encargar de los mismos trabajos. No sé tampoco cómo piensan sostenerlo: el INC era un organismo con un presupuesto propio, que tenía una dirección que le daba una misión, una razón de ser y que marcaba un rumbo. Son muchas las desventajas y muchos los problemas que esta cuestión puede acarrear.
¿Cuál pensás que sería el mayor problema de no tener un Instituto del Cáncer?
Yo entiendo que es un retroceso en todo lo que tiene que ver con las políticas del cáncer, que es la segunda causa de muerte en el país. Hay más de 130.000 casos que se producen anualmente en población adulta, con una heterogeneidad enorme en términos de cómo se distribuye la mortalidad. Hay provincias que tienen mortalidad más alta: en las provincias del norte la mortalidad es alta por cáncer de cuello uterino, que es una enfermedad de la pobreza. El nuestro es un país muy desigual. Entonces, la razón de ser del Instituto de alguna manera tiene que ver con tratar de disminuir esas brechas y con que el acceso a la prevención y a la atención sea más igualitario; que vos puedas identificar cuáles son las áreas que necesitan más recursos, porque las provincias con mayores recursos tienen otra capacidad para responder a la demanda de atención. Y también tiene su impacto en términos de producción de conocimiento científico, porque como ya dije, las líneas que financia el Instituto son líneas de investigación poblacionales, no líneas de la industria farmacéutica. Del mismo modo se financia también a equipos de investigación que se están iniciando, que a lo mejor no tienen todavía la capacidad de aplicar a becas o financiamiento externos, y de esa manera pueden producir conocimiento local, formarse en la epidemiología del cáncer, en la investigación. Todo eso se va a perder porque no va a estar el Instituto, no va a estar esa presencia rectora.
Antes de que existiera el Instituto, ¿qué área se ocupaba de esto, o nadie se ocupaba del tema cáncer?
En realidad, antes de que existiera el INC había programas como el de prevención de cáncer de cuello uterino, el cual dependía del Ministerio. Y era el único. Aparte estaba el registro de oncopediatría que no dependía del Ministerio, sino que había sido creado por una ONG. Pero todas las otras líneas no existían.
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