{"id":7045,"date":"2024-07-25T11:37:29","date_gmt":"2024-07-25T14:37:29","guid":{"rendered":"http:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/?p=7045"},"modified":"2024-08-23T13:52:18","modified_gmt":"2024-08-23T16:52:18","slug":"standards-el-paisaje-ferroviario-segun-felix-rodriguez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/index.php\/standards-el-paisaje-ferroviario-segun-felix-rodriguez\/","title":{"rendered":"Standards: El paisaje ferroviario seg\u00fan F\u00e9lix Rodr\u00edguez"},"content":{"rendered":"\n<p>F\u00e9lix Rodr\u00edguez viene desplegando desde mediados de la d\u00e9cada de 1980 una mirada muy personal sobre la ciudad que ya ha constituido un mundo propio, reconocible en cada una de sus obras. Propio, pero nada ensimismado: como suele ocurrir en el arte cuando se erige un mundo con la fuerza, la maestr\u00eda y la originalidad que \u00e9ste posee, sus im\u00e1genes nos sacuden oblig\u00e1ndonos a volver a interrogar lo que tomaron como punto de partida, es decir, en este caso, la ciudad real y vivida por cada uno de nosotros, problematizando nuestra relaci\u00f3n con ella, forz\u00e1ndonos a mirarla de nuevo como si fuese la primera vez.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese mundo de F\u00e9lix Rodr\u00edguez trabaja sobre un imaginario urbano muy potente que \u00e9l revel\u00f3 como pocos: el imaginario de la ciudad moderno-industrial a trav\u00e9s de sus elementos m\u00e1s tangibles, puentes, puertos, gr\u00faas, f\u00e1bricas, galpones, usinas, tanques, chimeneas. Pero es el singular lenguaje que fue experimentando y asentando en el curso mismo de la elaboraci\u00f3n de ese mundo lo que lo vuelve al mismo tiempo tan personal y tan revelador: un lenguaje de completa adecuaci\u00f3n entre forma y procedimiento, de integraci\u00f3n plena entre la b\u00fasqueda expresiva y los recursos que la hacen posible. Para ello comenz\u00f3 vali\u00e9ndose de t\u00e9cnicas de larga tradici\u00f3n en el arte urbano, tinta, monograf\u00eda, grabado, para seguir luego \u2013aunque nunca abandon\u00e1ndolas del todo\u2013 un camino mucho m\u00e1s inusitado, que encontr\u00f3 en el uso inventivo del carb\u00f3n y el \u00f3leo su sello definitivo. Porque mediante ese lenguaje F\u00e9lix Rodr\u00edguez viene logrando el raro milagro de que sus infraestructuras urbanas, tan esencialmente materiales y materialistas, tan abstractas en su distanciamiento descriptivo, narren tambi\u00e9n una historia del siglo XX: expresen, en el mismo gesto con que hacen presente las mitolog\u00edas de la modernidad industrial, la cr\u00f3nica de su fracaso. Es como una arqueolog\u00eda de los futuros que no fueron, conviviendo, imp\u00e1vidos, con la ciudad que se desprendi\u00f3 de ellos. Una arqueolog\u00eda que, gracias a la fuerza elemental de ese lenguaje, elimina toda posibilidad de nostalgia, tan t\u00edpica en las operaciones patrimonialistas que desde el fin de siglo han integrado el acervo industrial a las pol\u00edticas de marketing urbano: en esta obra, las arquitecturas de la modernidad perimida no producen esa celebraci\u00f3n acr\u00edtica de la a\u00f1oranza, sino un extra\u00f1amiento reflexivo, incertidumbre y deseo de exploraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta exposici\u00f3n se centra en un fragmento tem\u00e1tico muy significativo dentro de la obra de Rodr\u00edguez y del imaginario urbano que ella modula: el universo de objetos y dispositivos que componen el paisaje quiz\u00e1s m\u00e1s emblem\u00e1tico de la modernidad, el del ferrocarril, que aqu\u00ed hace juego con los viejos talleres de Remedios de Escalada sobre los que se ha erigido la Universidad de Lan\u00fas (y hay un factor com\u00fan en varias de las universidades del conurbano que esta exposici\u00f3n trae a la luz: su rol de relevo sobre hitos de la vieja