{"id":6098,"date":"2022-09-01T16:04:16","date_gmt":"2022-09-01T19:04:16","guid":{"rendered":"http:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/?p=6098"},"modified":"2022-09-20T11:44:12","modified_gmt":"2022-09-20T14:44:12","slug":"parra-un-desvergonzado-genial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/index.php\/parra-un-desvergonzado-genial\/","title":{"rendered":"Parra, un desvergonzado genial"},"content":{"rendered":"\n<p>El 24 de agosto de 1878 nac\u00eda en una mansi\u00f3n de la la calle Callao frente al Colegio del Salvador Florencio Parravicini, hijo de terratenientes acaudalados. Mucha gente sabe qui\u00e9n fue. Y acaso nadie sepa qui\u00e9n fue.&nbsp; Arist\u00f3crata y saltimbanqui, actor formidable, improvisador extraordinario, se lo vincula siempre con la cara escatol\u00f3gica de la noche porte\u00f1a. Y con raz\u00f3n: \u00e9l hizo lo suyo para esculpir tal posteridad. Aunque existen divergencias acerca del escenario primero, se acepta que empez\u00f3 en el <em>Roma<\/em>, un tabladillo picaresco de la calle 25 de Mayo, despu\u00e9s llamado <em>Parisiana<\/em> y por \u00faltimo <em>Ba-Ta-Clan<\/em>, vecino a su gemelo, el no menos c\u00e9lebre y prohibido <em>Cosmopolita<\/em>. Parravicini, oveja negr\u00edsima de una familia copetuda, se escond\u00eda al principio tras el seud\u00f3nimo de <em>Flo<\/em> (una pel\u00edcula argentina lo transform\u00f3 en <em>Flop<\/em> y adem\u00e1s ech\u00f3 a perder una excelente oportunidad de resucitar el mundo fascinante del antiguo variet\u00e9). Tiraba al blanco con milagrosa punter\u00eda, es cierto. Pero su arte superaba esa pericia circense. Parravicini \u2014luego <em>Parra<\/em> para todo el mundo\u2014 fue un artista fuera de serie, capaz de hipnotizar a la platea, incapaz de someterse a un texto, imprevisible y genial. Como era demasiado bueno para el <em>Roma<\/em>, no tard\u00f3 en ganar status de primer\u00edsima figura. Pero antes, una vez que fueron domados los furores familiares, se atrevi\u00f3 a debutar en el <em>Casino<\/em> como \u00abMr. Parravicini, tirador sobre blanco humano y Harris, tirador c\u00f3mico, su partenaire\u201d. El tal Harris, como un Guillermo Tell actualizado, afrontaba dos o tres funciones diarias la prueba con frutas y otros objetos sobre su cabeza y \u2014dicen\u2014 hasta con un cigarrillo entre los labios, que volaba limpiamente tras el disparo de Mr. Parravicini.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya estrella, se convierte en una locomotora que arrastra todo a su paso. Porque solo \u00e9l cuenta. Estrena obras ajenas pero las convierte en un <em>show<\/em> personal, agregando \u201cmorcillas\u201d subidas de tono. A nadie le importa el texto. Parra se divierte m\u00e1s que nadie. Las cejas disparadas hacia arriba en arco demon\u00edaco, la sonrisa sard\u00f3nica mostrando un espacio entre los dientes centrales que parece hecho a prop\u00f3sito para acentuar la m\u00e1scara de fauno. Un fragor de bater\u00eda, un golpe de luz y el actor m\u00e1s puerco de Buenos Aires gana de un salto el centro del escenario. Ya no hay obra, \u00bfqui\u00e9n la necesita? Ataviado con ropas de personaje o con su cl\u00e1sico jacquet, fabrica un chiste verde, lo tira al aire, lo vuelve rojo rubor y si se le antoja, lo termina negro sepultura.<\/p>\n\n\n\n<p>Dilapidador de fortunas \u2014se patin\u00f3 dos herencias en Par\u00eds porque era hijo de multimillonarios\u2014, supuesto cultor de vicios inconfesables, gana toneladas de billetes grandes que se ablandan y desti\u00f1en en <em>champagne<\/em> hasta desaparecer. Su \u00fanico compromiso es con la vida, \u201csu vida\u201d, la que \u00e9l ha elegido. Y la consume a mil por hora,&nbsp; con la ansiedad de quien intuye un sendero no demasiado largo. La indignaci\u00f3n hip\u00f3crita de los pudorosos le sirve de est\u00edmulo para tirar con munici\u00f3n gruesa. Muy poco puede afectar \u201cel qu\u00e9 dir\u00e1n\u201d a un rebelde que hab\u00eda afrontado las represiones sociales de una familia que figuraba en la Gu\u00eda de Contribuyentes de la Provincia de Buenos Aires \u2014a\u00f1o 1928\u2014 entre las cincuenta poseedoras de m\u00e1s de treinta mil hect\u00e1reas.<\/p>\n\n\n\n<p>Una ma\u00f1ana se siente mal y se somete a ciertos estudios. Los m\u00e9dicos le dicen la verdad: c\u00e1ncer, por entonces totalmente incurable. No es hombre de tapujos ni temores. Otra ma\u00f1ana saca de la mesa de luz una pistola niquelada y esa noche ya no hay funci\u00f3n. Buenos Aires no puede creer que esta vez Florencio hizo punter\u00eda sobre s\u00ed mismo. El gran Parra ha partido para siempre. Y sin intuir, tal vez, en aquel invierno del 41, que al apretar el gatillo pon\u00eda en marcha una leyenda. O quiz\u00e1s lo hizo para eso, con Parra nunca se sabe.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 24 de agosto de 1878 nac\u00eda en una mansi\u00f3n de la la calle Callao frente al Colegio del Salvador Florencio Parravicini, hijo de terratenientes acaudalados. Mucha gente sabe qui\u00e9n fue. 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