{"id":3681,"date":"2020-06-25T14:49:53","date_gmt":"2020-06-25T17:49:53","guid":{"rendered":"http:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/?p=3681"},"modified":"2020-06-25T14:49:55","modified_gmt":"2020-06-25T17:49:55","slug":"una-despedida-en-cuarentena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/index.php\/una-despedida-en-cuarentena\/","title":{"rendered":"Una despedida en cuarentena"},"content":{"rendered":"\n<p>Ya ley\u00f3 el mensaje diez veces. Est\u00e1 como clavada al sof\u00e1 del\nliving, en un noveno piso de setenta metros cuadrados llenos de sol, para ella\nsola. El edificio tiene veinticuatro \u201cunidades funcionales\u201d, vive mucha gente,\npero casi no se tratan entre ellos. S\u00f3lo tratan, todos, a Pedro y Mar\u00eda, los \u201cencargados\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelve a leer el mensaje.<\/p>\n\n\n\n<p>Piensa que todav\u00eda deben estar con ella, si es que los dejan.\nO tal vez ya estar\u00e1n de vuelta en su livingdormitoriococina, porque ya no les\npermiten estar con ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Mira desde su ventana del noveno piso el r\u00edo\nall\u00e1 a lo\nlejos, ancho, inmutable.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace dos horas que recibi\u00f3 la noticia, pero no puede moverse.<\/p>\n\n\n\n<p>Baja imaginariamente las escaleras y se detiene frente a la\npuerta de ellos, la obligatoria, hoy infranqueable, puerta de ellos: la entrada\nal \u00fanico ambiente del primer piso del edificio: la porter\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Baj\u00f3 las escaleras muy despacio, no con los pies sino con la\ncabeza, y se fren\u00f3 frente a la puerta negra. No sabe cu\u00e1ntas veces baj\u00f3 ya,\naunque sigue sin moverse del living. Est\u00e1 horrorizada con el mensaje, pero adem\u00e1s\ntiene miedo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfDe qu\u00e9 tiene m\u00e1s miedo? \u00bfDe enfrentarse a Pedro y Mar\u00eda,\na su tragedia, o del contagio?<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta la espanta, por la verdad que encierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedro y Mar\u00eda estuvieron dieciseis d\u00edas\nacompa\u00f1ando\na Anita en un hospital p\u00fablico. Una ma\u00f1ana de la cuarentena,\nAnita se despert\u00f3 con un moret\u00f3n en un hombro. Esa\ntarde su brazo se hinch\u00f3. Al d\u00eda siguiente el dolor era insoportable. La llevaron al\nhospital y qued\u00f3 internada. Se salv\u00f3 de que le cortaran el\nbrazo, porque el c\u00e1ncer no les dio tiempo. Un sarcoma epitelial, fulminante,\nque s\u00f3lo ataca a los j\u00f3venes. Anita ten\u00eda\ncatorce a\u00f1os.\nEra la \u00fanica\nhija de Pedro y Mar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>El celular sobre el sof\u00e1 parece apagado, pero apenas ella\ntoca la pantalla vuelve a leer: <em>Falleci\u00f3 mi princesa, se\u00f1<\/em><em>ora.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Recibi\u00f3 el mensaje hace dos horas, a las dos de la tarde,\ncuando todav\u00eda Anita sonre\u00eda desde la foto del whatsapp de Pedro. Ahora ya no\nest\u00e1 su sonrisa. En su lugar, Pedro ha puesto una cinta negra. Un cresp\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Sigue sentada. Pasa una hora m\u00e1s. Ahora s\u00ed est\u00e1 segura de que\nya han de estar en la porter\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfNo puede ir? No debe.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfNo puede pasar la puerta negra y abrazarlos? No debe.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfNadie podr\u00e1 consolarlos en un abrazo largo? Nadie.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed se lo confirma Pedro, cuando ella se anima a llamarlo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cRecomendaci\u00f3n del hospital, se\u00f1ora. De todos los m\u00e9dicos,\nse\u00f1ora\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Pedro y Mar\u00eda deber\u00e1n estar catorce d\u00edas solos, frente a\nfrente, en su livingdormitoriococina de veinte metros cuadrados. Sin Anita,\npero choc\u00e1ndose con la cama de Anita, con su ropa amontonada, con su mochila,\ncon las zapatillas de Anita.<\/p>\n\n\n\n<p>Marca el n\u00famero del administrador del edificio. Nadie\ncontesta.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace veinte d\u00edas que no fuma. Pero todav\u00eda tiene cigarrillos.\nEnciende uno, con pulso tembloroso. Piensa en los rituales de la muerte y\ndecide echar mano a todos: pone una cinta negra en el ascensor, una estampita,\nunas flores para Anita, de parte de todas las \u201cunidades funcionales\u201d del\nedificio.