{"id":1929,"date":"2018-11-05T13:49:22","date_gmt":"2018-11-05T16:49:22","guid":{"rendered":"http:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/?p=1929"},"modified":"2018-11-06T15:30:48","modified_gmt":"2018-11-06T18:30:48","slug":"frankenstein-y-mary-shelley","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/index.php\/frankenstein-y-mary-shelley\/","title":{"rendered":"Frankenstein y Mary Shelley"},"content":{"rendered":"<p><strong>Poder leer<\/strong><\/p>\n<p>Aprovechamos los aniversarios para hacernos preguntas que en otros momentos parecen irrelevantes. Puede tratarse de un tema personal o profesional, puede tener que ver con algo sentimental o ideol\u00f3gico aquello que se pone de relieve a prop\u00f3sito de una fecha conmemorativa. Aprovechamos que este a\u00f1o se cumplen 200 a\u00f1os de la primera edici\u00f3n de <em>Frankenstein o el Prometeo moderno<\/em> -la novela de Mary Shelley publicada (an\u00f3nimamente) en Londres- para preguntarnos \u00bfpor qu\u00e9 seguimos leyendo esta novela? \u00bfqu\u00e9 hay all\u00ed que nos resulta tan fascinante? \u00bfqu\u00e9 novedades encontramos en ella hoy? \u00bfen qu\u00e9 consiste la actualidad de este texto?<\/p>\n<p>Este punto de partida recuerda La pregunta que Harold Bloom se hace al comienzo de su famoso escrito <em>El canon Occidental<\/em>: \u201c\u00bfQu\u00e9 debe intentar leer el individuo que todav\u00eda desea leer en este momento de la historia?\u201d.\u00a0 La respuesta, como sabemos, es una lista de 26 autores \u201cimprescindibles\u201d. Sucede que no debemos leer cualquier cosa porque no disponemos de vida suficiente. Somos mortales y nuestro tiempo de lectura es limitado. Uno pasa mil penurias leyendo puesto que el solo hecho de leer nos recuerda (o nos deber\u00eda recordar) nuestra propia muerte.<\/p>\n<p>Este deber ser de la lectura nos interesa menos que el poder leer. Por eso, nuestro punto de partida es ligeramente diferente del de Bloom. Nosotros nos preguntamos \u00bfqu\u00e9 obras, qu\u00e9 textos, qu\u00e9 escritos pueden a\u00fan leerse? Nuestro objetivo no es otro que indagar acerca del poder de la lectura, ese poder que hace de la novela de Shelley una obra a\u00fan abierta a nuestros m\u00e1s recientes sufrimientos, como una fuerza ancestral que con encanto premonitorio y espectral nos habla del futuro y de la epistemolog\u00eda feminista.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>El legado<\/strong><\/p>\n<p>Adem\u00e1s de encontrar en <em>Frankenstein <\/em>elementos comunes al resto de la literatura feminista del siglo XIX -detalles cotidianos, di\u00e1logos con empat\u00eda, personajes femeninos que asumen un rol compasivo y afectivo- el escrito se alimenta con la fuerza de un legado. La iron\u00eda y la cr\u00edtica, r\u00e1pidamente perceptibles en el texto de Shelley; su posici\u00f3n ideol\u00f3gica, sus especulaciones te\u00f3ricas, son parte de la herencia simb\u00f3lica que Mary recibe de sus padres, dos c\u00e9lebres referentes de la ilustraci\u00f3n inglesa. As\u00ed lo explica ella misma en la Introducci\u00f3n que escribi\u00f3 para la segunda edici\u00f3n de la novela, en 1831: \u201c\u00bfC\u00f3mo es que yo, por entonces una joven muchacha, pude concebir y desarrollar una idea tan repulsiva? No es raro que, siendo hija de dos personas de distinguida fama literaria, haya pensado en escribir muy tempranamente\u201d (Shelley, 2006: 263).<\/p>\n<p>Mary Wollstonecraft, la madre, fue una escritora e intelectual de izquierda. En 1792 escribi\u00f3 <em>Vindicaci\u00f3n de los derechos de la mujer<\/em>, obra en la que discute la educaci\u00f3n que reciben las mujeres. \u201cAs\u00ed pues, me aventurar\u00e9 a afirmar que hasta que no se eduque a las mujeres de modo m\u00e1s racional, el progreso de la virtud humana y el perfeccionamiento del conocimiento recibir\u00e1n frenos continuos\u201d, dice Wollstonecraft en este texto inicial del pensamiento feminista.<\/p>\n<p>William Godwin, el padre, intelectual y anarquista, escribi\u00f3 <em>Investigaci\u00f3n acerca de la justicia pol\u00edtica y su influencia en la virtud y la dicha generales <\/em>en 1793, escrito en el que -entre otras cuestiones- discute sobre la igualdad y las formas de gobierno. Se trata de una obra de filosof\u00eda pol\u00edtica fundamental para los j\u00f3venes rom\u00e1nticos, determinante en el v\u00ednculo que la joven Mary entablar\u00e1 con el poeta Percy Shelley.