{"id":6841,"date":"2024-04-10T11:49:27","date_gmt":"2024-04-10T14:49:27","guid":{"rendered":"http:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/?p=6841"},"modified":"2024-05-03T14:56:20","modified_gmt":"2024-05-03T17:56:20","slug":"el-teatro-de-titeres-y-el-asombro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/index.php\/el-teatro-de-titeres-y-el-asombro\/","title":{"rendered":"El teatro de t\u00edteres y el asombro"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Una ni\u00f1a se detiene frente al teatrino. La funci\u00f3n ha terminado. Se detiene y espera que los titiriteros salgan. Va por detr\u00e1s. Mira detenidamente. Pregunta. \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la escalerita?\u201d.<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Los titiriteros entienden enseguida.<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Los t\u00edteres suben y bajan sobre un horizonte que les est\u00e1 por delante como si subieran y bajaran por la escalera. Ese suele ser el movimiento del teatro de t\u00edteres de guante. Un subir y bajar eterno tras un eterno horizonte.<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Tal vez para no desilusionarla, la titiritera le responde:<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>\u201cEs invisible\u201d.<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Fascinaci\u00f3n. Estupor. Asombro.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso es lo que siente un ni\u00f1o frente a los t\u00edteres. Cuando los t\u00edteres viven. Cuando el actor vive en el t\u00edtere y este puede representar la tragedia humana. Con humor, con silencios, con llanto, con sinceras emociones contenidas, con gestos de lo que no tiene gesto, como es el rostro del mu\u00f1eco, pero siempre el drama humano, tr\u00e1gico dije, porque se trata de este transcurrir a descuento de la muerte, cosa que cuando los ni\u00f1os lo descubren, toman esa suerte de seria consideraci\u00f3n por las cosas de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, cuando se vulnera esta profundidad del teatro de mu\u00f1ecos que trae su alforja de historias y vida desde siglos, cuando alguien se burla de su condici\u00f3n teatral si consideramos al teatro como una representaci\u00f3n de lo m\u00e1s profundo de la vida, entonces el arte desaparece, la emoci\u00f3n no existe, se transforma en una mala caricatura de su esencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el primer hombre que vio su sombra en el muro tras la luz del fuego hasta el personaje popular oriental devenido en el gui\u00f1ol europeo, y hasta aquel an\u00f3nimo actor que trajo el primer retablo en un barco espa\u00f1ol con el que acompa\u00f1\u00f3 a los otros marineros para desembarcar azorado ante una representaci\u00f3n ritual de una comarca americana (donde el ma\u00edz era un objeto vivo, y la nube, y la tierra, y el agua, como agradecimiento por la cosecha), el teatro de t\u00edteres no ha dejado de gestar ideas y de gestarse en un recorrido lleno de piedras, pero tambi\u00e9n de maravillosos hallazgos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La buena salud del teatro de t\u00edteres<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Maurice Kurtz ha dicho: \u201cNo es un desde\u00f1able tributo a la magia del teatro el hecho de que un ser imaginado que llamamos t\u00edtere pueda absorber la atenci\u00f3n, las facultades emotivas y la fidelidad del p\u00fablico en todos los pa\u00edses de la tierra\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez este pensamiento nos ayude a desentra\u00f1ar el por qu\u00e9 el teatro de t\u00edteres sigue teniendo vida y buena salud a trav\u00e9s de los siglos y los continentes. Y a trav\u00e9s de las circunstancias.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez, el titiritero Daniel Spinelli, detenido durante la dictadura militar en la c\u00e1rcel del Chaco \u2014tal vez una de las m\u00e1s tenebrosas del pa\u00eds\u2014 me cont\u00f3 que la \u00fanica expresi\u00f3n que permit\u00edan los guardiac\u00e1rceles, era la que \u00e9l les hab\u00eda ense\u00f1ado a los presos: hacer t\u00edteres con frazadas y s\u00e1banas.<\/p>\n\n\n\n<p>Representaban sus historias y, lejos de prohibirlo, los guardianes se quedaban a mirarla, \u00fanica manera de expresi\u00f3n en un mundo donde la expresi\u00f3n est\u00e1 prohibida porque es peligrosa. \u00bfQu\u00e9 tiene el teatro de mu\u00f1ecos que permite esa libertad?