{"id":7981,"date":"2026-05-14T13:10:46","date_gmt":"2026-05-14T16:10:46","guid":{"rendered":"https:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/?p=7981"},"modified":"2026-05-14T13:11:02","modified_gmt":"2026-05-14T16:11:02","slug":"el-siglo-droide","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/index.php\/el-siglo-droide\/","title":{"rendered":"El siglo Droide"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Reflexiones sobre las nuevas formas de colonizaci\u00f3n historiogr\u00e1fica para Am\u00e9rica Latina y el Caribe<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>I. La IA como nueva forma de colonizaci\u00f3n historiogr\u00e1fica<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una herramienta central para la producci\u00f3n y circulaci\u00f3n de conocimiento hist\u00f3rico. No obstante, diversos estudios acad\u00e9micos de nuestra regi\u00f3n advierten que los sistemas de IA no son neutrales: reproducen tendencias ideol\u00f3gicas, sesgos culturales y desigualdades hist\u00f3ricas presentes en los datos con los que fueron entrenados. Estas problem\u00e1ticas adquieren especial relevancia cuando la IA interviene en la hermen\u00e9utica\/interpretaci\u00f3n de la Historia, por su tendencia a consolidar narrativas dominantes y marginar memorias regionales, populares o latinoamericanas.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde una perspectiva cr\u00edtica, varios investigadores sostienen que los algoritmos funcionan como productos culturales e hist\u00f3ricos. Rodrigo Ram\u00edrez Autr\u00e1n afirma que \u201clos sistemas de inteligencia artificial aprenden de estructuras sociales previamente existentes y, por ello, reproducen sesgos presentes en la cultura y en los datos\u201d (Ram\u00edrez Autr\u00e1n, 2023). Esta observaci\u00f3n permite comprender que las respuestas generadas por modelos de lenguaje no son completamente objetivas, sino que tienden a reproducir visiones hegem\u00f3nicas del mundo, muchas veces provenientes del norte global.<\/p>\n\n\n\n<p>En el campo espec\u00edfico de la Historia, esto se traduce en una sobrerrepresentaci\u00f3n de relatos desarrollados en el Atl\u00e1ntico Norte (europeos y estadounidenses), mientras las experiencias latinoamericanas aparecen reducidas o estereotipadas. Diversos estudios sobre IA generativa y cultura digital sostienen que los modelos presentan dificultades para interpretar adecuadamente contextos latinoamericanos. Seg\u00fan Mar\u00eda Eugenia D\u00edaz, \u201cla automatizaci\u00f3n del conocimiento puede reforzar narrativas coloniales cuando las bases de datos excluyen voces perif\u00e9ricas\u201d (D\u00edaz, 2024). La consecuencia es que la IA puede consolidar una visi\u00f3n euroc\u00e9ntrica de la Historia, en la que Am\u00e9rica Latina contin\u00faa ocupando un lugar subordinado-perif\u00e9rico-incompleto, en s\u00edntesis: a colonizar y\/o a \u201ceducar\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En este punto, resulta pertinente recuperar el concepto de \u201ccolonizaci\u00f3n pedag\u00f3gica\u201d desarrollado por Arturo Jauretche. Jauretche sosten\u00eda que gran parte del sistema educativo y cultural latinoamericano hab\u00eda sido construido para reproducir una mirada extranjera sobre la realidad nacional. En <em>Los profetas del odio<\/em>, afirmaba que \u201cse nos ense\u00f1\u00f3 a mirar el pa\u00eds con ojos ajenos\u201d (Jauretche, 1957). Esta idea puede trasladarse al funcionamiento contempor\u00e1neo de la IA: los algoritmos interpretan la Historia a partir de bases de datos dominadas por perspectivas europeas y estadounidenses, reproduciendo una nueva forma de dependencia cultural.