{"id":1770,"date":"2018-04-04T12:18:29","date_gmt":"2018-04-04T15:18:29","guid":{"rendered":"http:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/?p=1770"},"modified":"2018-04-04T12:18:29","modified_gmt":"2018-04-04T15:18:29","slug":"la-fraternidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/index.php\/la-fraternidad\/","title":{"rendered":"La fraternidad"},"content":{"rendered":"<p>Julio Saquero entra a la cocina, corre un poco la mesa, aparta una silla y espera a que llegue Arturo Paoli, que acaba de salir de su habitaci\u00f3n y camina tan r\u00e1pido como le permiten sus cien a\u00f1os. Para llegar a la cocina Arturo atraviesa una sala apenas iluminada por la luz que se filtra entre los postigos de madera, que tapan el sol difuso de una tarde nublada y le dan un halo de misterio, o de santidad, al retrato pintado de Carlos de Foucauld que cuelga sobre la chimenea. Una luz parecida, como un aura, va a rodear la cabeza de Arturo cuando se siente en la silla que le prepar\u00f3 Julio, una silla que est\u00e1 justo debajo de la ventana que da a la ruta ondulada de San Martino in Vignale, en la Toscana italiana. Julio se reserv\u00f3 la cabecera de la mesa, no para presidir sino para obturar la puerta, coloc\u00e1ndose \u00e9l mismo como una traba humana para evitar intromisiones. Entre la mesa y la mesada se interponen algunos obst\u00e1culos que Julio no puede obturar: una c\u00e1mara de cine, un camar\u00f3grafo, una productora y un realizador que pretenden hacer un documental sobre la experiencia de los Hermanitos del Evangelio de Carlos de Foucauld en el desierto de Suriyaco, en La Rioja, en los a\u00f1os 70. Por el momento Arturo habla poco, durante un siglo predic\u00f3 en varios idiomas latinos en diferentes partes del mundo y ahora espera. Extra\u00f1o esperar cuando parece que ya no hay tiempo. Pero Arturo no piensa as\u00ed, para \u00e9l ahora hay m\u00e1s que tiempo que nunca. A un paso de la eternidad.<\/p>\n<p>Sin embargo, la espera, o algo que se le parece, la contemplaci\u00f3n, es algo que Arturo aprendi\u00f3 hace muchos a\u00f1os en el desierto argelino, cuando hizo su noviciado para entrar a la fraternidad. Esa experiencia, que emula la vida del explorador franc\u00e9s Carlos de Foucauld junto a los \u00e1rabes y los Tuareg del Sahara, fue la que repitieron Arturo, Julio y m\u00e1s de una veintena de hermanitos en el desierto de la provincia de La Rioja, y es lo que quieren contar los cineastas en su pel\u00edcula. Julio espera menos. O, mejor dicho, no tiene la paciencia de Arturo. \u00c9l tambi\u00e9n estuvo en el Sahara, aunque menos tiempo, y fue protagonista de las vivencias de Suriyaco. Es uruguayo. Julio y Arturo esperan que los cineastas terminen de colocarles los micr\u00f3fonos para poder empezar a hablar \u201cen serio\u201d. Mientras tanto cuentan an\u00e9cdotas que, deben de pensar, no tienen importancia. Los cineastas, profesionales, empezaron a grabar sin avisarles y saborean el momento en que Arturo r\u00ede como un chico y se lleva las manos a la cabeza con una alegr\u00eda que no le hab\u00edan visto hasta ahora. Es que Julio le hizo acordar el momento en que el obispo Enrique Angelelli, que poco despu\u00e9s iba a ser asesinado por la dictadura c\u00edvico-militar, les consigui\u00f3 una pieza para dormir en lo que ellos siguen llamando \u00abla casa de las ni\u00f1as\u00bb, dos ancianas cat\u00f3licas apost\u00f3licas y romanas preocupadas por el que dir\u00edan si met\u00edan hombres en su casa. La carcajada de Arturo resuena fuerte -dentro de su mesura- cuando Julio le recuerda lo que les dijo el obispo: \u00abestos no son hombres, se\u00f1oras, son curas\u00bb.