{"id":4273,"date":"2021-10-08T10:00:22","date_gmt":"2021-10-08T13:00:22","guid":{"rendered":"http:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/?p=4273"},"modified":"2021-10-26T12:54:41","modified_gmt":"2021-10-26T15:54:41","slug":"con-los-ojos-del-che","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/index.php\/con-los-ojos-del-che\/","title":{"rendered":"Con los ojos del Che"},"content":{"rendered":"\n<p>En un peque\u00f1o pueblito boliviano, mientras el sol del mediod\u00eda\nquebraba la tierra, Ernesto Guevara se desplomaba, con los ojos tremendamente\nabiertos. Su rostro ya recorr\u00eda el mundo, su nombre estaba en boca de militantes\nde todas las latitudes y su muerte vaticinaba banderas, s\u00edmbolos y\nreconocimientos. Pero en ese momento era temprano para saber que para la\nleyenda que nac\u00eda con la muerte del hombre, el imperio y el mercado le tendr\u00edan\npreparada una sutil trampa. <\/p>\n\n\n\n<p>Aunque el Che fuera su apodo m\u00e1s resonante, como buen cordob\u00e9s no le escasearon las\nnominaciones. <em>Chancho, Fuser, Tet<\/em><em>\u00e9<\/em><em>, Ernestito<\/em>, era un personaje\nbastante singular desde joven, del que parece que poco queda por decir que no\nse haya dicho ya. Un enorme estudioso, un militante abnegado, con una\nsensibilidad ante la injusticia que se puede rastrear hasta su infancia\ninclusive. Y hasta su foto m\u00e1s famosa ten\u00eda destino de \u00edcono, con esa mirada\ntremendamente legendaria que con solo mencionarla se nos figura al instante en\nnuestra mente.&nbsp; \u00bfY d\u00f3nde es que est\u00e1 la\ntrampa? En lo inalcanzable que parece. Porque tal vez cada vez que nos lo\nponemos al Che en una remera, lo sacamos un poquito de la historia y cada vez\nque nos aparece como un superh\u00e9roe, lo sacamos un poco del rol de\nmilitante antiimperialista de carne y hueso que era. <\/p>\n\n\n\n<p>Es verdad, no hay mucho para decir que no se haya dicho ya.\nPero podemos por un momento recordarlo en un nuevo aniversario de su muerte\ndesarropado del gigante hist\u00f3rico en el que se convirti\u00f3 y pensar sus\ncontradicciones y sus b\u00fasquedas y, fundamentalmente, su vida como\nlatinoamericano. Esa vida que lo hizo nacer en Argentina, ser l\u00edder\nrevolucionario en Cuba y morir peleando en Bolivia. \u00bfEra un argentino\nsum\u00e1ndose a\nuna aventura cubana? \u00bfEra un cubano entrometi\u00e9ndose en la realidad\nboliviana? \u00bfEra un turista participando de la resistencia guatemalteca? \u00bfEra un\ntemerario acopl\u00e1ndose a un grupo de militantes guerrilleros en M\u00e9xico? \u00bfO era tal vez un latinoamericano, de\nesos que Borges dec\u00eda que nunca hab\u00eda conocido? Porque si algo deber\u00eda llamarnos\nla atenci\u00f3n es que Ernesto, antes de ser el Che, parec\u00eda estar siempre en el\nlugar indicado, en el lugar al que la historia convocaba en ese empecinamiento\nferoz que tiene en no distraerse del destino de los pueblos. \u201cEstar\u00e9 atento para la pr\u00f3xima que se arme,\nya que armarse se arma seguro, porque los yanquis no se pueden pasar sin\ndefender la democracia en alg\u00fan lado\u201d, mencionaba en una carta, dando una pista\nsobre cual ser\u00eda uno de los ejes que lo guiar\u00edan en esa b\u00fasqueda pol\u00edtica, a\u00fan en momentos en que\ntal vez no lo ten\u00eda del todo claro.