<\/p>\n<p>En <em>El a\u00f1o del verano que nunca lleg\u00f3<\/em>, William Ospina reconstruye el linaje intelectual de Mary: \u201cEl mundo en que creci\u00f3 era, con todo, de esplendor intelectual. Pocas ni\u00f1as de su edad pod\u00edan decir que hab\u00edan estado en brazos de Blake y de Wordsworth (\u2026) Las grandes proclamas de la anarqu\u00eda y del feminismo se hab\u00edan escrito en su casa antes de que ella naciera y ella hered\u00f3 toda esa audacia prometeica y esa furia volc\u00e1nica, las lavas y los magmas del esp\u00edritu que engendrar\u00edan una nueva edad\u201d (Ospina, 2015 :120).<\/p>\n<p>Armada con estos antecedentes, Mary se instala en 1816 en Villa Diodati, un bello refugio aristocr\u00e1tico cerca de Ginebra. Hab\u00eda llegado all\u00ed, junto a Percy Shelley y su hermana Claire Clairmont, para visitar a Byron. Planeaban quedarse un d\u00eda, pero el mal tiempo los retuvo. El clima se hizo siniestro, llov\u00eda permanentemente, el cielo estaba oscuro. As\u00ed que este grupo de j\u00f3venes se aboc\u00f3 a la lectura de <em>Phantasmagoriana<\/em>, un volumen de historias alemanas de fantasmas, traducido al franc\u00e9s. Y luego, como divertimento, se pusieron ellos mismos a escribir historias de fantasmas. La historia que Mary escribi\u00f3 en aquella reuni\u00f3n comenzaba diciendo: \u201cEra una l\u00fagubre noche de noviembre\u2026\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La novela<\/strong><\/p>\n<p><em>Frankenstein<\/em> cuenta la historia de V\u00edctor, un joven miembro de una familia acomodada de Ginebra, educado con ideas progresistas que lo llevan a preguntarse por el principio de la vida, su naturaleza y las posibilidades de dominarlo.<\/p>\n<p>Es la naturaleza humana y su estudio mediante la \u201cfilosof\u00eda natural\u201d el genio que rige el destino de V\u00edctor Frankenstein. En su primera juventud se cruza con un volumen de Cornelio Agripa, autor que le genera un inusitado entusiasmo y curiosidad intelectual. A Agripa se sumar\u00e1n, luego, Paracelso y Alberto Magno, maestros de la episteme propia del siglo XVI, esa combinaci\u00f3n de ciencia, teolog\u00eda, alquimia y semiolog\u00eda que Foucault rescata en \u201cLas cuatro similitudes\u201d, al comienzo de <em>Las palabras y las cosas<\/em>. Para V\u00edctor, la b\u00fasqueda de la piedra filosofal y el elixir de la vida son actividades que un disc\u00edpulo de Alberto Magno en el siglo XVIII puede combinar con la observaci\u00f3n de fen\u00f3menos naturales como los efectos del vapor. V\u00edctor prefiere a los viejos maestros, a\u00fan cuando los sabe refutados: Agripa y Paracelso buscaban la inmortalidad y el poder, metas in\u00fatiles pero grandes. En cambio, la ambici\u00f3n del investigador moderno consiste en canjear quimeras de ilimitada magnitud por realidades de poca monta, dice. Por eso, el encuentro de V\u00edctor con el profesor Waldman en la Universidad de Ingolstadt ser\u00e1 crucial. Este maestro lo ayuda a conciliar la ciencia antigua y la moderna: \u00e9l le hace saber a Frankenstein que los cient\u00edficos modernos pueden gobernar los rayos del cielo y burlarse del mundo invisible porque parte de ese saber fue allanado por los viejos fil\u00f3sofos naturales. Esta doble filiaci\u00f3n con respecto a la tradici\u00f3n cient\u00edfica permite que Frankenstein se dedique a estudiar qu\u00edmica \u201cmoderna\u201d de manera exclusiva durante dos a\u00f1os; aunque su inter\u00e9s \u00faltimo sigan siendo los secretos insondables de la vida.<\/p>\n<p>Cuando V\u00edctor descubre \u201cla causa de la generaci\u00f3n y de la vida\u201d y el modo de animar materia inerte, decide aplicar este conocimiento en la creaci\u00f3n de un ser humano. Pasa meses recolectando y acondicionando las partes. La tarea es febril y enloquecedora. Consume al cient\u00edfico hasta sus \u00faltimas energ\u00edas y capacidades. Lo esclaviza, lo encierra, lo convierte en un monstruo. Cuando al fin logra su cometido, cuando logra \u201cinfundir una chispa de existencia a la cosa inanimada\u201d que hab\u00eda armado\u2026 comienza el horror. El monstruo que V\u00edctor crea no ofrece, a la vista de los otros, la chispa de vida que lo reanim\u00f3. Sus ojos son opacos, su tez no es radiante, sus labios no tienen el color de la sangre fluyendo. Es materia inerte animada, sin