<\/p>\n<p>La productora les hace se\u00f1as de que ya est\u00e1n grabando, y Arturo, que fue consultor de Paulo VI y \u00e9l mismo pudo haber sido Papa, que pas\u00f3 media vida entre los pobres de Am\u00e9rica Latina, que figur\u00f3 en el primer lugar de la lista de los m\u00e1s buscados por la triple A de L\u00f3pez Rega, que public\u00f3 m\u00e1s de cincuenta libros y construy\u00f3 la visi\u00f3n pol\u00edtica de la Teolog\u00eda de la Liberaci\u00f3n\u2026 Arturo mira al equipo de filmaci\u00f3n con una expresi\u00f3n de bondad (\u00bfde compasi\u00f3n?) nada curiosa y ausente de toda vanidad. Unas horas antes, durante el desayuno, cont\u00f3 que nunca en su vida hab\u00eda tenido un aparato fotogr\u00e1fico y record\u00f3 que alguna vez escribi\u00f3 sobre la banalidad de la imagen. Dijo, si recuerdo bien, que a los turistas que sacan fotos frente a las pir\u00e1mides o a la torre Eiffel no les interesa ver, porque ver es una fuerza que est\u00e1 adentro. Un cristiano iconoclasta. Arturo es un predicador, su vida est\u00e1 signada por la palabra, pero por una palabra que es acci\u00f3n, que es, como insiste en subrayar todo el tiempo, eminentemente pol\u00edtica. Si leyera estas l\u00edneas, sin embargo, es probable que quisiera corregir \u00abpredicador\u00bb por \u00abevangelizador\u00bb, porque su discurso fundamental, el que repite y el que est\u00e1 en uno de sus libros m\u00e1s influyentes, <em>La perspectiva pol\u00edtica de San Lucas<\/em>, es que el Evangelio es pol\u00edtico, \u00abintr\u00ednsecamente pol\u00edtico\u00bb. Y para Arturo, evidentemente, la palabra tiene un valor supremo, la fuerza de una metralla de esas que nunca empu\u00f1\u00f3 pero que le adjudicaron m\u00e1s de una vez. Tanto valor tiene que en la sala principal de esta casa hay un enorme grabado en madera con una inscripci\u00f3n de Carlos de Foucauld m\u00e1s que elocuente: \u00abLos misioneros evitar\u00e1n las conversaciones largas y ociosas. Las conversaciones privadas son muy \u00fatiles (\u2026) solo en una conversaci\u00f3n sin testigos puede nacer el afecto, la fe que permite llegar a aquella liberaci\u00f3n que conscientemente o no el hu\u00e9sped buscaba\u00bb. Los cineastas la leyeron y decidieron hablar poco, necesitan ser testigos de las conversaciones entre Julio y Arturo y vulneran a conciencia la privacidad de sus protagonistas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Suriyaco<\/strong><\/p>\n<p>El v\u00ednculo entre ellos empez\u00f3 a consolidarse hace m\u00e1s de 40 a\u00f1os, cuando Julio fue el primero en levantar la mano para acompa\u00f1ar a Arturo a construir la fraternidad de Suriyaco. Conviene aclarar que cuando se habla de \u00abconstruir\u00bb y de \u00abfraternidad\u00bb no hay que imaginar un monasterio con iglesia y cripta medievales sino un peque\u00f1o rancho de adobe, un viejo molino semiderruido y una capilla improvisada con piedras amontonadas en delicado equilibrio. As\u00ed lo describen Julio y Arturo, sobre todo cuando recuerdan que el ba\u00f1o que una vez le ofrecieron a una dama caritativa de la burgues\u00eda porte\u00f1a era una lata de cacao, pero de las grandes. Eso es pura an\u00e9cdota, apenas un gesto de complicidad de Julio con los cineastas, a quienes respeta pero supone \u00e1vidos de peque\u00f1as distensiones. La conversaci\u00f3n seria comienza espont\u00e1neamente, sin el cl\u00e1sico llamado a la acci\u00f3n que lanzan los directores de cine.<\/p>\n<p>Y no podr\u00eda decir que la acci\u00f3n de la que son parte Julio y Arturo en este momento tenga menos valor que aquella que centr\u00f3 el debate de los Hermanitos entre los cactus y los pobres de La Rioja. O de Fort\u00edn Olmos, o de Villa Soldati, o de los barrios marginales de Caracas. Tampoco me animar\u00eda a decir que esta acci\u00f3n es menos pol\u00edtica. No lo har\u00edan Julio y Arturo. Por el contrario, hablan con una pasi\u00f3n que imagino es la misma que sosten\u00edan en el debate de Suriyaco, cuando discut\u00edan si deb\u00edan o no participar activamente de una acci\u00f3n pol\u00edtica, y hasta revolucionaria. Hay