infraestructura industrial y ferroviaria que fue una vez sin\u00f3nimo de la regi\u00f3n metropolitana). Lejos de ser apenas un producto de la revoluci\u00f3n industrial y la modernizaci\u00f3n territorial, el ferrocarril ha sido uno de los agentes m\u00e1s conspicuos de ambas: basta ver, como muestra, c\u00f3mo la mancha urbana de nuestro Gran Buenos Aires se acomod\u00f3 a su trazado. El ferrocarril no respondi\u00f3 al impulso de la expansi\u00f3n urbana, sino que la produjo y la gui\u00f3, expandiendo las zonas fabriles y los barrios obreros a la vez que las \u00e1reas residenciales de una nueva clase media suburbana; los h\u00e1bitos del mundo del trabajo ligado al ferrocarril, con sus tradiciones socialistas y anarquistas, y los de los clubes ingleses que cimentaban nuevos tipos de sociabilidad aristocratizante. La red ferroviaria nacional, asimismo, hizo de la Argentina de la primera mitad del siglo XX uno de los pa\u00edses m\u00e1s conectados de Am\u00e9rica Latina, al tiempo que fomentaba hasta el paroxismo la macrocefalia de nuestra \u201ccabeza de Goliat\u201d y un centralismo expoliador del esfuerzo de las regiones interiores. Un agente del progreso que expresa a la perfecci\u00f3n sus ambivalencias y dilaceraciones, esa doble cara inevitable de la modernidad.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/culturaunla_1724424078410-1024x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7047\" srcset=\"https:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/culturaunla_1724424078410-1024x1024.jpg 1024w, https:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/culturaunla_1724424078410-300x300.jpg 300w, https:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/culturaunla_1724424078410-150x150.jpg 150w, https:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/culturaunla_1724424078410-768x768.jpg 768w, https:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/culturaunla_1724424078410-125x125.jpg 125w, https:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/culturaunla_1724424078410.jpg 1440w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Pero m\u00e1s all\u00e1 de su funci\u00f3n instrumental, como medio de transporte y comunicaci\u00f3n, como esqueleto de las fuerzas productivas que se tienden sobre el territorio, es importante relevar su papel extraordinario como difusor de im\u00e1genes y pedagog\u00edas de la vida moderna. Bernardo Kordon lo defini\u00f3 alguna vez magistralmente como un pedazo de ciudad en viaje de proselitismo; es decir, una suerte de vanguardia de la modernidad, un agitador de sus promesas de futuro a trav\u00e9s de regiones que deb\u00edan ser todav\u00eda cooptadas para su causa. En esa calidad de avanzada de los nuevos tiempos, el ferrocarril nutri\u00f3 buena parte de las ficciones de la vida contempor\u00e1nea: una de las principales, la de escapar del encierro pueblerino, como hace Moraldo al final de <em>Los in\u00fatiles<\/em>, una de las pel\u00edculas m\u00e1s entra\u00f1ables de Fellini, en la que la presencia tangencial del tren funciona como promesa latente, \u00fanica salida de las mezquindades de la comunidad aldeana. M\u00e1s en general, la estaci\u00f3n central con sus andenes cubiertos del humo gris de las locomotoras ha sido el escenario predilecto de cientos de despedidas y recibimientos literarios y cinematogr\u00e1ficos. Y no hay que olvidarse de que uno de los comienzos del cine fue el registro (aterrador, para los espectadores de entonces) de la llegada del tren a la estaci\u00f3n de Lyon por los hermanos Lumiere. Lugar por antonomasia de la libertad que produce el anonimato, espacio neutro en el que se hace posible la aventura del encuentro inesperado entre desconocidos, el ferrocarril puede abonar tanto la historia de amor entre Irene y Balder en <em>El amor brujo<\/em>, de Roberto Arlt, como el pacto criminal de <em>Extra\u00f1os en un tren<\/em>, de Patricia Highsmith y Alfred Hitchcock. Sin embargo, el paisaje ferroviario no es un \u201cno lugar\u201d, sino todo lo contrario: es ya un \u201clugar de memoria\u201d clave en la constituci\u00f3n de nuestras identidades modernas.