<\/p>\n\n\n\n<p>Le escribe un mensaje a Pedro, le pide la direcci\u00f3n\ndel velorio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNo hay velatorio, se\u00f1ora. Las autoridades nos van a avisar\ncuando podamos buscar a mi hijita para darle cristiana sepultura\u201d,\ncontesta Pedro.<\/p>\n\n\n\n<p>A ella se le cierra el est\u00f3mago. Esa noche no puede comer,\npero toma tres whiskies. Da vueltas en la cama. Imposible dormir. Piensa en\nellos, en ese ambiente \u00ednfimo del primer piso, al que s\u00f3lo entr\u00f3 una vez en\ndiez a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Se levanta, se viste y prende el cuarto cigarrillo. Sale a\nfumar a la terraza, el olor tibio del final del oto\u00f1o la sacude. Apaga la \u00fanica\nluz que ten\u00eda encendida y ahora s\u00ed, abre la puerta de su departamento y baja\npor las escaleras. Son las cuatro de la madrugada. El consorcio parece\ndescansar tranquilo.<\/p>\n\n\n\n<p>Llega al primer piso y ve luz debajo de la puerta negra.\nGolpea y, cuando Pedro abre, con una seguridad asombrosa, ella dice:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211;Salgamos, tengo el auto listo para dar una vuelta.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211;Pero se\u00f1ora&#8230;.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211;Vamos. Traiga a Mar\u00eda; yo los espero en la\ncalle.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo dice sin esperar respuesta. Por alguna raz\u00f3n cree que\naceptar\u00e1n sin discutirle.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando suben al auto, ella acaricia el pelo de Mar\u00eda.\nMar\u00eda le\napoya la mejilla en su mano. Su llanto la hace llorar. Pedro se une a las dos\ndesde el asiento de atr\u00e1s. Se quedan as\u00ed un rato largo y despu\u00e9s ella arranca el auto,\ndespacio. Buenos Aires est\u00e1 vac\u00eda y fantasmal, como ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin consultarles baja todas las ventanillas. Entra un aire\nespeso y tibio. Mar\u00eda gira su cabeza hacia afuera. Sus manos retuercen un pa\u00f1uelo,\nun bollo blanco.<\/p>\n\n\n\n<p>No tiene idea ad\u00f3nde ir, pero enfila rumbo a la Costanera.\nLes propone quitarse los barbijos, si quieren. Para tranquilizarlos les dice\nque no va a frenar en los sem\u00e1foros. Son los \u00fanicos en la calle quebrando la\ncuarentena. Ellos no dicen nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Estaciona. Baja del auto. Ellos tambi\u00e9n bajan y caminan hasta\nel parapeto. Se apoyan en el borde \u00e1spero de cemento, juntos, abrazados, ella\nse queda un poco m\u00e1s lejos. Reci\u00e9n ah\u00ed nota la luna, apenas creciente, reflejada en el agua.<\/p>\n\n\n\n<p>Quisiera que gritaran, que no pararan de gritar por un rato\nlargo. Pero no. Siguen as\u00ed, callados, hasta que Mar\u00eda interrumpe su llanto d\u00f3cil,\nreprimido, y dice:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211;Nunca hab\u00eda visto el r\u00edo, se\u00f1ora.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelven mudos. Ella quiere que hablen, que hablen de Anita,\nque cuenten, que recuerden, que maldigan. Pero no. Mar\u00eda llora en silencio y\nretuerce su pa\u00f1uelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Al mediod\u00eda siguiente va al cementerio. Son cinco en la\nentrada, pero s\u00f3lo dejan entrar a Pedro y Mar\u00eda. Ella les entrega el ramo de\nflores para Anita y se despide.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos d\u00edas despu\u00e9s sale a dar una vuelta a la manzana. En la entrada del\nedificio, Pedro frota sin \u00edmpetu el portero el\u00e9ctrico.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211;Buen d\u00eda, se\u00f1ora.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella no puede contestar. Tiene la garganta agarrotada. La\nrebela y la ahoga la entrega de Pedro. Quiere decirle que deje de lustrar el\nbronce, que largue todo, que se tome un mes y se vayan a cualquier parte. Pero\nella tambi\u00e9n se domina, ella tambi\u00e9n acata las formas. \u00bfC\u00f3mo se puede hablar de lo que no se\npuede soportar? \u00bfC\u00f3mo hablar del vac\u00edo desde el vac\u00edo?<\/p>\n\n\n\n<p>Camina unos pasos por la vereda, ensordecida por la\nimpotencia, cuando oye la voz de Pedro, que le dice, despacito:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211;Se\u00f1ora&#8230;. Cuando necesite salir otra vez, Mar\u00eda y yo\npodemos acompa\u00f1arla.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ya ley\u00f3 el mensaje diez veces. Est\u00e1 como clavada al sof\u00e1 del living, en un noveno piso de setenta metros cuadrados llenos de sol, para ella sola. El edificio tiene veinticuatro \u201cunidades funcionales\u201d, vive mucha gente, pero casi no se tratan entre ellos. S\u00f3lo tratan, todos, a Pedro y Mar\u00eda, los \u201cencargados\u201d. 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