diferencias, desde luego. Esta conversaci\u00f3n se da en la cocina confortable de una casa que nadie quiere quemar, rodeada por vi\u00f1edos y olivares pr\u00f3speros en los que trabajan campesinos del primer mundo un poco menos explotados que los de Am\u00e9rica Latina. El otro debate, el de Suriyaco, se dio en un rancho de adobe que los \u00abcruzados de la fe\u00bb liderados por Amado Menem, hermano de Carlos -otrora gobernador y luego presidente-, incendiaron con furia sat\u00e1nica y grandes bidones de nafta. Los vi\u00f1edos y olivares que rodeaban ese rancho, en los que los Hermanitos trabajaban en las mismas condiciones infrahumanas que los campesinos riojanos, eran similares a estos de la Toscana, aunque vieron correr m\u00e1s sangre. Justo es decirlo, tambi\u00e9n hubo sangre en esta parte del primer mundo, y mucha. El mismo Arturo cita como hito fundacional de su vocaci\u00f3n religiosa una matanza de socialistas que los camisas negras perpetraron en la plaza San Miguel, en el centro de Lucca, en 1920. Arturo hab\u00eda cumplido 8 a\u00f1os catorce d\u00edas antes. Pasaron m\u00e1s de noventa a\u00f1os y la imagen de los hombres muertos frente al palacio Pretorio todav\u00eda lo conmueve. O al menos es lo que intuyo del movimiento de sus manos, siempre firmes y serenas, salvo cuando recuerda. \u00abEl sufrimiento y a\u00fan la muerte son parte de la vida, nos golpean cuando menos lo esperamos, pero desde aqu\u00ed se inicia nuestra responsabilidad de elegir c\u00f3mo habitar el mundo\u00bb, me hab\u00eda dicho el d\u00eda anterior en una entrevista a solas. Tambi\u00e9n son diferentes estos Julio y Arturo de los de Suriyaco. De estos puede decirse que son sobrevivientes. Aquellos, en cambio, es probable que se imaginaran como m\u00e1rtires, renunciando incluso hasta al exilio. Porque Julio y Arturo, como la mayor\u00eda de los Hermanitos que vivieron en la Argentina entre 1959 y 1977, se negaban al privilegio del exilio del que no gozaban los obreros, campesinos o barrenderos con los que trabajaban en las mismas f\u00e1bricas, en los mismos campos y barriendo las mismas calles. Si se exiliaron fue porque o no los dejaron volver de una reuni\u00f3n en Venezuela, como en el caso de Arturo, o porque los asesinatos de Marcos Cirio y Nelio Rougier, las prisiones que sufri\u00f3 Enrique de Solan, las torturas a F\u00e1tima Cabrera y Patricio Rice o las desapariciones de Pablo Gazzarri, Carlos Bustos y Mauricio Silva les alcanzaron para comprender que eran m\u00e1s \u00fatiles vivos, como en el caso de Julio.<\/p>\n<p>Sentados en una casa varias veces centenaria de San Martino in Vignale, estos sobrevivientes evocan a Marcos Cirio, uno de los m\u00e1s enf\u00e1ticos en la visi\u00f3n pol\u00edtica del Evangelio, asesinado a los 18 a\u00f1os mientras combat\u00eda para el Ej\u00e9rcito Revolucionario del Pueblo, o al sacerdote uruguayo Mauricio Silva, dirigente del sindicato de los barrenderos municipales de la ciudad de Buenos Aires hasta que se lo llevaron en un Ford verde en Terrero y Magari\u00f1o Cervantes, en el barrio de La Paternal, y apenas los evocan espesan el aire de la cocina con la consigna clara de \u00abamorizar el mundo\u00bb, un discurso que Arturo reelabora a partir del pensador jud\u00edo Emanuel Levin\u00e1s y que cobra sentido si y solo si se entiende por amorizar el reconocimiento del otro. \u00abDespu\u00e9s de estar en un campo de concentraci\u00f3n Levin\u00e1s comprendi\u00f3, en una conferencia de apenas seis p\u00e1ginas que dio en Par\u00eds, que Cristo conden\u00f3 el poder con la autodestrucci\u00f3n de s\u00ed, descendiendo a donde nadie lleg\u00f3. El reino de Dios es terreno, as\u00ed en la Tierra, as\u00ed en la Tierra, as\u00ed en la Tierra como en el cielo. No se puede condenar el poder con las palabras. \u00bfSe puede prescindir de la pol\u00edtica? No se puede\u00bb. Porque para Arturo la