<\/p>\n\n\n\n<p>Las artes visuales no han sido ajenas a la construcci\u00f3n de este lugar privilegiado del ferrocarril en la cosmogon\u00eda de la modernidad: entre \u201cLluvia, vapor y velocidad\u201d, de J. M. W. Turner (1844), y \u201cCompartimento C, coche 293\u201d, de Edward Hopper (1938), se despliega un abanico de temas que van desde el impacto de la irrupci\u00f3n de la tecnolog\u00eda en la naturaleza hasta la extra\u00f1a experiencia del recogimiento solitario y el aislamiento en medio del tr\u00e1fago p\u00fablico, as\u00ed como un abanico de experimentaciones ling\u00fc\u00edsticas que van desde la m\u00e1xima abstracci\u00f3n hasta el realismo metaf\u00edsico. Pero hay un momento especialmente significativo en esa saga de representaciones: la serie de obras sobre la estaci\u00f3n Saint Lazare de Claude Monet (1877) en la que la luminosidad del humo va definiendo y confundiendo a la vez m\u00e1quinas, edificios y personas, fijando una de las escenas primarias de la vida metropolitana. Es significativo que Monet haya elegido la estaci\u00f3n de tren para hacer la primera de sus experiencias seriales con la impresi\u00f3n lum\u00ednica, siendo la otra c\u00e9lebre la de la catedral de Ruan (1894): la estaci\u00f3n como lugar de encuentro y concentraci\u00f3n puede ser pensada como relevo laico de la catedral, pero, sobre todo, la proeza tecnol\u00f3gica que se realiza en ella \u2013y que Monet capta a la perfecci\u00f3n en sus grandes cubiertas y sus paneles vidriados\u2013 no es menos grandiosa que la que permiti\u00f3 en el Medioevo la erecci\u00f3n de sus monumentos religiosos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay mucho de Saint Lazare en la serie de estaciones de F\u00e9lix Rodr\u00edguez, especialmente en la cualidad material de la atm\u00f3sfera, en la capacidad perceptiva con que produce juegos de transparencias y opacidades en los pa\u00f1os vidriados, en el trasluz del humo y los claroscuros de los galpones. Pero si en ese momento inaugural que retrat\u00f3 Monet es evidente cierta plenitud optimista, cierta armon\u00eda entre la tecnolog\u00eda y las expectativas civilizatorias puestas en el ferrocarril, en las obras de Rodr\u00edguez la misma proeza t\u00e9cnica hace primar sin embargo la inquietud, el peso de una indefinible presencia ominosa, que puede remitir tanto a sus promesas incumplidas (la erecci\u00f3n solitaria, como moles prehist\u00f3ricas, de esos engranajes monumentales de un mecanismo universal que ya ha perdido su capacidad conectiva) como a aquellas que s\u00ed llev\u00f3 a cabo (el predominio en la vida metropolitana de la velocidad y el intercambio). Es significativo, en este sentido, el t\u00edtulo que le puso a su serie sobre la ultra modern\u00edsima estaci\u00f3n central de Viena, Dr. Caligari, en referencia a una de las m\u00e1s c\u00e9lebres pel\u00edculas del expresionismo alem\u00e1n: adem\u00e1s de la iron\u00eda sobre la pretenciosidad de las formas arquitect\u00f3nicas de la estaci\u00f3n, el nombre nos recuerda la irracionalidad brutal que puede subtender la apariencia l\u00f3gica y ordenada de la red ferroviaria.