el brillo vital de la naturaleza. Es un monstruo, una creaci\u00f3n abominable. Es un <em>cyborg<\/em>, un producto de laboratorio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Epistemolog\u00eda feminista<\/strong><\/p>\n<p>El t\u00e9rmino <em>cyborg <\/em>es utilizado por primera vez en la d\u00e9cada del \u201960 para referir a un organismo t\u00e9cnicamente suplementado que podr\u00eda vivir en un medio ambiente extraterrestre. Se trataba de una rata a la que se le hab\u00eda implantado una pr\u00f3tesis que arrastraba en forma de rabo cibern\u00e9tico. Donna Haraway toma esta idea y con ella piensa la condici\u00f3n de los individuos hacia fines del siglo XX. En su \u201cManifiesto para cyborgs\u201d escribe: \u201ctodos somos quimeras, h\u00edbridos teorizados y fabricados de m\u00e1quina y organismo; en unas palabras, somos <em>cyborgs<\/em>. El <em>cyborg<\/em> es nuestra ontolog\u00eda, nos otorga nuestra pol\u00edtica. Es una imagen condensada de imaginaci\u00f3n y realidad material, centros ambos que, unidos, estructuran cualquier posibilidad de transformaci\u00f3n hist\u00f3rica\u201d (Haraway, 1991: 254).<\/p>\n<p>Haraway piensa las nuevas tecnolog\u00edas del yo, las nuevas subjetividades inscriptas en la era del tecnobiopoder, en t\u00e9rminos de <em>cyborg<\/em>: se trata de un concepto que circunscribe el campo de batalla en el que se enfrentan distintas tradiciones (la cient\u00edfica, la pol\u00edtica) y sus nociones fundamentales (la naturaleza, la cultura). Cuestionar la categor\u00eda de \u201cnaturaleza\u201d, dar cuenta de la constituci\u00f3n hist\u00f3rica de esa categor\u00eda supone explicitar los procesos culturales, pol\u00edticos y t\u00e9cnicos a trav\u00e9s de los cuales el cuerpo como artefacto adquiere estatuto natural. Pero tambi\u00e9n -y aqu\u00ed hay algo muy poderoso para pensar con respecto a la cuesti\u00f3n del g\u00e9nero-, explicitar el car\u00e1cter construido de la naturaleza nos exige se\u00f1alar el car\u00e1cter de construido de la cultura. En otros t\u00e9rminos, el problema de \u201cnaturalizar la naturaleza\u201d -y con ello a la diferencia sexual, por ejemplo- viene junto con la naturalizaci\u00f3n de la cultura (por ejemplo, la idea de que existe un verdadero \u201csexo psicol\u00f3gico\u201d).<\/p>\n<p>En tanto compuesto de ficci\u00f3n y materialidad, el cyborg nos recuerda que la naturaleza no es \u201cnatural\u201d y que la cultura es tambi\u00e9n una construcci\u00f3n. Pero tambi\u00e9n nos recuerda que por m\u00e1s finisecular que nos parezca esta idea, por m\u00e1s atada que la pensemos al fin del siglo XX, la sintaxis del <em>cyborg<\/em> surge en la literatura feminista de Mary Shelley, a principios del siglo XIX. <em>Frankenstein<\/em> es un antecedente literario y ficcional de los debates que hoy cruzan el campo de la epistemolog\u00eda y el feminismo, un modelo textual para las nuevas investigaciones sobre g\u00e9nero y subjetividad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div class=\"su-box su-box-style-default\" id=\"\" style=\"border-color:#000000;border-radius:3px;\"><div class=\"su-box-title\" style=\"background-color:#333333;color:#FFFFFF;border-top-left-radius:1px;border-top-right-radius:1px\">Bibliograf\u00eda<\/div><div class=\"su-box-content su-u-clearfix su-u-trim\" style=\"border-bottom-left-radius:1px;border-bottom-right-radius:1px\">Bloom, Harold (1995), El canon occidental. Barcelona, Anagrama. Haraway, Donna (1991), Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvenci\u00f3n de la naturaleza. Madrid, C\u00e1tedra. Ospina, William (2015), El varano que nunca lleg\u00f3. Buenos Aires, Random House. Preciado, Paul B. (2017), Testo Yonqui. Sexo, drogas y biopol\u00edtica. Buenos Aires, Paid\u00f3s. Shelley, Mary (2006), Frankenstein. Buenos Aires, Colihue. <\/div><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>Por Mar\u00eda Teresa Garc\u00eda Bravo<br \/>\n<\/em><\/strong><strong><em>Docente investigadora UNLa<\/em><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Poder leer Aprovechamos los aniversarios para hacernos preguntas que en otros momentos parecen irrelevantes. Puede tratarse de un tema personal o profesional, puede tener que ver con algo sentimental o ideol\u00f3gico aquello que se pone de relieve a prop\u00f3sito de una fecha conmemorativa. 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