palabra tiene valor, pero tiene que hablar con el cuerpo. Y Arturo habla claro, lo dice en un italiano que incluso quien no lo sepa puede comprenderlo perfectamente, como seguramente lo comprendieron los perseguidos jud\u00edos a los que escondi\u00f3 y por los cuales el Estado de Israel le dio su mayor condecoraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Varias veces, muchas, a lo largo de esta semana en la casa Beato de Foucauld voy a escuchar que el Evangelio es pol\u00edtico. Y cada una de esas veces voy a ver que el anciano de cien a\u00f1os apenas encorvado sonr\u00ede sin re\u00edr, como si la expresi\u00f3n se dibujara afuera del rostro, y se inflama. Esa es la palabra que elige Arturo para describir el estado al que pasa cuando repite que la pol\u00edtica es necesaria, que el reino de Dios est\u00e1 sobre la Tierra y no en el cielo, que Jes\u00fas puso el cuerpo y no solo la intenci\u00f3n. \u00abMe inflamo\u00bb, dice, y el aire arde y religiosos o no los que escuchamos y vemos con atenci\u00f3n sentimos que nos iluminamos un poco. Arturo es de esos seres que hacen que los dem\u00e1s se sientan un poco m\u00e1s buenos, como por contagio. Julio, que tambi\u00e9n es bueno, es un mediador, un veh\u00edculo que lleva a la historia de los Hermanitos con una precisi\u00f3n que Arturo ya no tiene, o elige no tener. Quiz\u00e1s por eso Julio haya pasado parte de su vida traduciendo la obra de Arturo, desde los d\u00edas en que amanec\u00edan con la visi\u00f3n del Famatina nevado de La Rioja hasta su actual retiro en una chacra arbolada de El Hoyo de Epuy\u00e9n, en la Patagonia argentina<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. Y aunque ahora haya devenido en una suerte de conductor del documental, el motivo original del viaje de Julio a Italia es la presentaci\u00f3n de la biograf\u00eda que escribi\u00f3 Silvia Pettiti, la directora del centro de documentaci\u00f3n Arturo Paoli, un amplio espacio blanco en el centro de Lucca en donde se archivan libros, fotos y manuscritos de este hombre al que muchos consideran un profeta y veneran como a un santo. Lo de profeta parece acertado. La consigna de esta conversaci\u00f3n era la evocaci\u00f3n de la experiencia de Suriyaco, pero Arturo tiene la mirada puesta en el presente y, de ese modo, en el futuro. Julio, como buen conductor, intenta llevarlo una y otra vez hacia el recuerdo. Pero Arturo prefiere indignarse por el avance de la derecha italiana o comentar un libro de casi mil p\u00e1ginas de un tal Suave, cuyo pensamiento, al parecer, es todo menos liviano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La <em>passeggiata<\/em><\/strong><\/p>\n<p>En un momento Julio comprende, mira a los cineastas y se levanta la sesi\u00f3n. El equipo est\u00e1 contento, parece haber conseguido lo que buscaba y se cree listo para un descanso, pero Arturo acaba de invitar a Julio a su habitual <em>passeggiata<\/em> por las colinas toscanas y nadie quiere perderse la escena. El director imagina la secuencia: dos conceptos fuertes del di\u00e1logo entre Julio y Arturo. Corte. Arturo camina por el medio de la ruta arrastrando un andador de dos ruedas, detr\u00e1s lo sigue Julio, en absoluto silencio, con la prohibici\u00f3n expresa de dirigirle la palabra. En eso Arturo fue claro, la caminata de una hora que hace todos los d\u00edas es un momento imperturbable de meditaci\u00f3n, o rezo. Es un acto lit\u00fargico, como la misa que da los domingos en la Iglesia de su casa (literalmente: la casa Beato de Foucauld es parte de la peque\u00f1a Iglesia de San Martino in Vignale, a la que se puede acceder desde adentro por una escalera que sigue la topograf\u00eda de la colina y baja angosta y empinada), o la de los martes, que da en una capillita anexa, o la de los jueves, que da en una gran iglesia de Lucca, o las oraciones que comparte todas las ma\u00f1anas con vecinos y convidados frente a la larga mesa de madera que ocupa la sala principal de esta casa. Tan religioso como el tiempo que le dedica diariamente a la lectura y a la escritura, una gimnasia intelectual que le permite, ya con un siglo, seguir publicando libros que pol\u00edticos y cl\u00e9rigos leen con atenci\u00f3n y con pulsi\u00f3n de censura.