<\/p>\n\n\n\n<p>El expresionismo, claro, refiere tambi\u00e9n a afinidades de lenguaje muy adecuadas para el sublime tecnol\u00f3gico del universo fabril de Rodr\u00edguez. Como se ve, no es s\u00f3lo el Monet de Saint Lazare: hay mucho en esta obra de todas aquellas l\u00edneas pict\u00f3ricas, de Turner y Hopper, as\u00ed como de los paisajes suburbanos surcados de v\u00edas f\u00e9rreas de Mario Sironi y tantos otros. Se trata de presencias notables m\u00e1s que en la iconograf\u00eda misma, en la investigaci\u00f3n de sus b\u00fasquedas expresivas, aplicadas aqu\u00ed a la descomposici\u00f3n simult\u00e1nea del universo de sentido del ferrocarril y de sus tradiciones representativas: una operaci\u00f3n elementarista sostenida por el recurso asc\u00e9tico del blanco y negro \u2013el carb\u00f3n y el \u00f3leo usados de modo expresionistamente minimalista, valga el ox\u00edmoron\u2013, apenas contrapesados por el pastel sutilmente colorado que no hace m\u00e1s que subrayar la luminosidad del contraste.<\/p>\n\n\n\n<p>Tengo para m\u00ed que la pasi\u00f3n por la m\u00fasica de F\u00e9lix Rodr\u00edguez \u2013que adem\u00e1s de pintor y arquitecto es no s\u00f3lo un eximio ejecutante sino un sofisticado conocedor de la cultura musical\u2013 lo lleva a vincularse con la tradici\u00f3n pict\u00f3rica con la libertad del m\u00fasico de jazz cuando interpreta un standard: la deconstrucci\u00f3n del tema familiar produce un resultado completamente nuevo pero que al mismo tiempo lleva a una mejor comprensi\u00f3n de la estructura original; es como un ejercicio constructivista (y aqu\u00ed tambi\u00e9n nos vemos obligados al ox\u00edmoron) que en sus mejores expresiones logra una melod\u00eda original y depurada. Es el caso, sin duda, de las arquitecturas ferroviarias que vemos aqu\u00ed: la presencia austera pero imponente, la descripci\u00f3n detallada y sin embargo abstractizante, la atm\u00f3sfera profundamente espiritual lograda con trazos de tangible (y por momentos brutal) corporeidad testimonia, en sus contrastes, la existencia de una red de sentido que conectaba toda la ciudad en una l\u00ednea optimista hacia el futuro, y su actual condici\u00f3n de ruina. El standard es el g\u00e9nero m\u00e1s apropiado para un lugar de memoria como el ferrocarril: nos recuerda lo que ha significado en el mismo momento de su imposibilidad. Rodr\u00edguez condensa y exprime con el ascetismo del carb\u00f3n todo aquel universo de representaciones para ponerlo al servicio de un retrato inmejorable de nuestra contemporaneidad post-industrial, que nos interpela y nos asombra con la fuerza de un standard. <\/p>\n\n\n\n<div class=\"su-note\"  style=\"border-color:#000000;border-radius:3px;-moz-border-radius:3px;-webkit-border-radius:3px;\"><div class=\"su-note-inner su-u-clearfix su-u-trim\" style=\"background-color:#000000;border-color:#cccccc;color:#fff;border-radius:3px;-moz-border-radius:3px;-webkit-border-radius:3px;\">Adri\u00e1n Gorelik (Mercedes, Buenos Aires, 1957) es arquitecto y doctor en historia (ambos t\u00edtulos por la Universidad de Buenos Aires). Es investigador principal del CONICET y profesor titular de la Universidad Nacional de Quilmes, donde ha dirigido el Centro de Historia Intelectual. Recibi\u00f3 la Beca Guggenheim, fue profesor Sim\u00f3n Bol\u00edvar de la University of Cambridge y miembro del Wissenschaftskolleg de Berl\u00edn. Entre sus libros principales cabe se\u00f1alar La grilla y el parque. Espacio p\u00fablico y cultura urbana en Buenos Aires (Buenos Aires, 1998; versi\u00f3n en ingl\u00e9s de 2022); y La ciudad latinoamericana. Una figura de la imaginaci\u00f3n social del siglo XX (Buenos Aires, 2022; edici\u00f3n en portugu\u00e9s de 2024). Ha editado, en colaboraci\u00f3n con Fernanda Ar\u00eaas Peixoto, Ciudades sudamericanas como arenas culturales (Buenos Aires 2016 y S\u00e3o Paulo 2019), y con Carlos Altamirano, La Argentina como problema (Buenos Aires, 2018).<\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>F\u00e9lix Rodr\u00edguez viene desplegando desde mediados de la d\u00e9cada de 1980 una mirada muy personal sobre la ciudad que ya ha constituido un mundo propio, reconocible en cada una de sus obras. 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