<\/p>\n\n\n\n<p>La noci\u00f3n de colonizaci\u00f3n pedag\u00f3gica adquiere todav\u00eda mayor relevancia cuando se analiza la circulaci\u00f3n masiva de informaci\u00f3n mediante tecnolog\u00edas digitales. As\u00ed como Jauretche criticaba los manuales escolares y la prensa liberal por consolidar un \u201csentido com\u00fan colonizado\u201d, hoy puede observarse un fen\u00f3meno similar en las plataformas algor\u00edtmicas. La aparente neutralidad t\u00e9cnica de la IA oculta la existencia de criterios ideol\u00f3gicos presentes en la selecci\u00f3n, jerarquizaci\u00f3n y producci\u00f3n de contenidos hist\u00f3ricos.<\/p>\n\n\n\n<p>En la misma l\u00ednea, Ferm\u00edn Ch\u00e1vez cuestion\u00f3 profundamente la historiograf\u00eda liberal argentina por excluir las tradiciones populares y federales. Ch\u00e1vez sosten\u00eda que la Historia oficial hab\u00eda sido escrita desde una perspectiva olig\u00e1rquica y europeizante que negaba las ra\u00edces nacionales y latinoamericanas. En obras como <em>Civilizaci\u00f3n y barbarie en la cultura argentina<\/em>, defendi\u00f3 la necesidad de construir una interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica situada en la experiencia popular del continente. Desde esta mirada, la IA corre el riesgo de transformarse en una nueva herramienta de reproducci\u00f3n de la \u201cHistoria oficial\u201d, ya que privilegia las fuentes m\u00e1s visibles y digitalizadas, generalmente producidas por instituciones acad\u00e9micas o culturales del norte global.<\/p>\n\n\n\n<p>A estos aportes se suman las reflexiones de Norberto Galasso, quien desarroll\u00f3 una fuerte cr\u00edtica al revisionismo liberal y al car\u00e1cter dependiente de la cultura argentina. Galasso sostuvo que gran parte de la historiograf\u00eda tradicional hab\u00eda construido una \u201cHistoria oficial\u201d funcional a los intereses de las elites econ\u00f3micas y culturales vinculadas a Europa. En <em>La larga lucha de los argentinos<\/em>, afirmaba que \u201cla dependencia econ\u00f3mica genera tambi\u00e9n dependencia cultural\u201d (Galasso, 2008). Esta idea resulta especialmente relevante para analizar la inteligencia artificial, ya que los modelos algor\u00edtmicos no solo dependen tecnol\u00f3gicamente de corporaciones extranjeras, sino tambi\u00e9n de matrices culturales producidas fuera de Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n\n\n\n<p>Galasso tambi\u00e9n advert\u00eda que el control de la interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica constituye una herramienta de poder pol\u00edtico. En sus estudios sobre el revisionismo hist\u00f3rico argentino se\u00f1alaba que las clases dominantes construyen relatos hist\u00f3ricos destinados a legitimar proyectos econ\u00f3micos y sociales determinados. Desde esta perspectiva, la IA puede convertirse en un nuevo instrumento de dominaci\u00f3n ideol\u00f3gica, al presentar como neutrales narrativas hist\u00f3ricas seleccionadas algor\u00edtmicamente. Si las bases de datos privilegian determinadas fuentes y excluyen otras, la tecnolog\u00eda reproduce una visi\u00f3n parcial del pasado bajo una apariencia cient\u00edfica.<\/p>\n\n\n\n<p>Otras corrientes de las ciencias sociales, como las teor\u00edas decoloniales latinoamericanas, permiten profundizar esta cr\u00edtica. An\u00edbal Quijano desarroll\u00f3 el concepto de \u201ccolonialidad del poder\u201d para explicar c\u00f3mo las estructuras de dominaci\u00f3n nacidas durante la conquista contin\u00faan organizando la econom\u00eda, la cultura y el conocimiento en Am\u00e9rica Latina. Quijano afirmaba que \u201cEuropa concentr\u00f3 bajo su hegemon\u00eda el control de todas las formas de subjetividad, cultura y producci\u00f3n de conocimiento\u201d (Quijano, 2000). Aplicado a la inteligencia artificial, esto implica que los sistemas algor\u00edtmicos pueden reproducir la colonialidad al priorizar conocimientos legitimados por centros acad\u00e9micos y tecnol\u00f3gicos occidentales, relegando saberes latinoamericanos, ind\u00edgenas y populares.