<\/p>\n<p>El cielo de San Martino in Vignale sigue nublado. Arturo baja despacio los tres escalones del frente de su casa, toma el andador que le alcanza Saverio, un hu\u00e9sped que conoce hace solo dos d\u00edas y que ya es amigo entra\u00f1able, y se lanza a la ruta. Detr\u00e1s lo sigue Julio con un paraguas en la mano, mientras hace se\u00f1as a los autos para que no atropellen al profeta.<\/p>\n<p>Arturo hace este mismo recorrido todas las tardes desde hace diez a\u00f1os, siempre por el medio de la ruta, una autov\u00eda de doble mano con curvas cerradas, subidas, bajadas y barrancos que hace m\u00e1s corto el camino hacia la legendaria Lucca, la \u00fanica ciudad medieval de Europa que conserva el muro perimetral completo. O al menos eso cre\u00ed entender. \u00ab<em>La mura, la mura<\/em>\u00ab, exclaman todos apenas baj\u00e1s del tren, como para que no te pierdas el mayor atractivo de la ciudad, adem\u00e1s de Arturo, claro, a quien los autos esquivan milagrosamente. Algo de santo debe de tener.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Nota: Arturo Paoli falleci\u00f3 el 13 de julio de 2015, cuando ten\u00eda 102 a\u00f1os.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div class=\"su-box su-box-style-default\" id=\"\" style=\"border-color:#000000;border-radius:3px;\"><div class=\"su-box-title\" style=\"background-color:#333333;color:#FFFFFF;border-top-left-radius:1px;border-top-right-radius:1px\">T\u00edtulo de caja<\/div><div class=\"su-box-content su-u-clearfix su-u-trim\" style=\"border-bottom-left-radius:1px;border-bottom-right-radius:1px\">La fraternidad del desierto narra el debate que el grupo religioso Hermanitos del Evangelio de Charles de Foucauld sosten\u00eda en el desierto de La Rioja hace 40 a\u00f1os: participar o no de la acci\u00f3n pol\u00edtica y revolucionaria. Amigos del obispo Enrique Angelelli, los integrantes de la fraternidad eran curas obreros y religiosos laicos que vivieron y militaron en el pa\u00eds entre 1959 y 1977, cuando el sacerdote barrendero Mauricio Silva fue secuestrado y desaparecido. Rodada en la Argentina, Francia, Italia y Venezuela, La fraternidad del desierto es una producci\u00f3n de Ahorita Nom\u00e1s (http:\/\/www.ahoritanomas.com.ar), con el apoyo de Untrefmedia (http:\/\/untrefmedia.com), MComunicaciones de Venezuela y el INCAA. Tras una serie de presentaciones en Italia, Francia y Alemania, y luego del preestreno en La Rioja y Bariloche, La fraternidad del desierto se estren\u00f3 oficialmente en Buenos Aires el 23 de noviembre de 2017. Actualmente contin\u00faa su gira por el resto del pa\u00eds y puede verse por tiempo limitado en la plataforma Cine.ar. <\/div><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Ning\u00fan retiro. Julio es miembro de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y, junto con su compa\u00f1era, Mabel S\u00e1nchez, fue quien present\u00f3 la primera denuncia por la desaparici\u00f3n de Santiago Maldonado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8212;<\/p>\n<p>Por Iair Kon<br \/>\nEscritor y documentalista \/ Director de \u201cLa fraternidad del desierto\u201d (2017) y de la serie \u201cIglesia Latinoamericana: la opci\u00f3n por los pobres\u201d (2014).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Julio Saquero entra a la cocina, corre un poco la mesa, aparta una silla y espera a que llegue Arturo Paoli, que acaba de salir de su habitaci\u00f3n y camina tan r\u00e1pido como le permiten sus cien a\u00f1os. 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