<\/p>\n\n\n\n<p>Su v\u00ednculo con lo social, cultivado desde peque\u00f1o, se combin\u00f3\ncon una vocaci\u00f3n de conocer lo nuestro, el esp\u00edritu de nuestra tierra. Y as\u00ed, aunque\ntuviera mucho de aventurero o de desarrapado viajante, sus viajes que\ntempranamente lo acercaron a los procesos m\u00e1s trascendentales de la historia de\nnuestra Patria Grande, tuvieron como motor profundo esa necesidad de mirar al\nmundo con ojos latinoamericanos. Lo que vio con esos ojos tremendamente\nhonestos fue la crueldad del imperialismo y la avidez de las oligarqu\u00edas que\nsomet\u00edan a latinoamericanos y latinoamericanas de todas las regiones a las\nmismas penurias y las mismas ausencias. Lo que vio fue la violencia, casi\ncalcada en algunos casos, que se cern\u00eda sobre los pueblos que osaban desafiar\nesos modelos de infamia e injusticias. Vio c\u00f3mo bombardeaban Guatemala y pudo\nadvertir que lo mismo pasar\u00eda en Argentina al a\u00f1o siguiente. Vio c\u00f3mo en\nColombia se persegu\u00eda a los que buscaban un cambio. Vio c\u00f3mo en las rep\u00fablicas\ncentroamericanas una empresa norteamericana se quedaba con absolutamente todo.\nY al identificar en esos ojos latinoamericanos los dramas propios en los que el\nimperialismo nos une, tambi\u00e9n pudo ver todas las resistencias y\nlas luchas por una Am\u00e9rica Latina m\u00e1s justa. Las que se encontraban\njunto con los mineros bolivianos y su revoluci\u00f3n, las que lat\u00edan en cada lazo\nsolidario que daban hombres y mujeres del pueblo chileno ofreciendo hasta\naquello que no ten\u00edan a quien consideraban un hermano, las de la reforma\nagraria guatemalteca, las de los obstinados martianos que se negaban a entregar\nla causa cubana y las del movimiento obrero argentino y el peronismo, al que\ncuando mir\u00f3 con ojos latinoamericanos lo sinti\u00f3 un poco m\u00e1s cerca y menos\nmerecedor de las cr\u00edticas que le hab\u00eda endilgado en su juventud.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCreemos, y despu\u00e9s de este viaje m\u00e1s\nfirmemente que antes, que la divisi\u00f3n de Am\u00e9rica en nacionalidades\ninciertas e ilusorias es completamente ficticia. Constituimos una sola raza\nmestiza que desde M\u00e9xico hasta el estrecho de Magallanes presenta notables\nsimilitudes etnogr\u00e1ficas. Por eso, tratando de quitarme toda carga de\nprovincianismos exiguos, brindo por Per\u00fa y por Am\u00e9rica\nUnida.\u201d El\nhombre, por fuera del mito, que no emerge singular en nuestra historia,\nsingular e inalcanzable como a veces el \u00edcono nos hace sentir. El hombre que\nentiende con el pueblo y conociendo Am\u00e9rica Latina cu\u00e1l es la historia que\nnos une. El hombre que no es excepci\u00f3n, sino s\u00edntesis hist\u00f3rica de las luchas\npopulares. Ese es el que dice esas palabras en un leprosario del Per\u00fa, rodeado\nde los m\u00e1s excluidos de los excluidos. El mismo que pudo hacer una\nidentificaci\u00f3n cabal del enemigo principal, que ayer como hoy sigue siendo el\nimperialismo, en el que no se puede confiar \u201cni tantito as\u00ed, nada\u201d. Pero que lo hizo como hijo de un pueblo y\nque es mucho mejor que el mito, porque es real, porque es igualable, porque es\nun latinoamericano como nosotros, como nosotras que m\u00e1s all\u00e1 de las cr\u00edticas que le\npuedan caber por sus estrategias y t\u00e1cticas pol\u00edticas, primero se descoloniz\u00f3 a\ns\u00ed mismo pensando desde Am\u00e9rica Latina y conociendo al pueblo\nque le ense\u00f1\u00f3 el camino de la unidad y de la justicia. \u201cUno de los nuestros\u201d, como eligi\u00f3 recordarlo Juan Per\u00f3n. Ese era Ernesto\nGuevara. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En un peque\u00f1o pueblito boliviano, mientras el sol del mediod\u00eda quebraba la tierra, Ernesto Guevara se desplomaba, con los ojos tremendamente abiertos. Su rostro ya recorr\u00eda el mundo, su nombre estaba en boca de militantes de todas las latitudes y su muerte vaticinaba banderas, s\u00edmbolos y reconocimientos. 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