<\/p>\n\n\n\n<p>Otro titiritero y poeta, Elvio Villarroel, supo contarnos c\u00f3mo durante una funci\u00f3n de marionetas, un ni\u00f1o autista de cerca de diez a\u00f1os cuyo padecimiento era que nunca hab\u00eda hablado, al acerc\u00e1rsele el mu\u00f1eco por el piso hasta pocos cent\u00edmetros de \u00e9l, le dijo una palabra incre\u00edble: \u201cHola\u201d. Ese hecho, para Elvio, hab\u00eda sido un descubrimiento bello y asombroso que sol\u00eda compartir con quienes disfrut\u00e1bamos de escucharlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Dec\u00eda: \u201cNinguna medicina ni terapia podr\u00eda haber logrado lo que logr\u00f3 aquel mu\u00f1eco en tan pocos minutos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Respeto por el mundo de los chicos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Sin duda, la fantas\u00ed<\/em><em>a del ni<\/em><em>\u00f1o no tarda en chocar con el mundo sin ilusiones, <\/em><em>\u201c<\/em><em>racional\u201d del entendimiento adulto. (\u2026) Solo el artista adulto podr\u00e1 <\/em><em>entender al ni<\/em><em>\u00f1<\/em><em>o, estar cerca de <\/em><em>\u00e9<\/em><em>l y vivir en su mundo.<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Hans M\u00fbller Eckhard<\/p>\n\n\n\n<p>Esta frase de M\u00fbller Eckhard es el resultado de a\u00f1os de experiencia y reflexi\u00f3n. Hace mucho que fue dicha y hoy recobra vigencia, porque los hechos que nos asedian dan inter\u00e9s y mayor valor a aquellas palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>Adultos que escriben para adultos pero para hacer negocio con los ni\u00f1os. Adultos que se dirigen a los ni\u00f1os pero por elipsis a los adultos.<\/p>\n\n\n\n<p>El arte est\u00e1 al servicio de intereses que no son los ni\u00f1os: ellos son los destinatarios de un mensaje que jam\u00e1s deber\u00eda haberles llegado.<\/p>\n\n\n\n<p>La ni\u00f1ez es atacada. Y todos lo permitimos con un gran silencio. \u00bfQu\u00e9 pasa con la cabecita de tres, cuatro, cinco, seis a\u00f1os, que digiere esas im\u00e1genes, esa m\u00fasica, ese arte\u2022? El arte que venden las grandes empresas tiene otro fin que no es art\u00edstico.<\/p>\n\n\n\n<p>No es arte.<\/p>\n\n\n\n<p>El otro extremo es el producto ani\u00f1ado. Los ni\u00f1os no son ani\u00f1ados.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entre ambos, deber\u00eda estar quien produzca un arte para los ni\u00f1os que los respete y hable de ellos desde el mundo de los ni\u00f1os, desde la mente de los ni\u00f1os: hecho por adultos pero con inter\u00e9s en la ni\u00f1ez, en los ni\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Man\u00e9 Bernardo, la c\u00e9lebre titiritera argentina, creadora junto a Sara Bianchi del Museo del T\u00edtere, docente y te\u00f3rica de este g\u00e9nero, dice en su libro <em>T\u00edteres y Ni\u00f1os<\/em>: \u201cAl ni\u00f1o hay que brindarle desde su temprana edad lo m\u00e1s selecto como valor, como verdad. Lo selecto est\u00e1 muy lejos de ser inaccesible. Lo selecto no es oscuro; este es un error de concepto, de falta de cultura contra la cual hay que luchar constantemente. No olvidemos que el primer choque emocional del ni\u00f1o con las cosas del mundo es lo que m\u00e1s adelante va a prevalecer en \u00e9l y durante toda su vida. Es dif\u00edcil que se arranquen de ra\u00edz las primeras vivencias del hombre, nacidas rotundamente; al ni\u00f1o hay que darle lo mejor en la calidad superior que merece un ser humano que entrar\u00e1 a formar parte de un mundo civilizado, por eso, (Marcel) Temporal dice: el respeto por tal o cual cosa; pone al respeto como punto inicial de toda creaci\u00f3n art\u00edstica, pedag\u00f3gica o psicol\u00f3gica\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que va a perdurar de los t\u00edteres, sin embargo, es la ternura. Esa simple ternura de un mu\u00f1eco que expresa, con un peque\u00f1o movimiento, un sentimiento que est\u00e1 oculto. Seguramente lo que va a llegar tras las generaciones, sea ese mensaje del teatro de t\u00edteres que dice: \u201cEn este mundo en guerra, a\u00fan hay alguien que dice que el amor es posible\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ni\u00f1os necesitan ese mensaje. Necesitan la imagen de la familia, del perrito amigo, del barrilete inalcanzable al alcance de la mano, del sue\u00f1o que asusta, o del sue\u00f1o que expresa un mundo posible de transmitir. Los miedos, la posibilidad de vencerlos; la prohibici\u00f3n y el permiso; el gigante mundo de los grandes. Todo eso puede expresarse y los ni\u00f1os lo est\u00e1n esperando.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfD\u00f3nde nace el asombro?<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Esta digresi\u00f3n acerca de la calidad del producto art\u00edstico titiritero, no es tal digresi\u00f3n, sino una aclaraci\u00f3n sobre el tema del asombro. El azor.<\/p>\n\n\n\n<p>El azorado debe estar preparado para azorarse. La sorpresa no lo va a sorprender si no est\u00e1 preparado para dejarse ganar por esa sorpresa. De la misma manera, el primer azorado debe ser el titiritero.<\/p>\n\n\n\n<p>En una oportunidad, Javier Villafa\u00f1e dijo que lo que realmente espera todo titiritero mientras act\u00faa son esos segundos en que los mu\u00f1ecos act\u00faan solos, en que toman una libertad necesaria que sorprende al mismo titiritero, cuando hacen cosas que el titiritero no sab\u00eda que iban a hacer. Que cuando eso ocurr\u00eda, \u00e9l se sent\u00eda satisfecho, y que cuando no suced\u00eda, quer\u00eda decir que la actuaci\u00f3n hab\u00eda sido mala, que hab\u00eda salido de oficio, pero no con el asombro necesario, eso que otros llaman \u201cmagia\u201d.