<\/p>\n\n\n\n<p>Por su parte, Walter Mignolo sostiene que la modernidad europea siempre estuvo acompa\u00f1ada por una l\u00f3gica de colonialidad. En <em>La idea de Am\u00e9rica Latina<\/em>, afirma que \u201cla colonialidad es el lado oscuro de la modernidad\u201d (Mignolo, 2007). Esta reflexi\u00f3n resulta fundamental para pensar la IA contempor\u00e1nea: aunque las tecnolog\u00edas digitales se presentan como s\u00edmbolos de progreso y neutralidad, tambi\u00e9n pueden funcionar como mecanismos de dominaci\u00f3n cultural y epistemol\u00f3gica. La acumulaci\u00f3n masiva de datos y la centralizaci\u00f3n tecnol\u00f3gica en corporaciones del norte global reproducen relaciones hist\u00f3ricas de dependencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, Enrique Dussel critica el eurocentrismo presente en la construcci\u00f3n del conocimiento moderno. Dussel sostiene que \u201cla modernidad se constituy\u00f3 ocultando y subordinando a los pueblos perif\u00e9ricos\u201d (Dussel, 1994). Desde la filosof\u00eda de la liberaci\u00f3n, propone recuperar las voces hist\u00f3ricamente silenciadas por el colonialismo. En relaci\u00f3n con la IA, esto implica cuestionar qui\u00e9n produce los datos, qu\u00e9 memorias son digitalizadas y cu\u00e1les quedan excluidas de los sistemas de entrenamiento algor\u00edtmico. La selecci\u00f3n de informaci\u00f3n nunca es neutral: responde a relaciones de poder hist\u00f3ricas y geopol\u00edticas.<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, las reflexiones del papa Francisco permiten profundizar la cr\u00edtica latinoamericana a las nuevas formas de dependencia cultural y tecnol\u00f3gica. En diversas intervenciones p\u00fablicas y documentos pontificios, Francisco advirti\u00f3 que las relaciones internacionales contempor\u00e1neas contin\u00faan organizadas mediante estructuras de poder desiguales que subordinan econ\u00f3mica, cultural y tecnol\u00f3gicamente a los pa\u00edses perif\u00e9ricos. En la enc\u00edclica <em>Fratelli tutti <\/em>sostuvo que \u201clas colonizaciones culturales contin\u00faan destruyendo la identidad de muchos pueblos\u201d (Francisco, 2020). Esta reflexi\u00f3n resulta especialmente relevante para analizar la inteligencia artificial, ya que gran parte de las tecnolog\u00edas digitales utilizadas globalmente son producidas y controladas por corporaciones y centros tecnol\u00f3gicos radicados en las principales potencias econ\u00f3micas. Francisco tambi\u00e9n cuestion\u00f3 reiteradamente el funcionamiento de un sistema global que concentra el poder econ\u00f3mico, financiero y tecnol\u00f3gico en actores transnacionales capaces de condicionar las formas de producci\u00f3n cultural y circulaci\u00f3n del conocimiento. En la enc\u00edclica <em>Laudato si&#8217;<\/em> afirmaba que \u201cla tecnolog\u00eda vinculada a las finanzas pretende ser la \u00fanica soluci\u00f3n de los problemas\u201d (Francisco, 2015). Desde esta perspectiva, la aparente neutralidad t\u00e9cnica de la inteligencia artificial puede ocultar relaciones de dependencia y mecanismos de dominaci\u00f3n cultural semejantes a los denunciados hist\u00f3ricamente por el pensamiento nacional latinoamericano.<\/p>\n\n\n\n<p>La cr\u00edtica de Francisco adquiere particular importancia en relaci\u00f3n con Am\u00e9rica Latina. En distintos discursos dirigidos a movimientos populares y organizaciones sociales, advirti\u00f3 sobre las nuevas formas de colonialismo econ\u00f3mico y cultural ejercidas sobre los pa\u00edses perif\u00e9ricos. Estas din\u00e1micas no operan \u00fanicamente mediante mecanismos militares o financieros, sino tambi\u00e9n a trav\u00e9s del control de la informaci\u00f3n, la tecnolog\u00eda y los sistemas de comunicaci\u00f3n globales. Aplicado al campo de la inteligencia artificial, esto implica reconocer que los algoritmos no constituyen herramientas neutrales, sino dispositivos atravesados por intereses econ\u00f3micos, pol\u00edticos y culturales que pueden reforzar visiones hegem\u00f3nicas del mundo e invisibilizar experiencias hist\u00f3ricas latinoamericanas.