<a href=\"#_ftn1\"><sup>[1]<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Una ense\u00f1anza que nunca he olvidado es la de los arqueros zen: el arquero zen, para dar en el blanco colocado a cien metros de distancia, no mira el arco, no se concentra en la flecha, no piensa en el brazo, el torso, los pies: todo eso ya est\u00e1 adquirido con horas de pr\u00e1ctica; en el momento de disponerse a lanzar la flecha, pone toda su atenci\u00f3n en el blanco; solo mira el blanco, todo \u00e9l es el blanco: un absoluto olvido de s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese olvido de s\u00ed, tan esencial para la creaci\u00f3n, es lo que, a quien est\u00e1 del otro lado observando, lo sorprende, lo deja boquiabierto: \u201cEh, pero esto est\u00e1 sucediendo de veras. Este mu\u00f1eco vive en verdad\u201d. Y los ni\u00f1os, tan permeables a lo permeable, no dudan; con una fe que mover\u00e1 monta\u00f1as, creen a pie juntillas lo que les cuenta el que est\u00e1 detr\u00e1s de la tela transmiti\u00e9ndoles con todo su ser, olvidado definitivamente de s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>El titiritero franc\u00e9s Robert Desarthis, en contraposici\u00f3n a esta idea, dijo: \u201cYo soy el Dios de un mundo, de un mundo que yo mismo he creado (\u2026) Un Dios justo, clarividente, consciente de sus responsabilidades. Este poder soberano, ideal, absoluto, solo lo recibo de m\u00ed mismo\u2026 tirando los hilos de mis marionetas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En el n\u00famero de septiembre de 2009 de la revista <em>El Monitor de la Educaci\u00f3n<\/em>, Sara Bianchi dice: \u201cNo. Para nada. Yo no llevo los hilos. Los mu\u00f1ecos me manejan a m\u00ed (\u2026) A veces siento que yo soy la que sigo a los t\u00edteres, que ellos me exigen cosas\u201d. Y, para reafirmar esta idea, expresa: \u201cEl titiritero es un actor que transmite todo su cuerpo al cuerpo del otro y toda su interpretaci\u00f3n al mu\u00f1eco. Pero si no lo siente en su interior, no sirve\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>La ni\u00f1a que pregunt\u00f3 por la escalerita detr\u00e1s del teatrino, adquiri\u00f3 un conocimiento pleno de esa mentira que es el arte \u2014parafraseando a Juan Rulfo\u2014 para decir la verdad. La titiritera le respondi\u00f3 con una parte de la verdad.<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>\u00bfLe minti\u00f3<\/em><em>?<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>No. No le minti\u00f3.<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Para la peque\u00f1a, aquello ya era una verdad plena.<\/em><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><strong>Bibliograf<\/strong><strong>\u00eda<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Bernardo, Man\u00e9 (1976) <em>T\u00edteres y ni\u00f1os.<\/em> Eudeba, Buenos Aires.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00fbller Eckhard, Hans (1957) <em>El ni\u00f1o incomprendido. <\/em>Edici\u00f3n Carlo Lohl\u00e9, Buenos Aires.<\/p>\n\n\n\n<p>Temporal, Marcel (1942) <em>Comment construire et animer nos marionettes<\/em><em>. <\/em>Ediciones Bourrelier.<\/p>\n\n\n\n<p>Gociol, Judith y Pazos, Silvia (2009) \u201cCualquier cosa puede ser un t\u00edtere\u201d, Sara Bianchi, titiritera. En revista <em>El monitor de la Educaci\u00f3n<\/em>, septiembre 2009.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> El entrecomillado se debe a que la magia necesita de trucos. Pero el teatro, si bien puede trucar a la magia, cuenta una realidad tan simplemente asombrosa, que es cre\u00edble, y si la cuenta en la b\u00fasqueda de que ese \u201calgo\u201d suceda, entonces va a ocurrir lo inesperado, lo esperable, lo que nos deja con la boca abierta.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>Alejandro Seta es docente, titiritero y escritor. Fund\u00f3, en el a\u00f1o 1990, el Teatro de T\u00edteres <em>Las Bestias Peludas<\/em> junto a la titiritera Cristina Ledesma, con quien contin\u00faa escribiendo y representando obras. Esta nota fue escrita hace 20 a\u00f1os para la revista del Teatro Callejero de Santa Fe, pero nunca fue publicada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una ni\u00f1a se detiene frente al teatrino. La funci\u00f3n ha terminado. Se detiene y espera que los titiriteros salgan. Va por detr\u00e1s. Mira detenidamente. Pregunta. \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la escalerita?\u201d. Los titiriteros entienden enseguida. Los t\u00edteres suben y bajan sobre un horizonte que les est\u00e1 por delante como si subieran y bajaran por la escalera. 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