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, el pensamiento de Francisco dialoga con las reflexiones de Arturo Jauretche, Norberto Galasso y Enrique Dussel, quienes sostienen que la dependencia econ\u00f3mica siempre produce formas de subordinaci\u00f3n cultural y epistemol\u00f3gica. La concentraci\u00f3n global de datos, plataformas digitales y sistemas de inteligencia artificial en pocas corporaciones internacionales puede interpretarse como una nueva etapa de esa dependencia hist\u00f3rica, ahora desarrollada en el plano algor\u00edtmico y tecnol\u00f3gico.<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, los estudios sobre discurso e ideolog\u00eda en modelos de IA se\u00f1alan que las respuestas generadas no solo organizan informaci\u00f3n, sino que tambi\u00e9n transmiten valores impl\u00edcitos. Brenda Luz Corchado Robles sostiene que \u201clos modelos conversacionales producen estructuras discursivas que aparentan neutralidad, aunque contienen posiciones ideol\u00f3gicas derivadas de sus datos de entrenamiento\u201d (Corchado Robles, 2024). En t\u00e9rminos hist\u00f3ricos, esto puede afectar la forma en que se narran procesos pol\u00edticos sensibles, como las dictaduras latinoamericanas, los movimientos revolucionarios o las luchas sociales del siglo XX.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra dimensi\u00f3n importante es la llamada \u201cinjusticia epist\u00e9mica\u201d. La fil\u00f3sofa Inmaculada Perdomo Reyes explica que \u201cla inteligencia artificial generativa reproduce desigualdades de acceso y representaci\u00f3n del conocimiento bajo la apariencia de objetividad t\u00e9cnica\u201d (Perdomo Reyes, 2023). Este problema resulta especialmente relevante para la Historia latinoamericana, ya que muchas memorias ind\u00edgenas, afrodescendientes y populares quedan fuera de los grandes corpus digitales utilizados para entrenar algoritmos. Como consecuencia, ciertos relatos hist\u00f3ricos son invisibilizados mientras otros adquieren legitimidad autom\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p>A nivel pol\u00edtico y geopol\u00edtico, algunos autores latinoamericanos cuestionan la concentraci\u00f3n de la industria tecnol\u00f3gica en pocas corporaciones globales. Micaela S\u00e1nchez Malcolm sostiene que \u201cla gobernanza de la inteligencia artificial est\u00e1 condicionada por relaciones de poder econ\u00f3mico y tecnol\u00f3gico que reproducen dependencias hist\u00f3ricas\u201d (S\u00e1nchez Malcolm, 2024). Desde esta perspectiva, las tendencias ideol\u00f3gicas de la IA no son errores accidentales, sino expresiones de estructuras hist\u00f3ricas de dominaci\u00f3n cultural y econ\u00f3mica.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, los debates actuales muestran que el problema no consiste \u00fanicamente en la existencia de sesgos, sino en la creciente dependencia social respecto de sistemas automatizados para acceder al conocimiento hist\u00f3rico. Si las nuevas generaciones utilizan IA para comprender procesos complejos, existe el riesgo de naturalizar interpretaciones parciales o ideol\u00f3gicamente orientadas. En este sentido, Paulo Freire advert\u00eda que \u201cno hay educaci\u00f3n neutral: toda pr\u00e1ctica educativa implica una visi\u00f3n del mundo\u201d (Freire, 1970). Aplicada al contexto digital contempor\u00e1neo, esta idea permite pensar que tampoco existe una inteligencia artificial completamente neutral.<\/p>\n\n\n\n<p>En pocas palabras, los estudios latinoamericanos sobre inteligencia artificial muestran que la IA debe entenderse como una tecnolog\u00eda atravesada por relaciones hist\u00f3ricas, culturales e ideol\u00f3gicas. Las reflexiones de Jauretche, Ferm\u00edn Ch\u00e1vez y Norberto Galasso dialogan profundamente con los aportes de Quijano, Mignolo y Dussel: todos advierten que el control del conocimiento constituye una forma de dominaci\u00f3n pol\u00edtica y cultural. As\u00ed como en el siglo XX la colonizaci\u00f3n pedag\u00f3gica operaba mediante la escuela, la prensa y la historiograf\u00eda liberal, en el siglo XXI puede reproducirse mediante algoritmos y plataformas digitales que organizan el acceso al conocimiento hist\u00f3rico. Por ello, el principal desaf\u00edo para Am\u00e9rica Latina consiste en desarrollar modelos cr\u00edticos y culturalmente situados, capaces de incorporar perspectivas hist\u00f3ricas diversas y evitar que las tecnolog\u00edas digitales reproduzcan nuevas formas de dependencia cultural bajo una apariencia de objetividad algor\u00edtmica.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>II. La memoria, los recuerdos, la Historia y la historiograf\u00eda en nuestra Am\u00e9rica<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El escritor oriental Felisberto Hern\u00e1ndez (Montevideo, 1902-1964) ha trabajado en varios de sus cuentos\/textos\/ensayos el tema de la relaci\u00f3n existente entre el narrador, su memoria y sus recuerdos. En esta l\u00ednea, se pregunt\u00f3: \u201c\u00bfla memoria es lo mismo que el recuerdo o la historia?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Una primera inquietud se relaciona con la distinci\u00f3n entre la memoria y el recuerdo. Seg\u00fan el escritor oriental el recuerdo depende de la memoria, es m\u00e1s, la memoria puede \u201cdisparar\u201d en un momento ciertos recuerdos, y luego seleccionar otros recuerdos sobre un mismo hecho. Escribe Felisberto Hern\u00e1ndez: \u201cEntre la persona que yo fui y el tipo que yo iba a ser, quedar\u00eda una cosa en com\u00fan: los recuerdos. Pero los recuerdos, a medida que iban siendo de la persona que yo ser\u00eda, a pesar de conservar los mismo l\u00edmites visuales y parecida organizaci\u00f3n de datos, iban teniendo un alma distinta.\u201d (Hern\u00e1ndez, 2009: p. 129)<\/p>\n\n\n\n<p>En el mundo occidental, desde la antig\u00fcedad y hasta nuestros d\u00edas, se ha planteado que recordar, hacer memoria y hacer Historia no es la misma cosa. El historiador italiano Carlo Ginzburg (Tur\u00edn, 1939), que ha trabajado distintos aspectos asociados con este problema (Ginzburg, 1993), afirma que los recuerdos son individuales mientras que la memoria es colectiva. Mientras a los recuerdos se les permiten ciertas licencias (emociones y sentimientos personales), a la memoria se le reclama validez, fuentes, testigos.<\/p>\n\n\n\n<p>Como otros historiadores y estudiosos del tema (Paul Ricouer, 2000; Arnaldo Momigliano, 1993; Michel Foucault, 2015), Ginzburg reconoce que el primero en plantear el tema \u2014y entonces, sembrar el problema\u2014 fue Plat\u00f3n (Atenas, 427-347 a.C.) en dos de sus obras: <em>Fedro<\/em> (385-370 a.C.) y <em>Teeteto<\/em>&nbsp; (369-347 a.C.). All\u00ed Plat\u00f3n narra el di\u00e1logo de una tarde de verano entre S\u00f3crates y su joven amigo Fedro. La conversaci\u00f3n comienza cuando Fedro le habla a S\u00f3crates sobre un discurso de Lisias, el orador, sobre el tema del amor. La curiosidad de S\u00f3crates lleva a solicitarle a Fedro mayores precisiones sobre lo dicho por Lisias, y Fedro le responde: \u201c\u00bfCrees que yo, de todo lo que con tiempo y sosiego compuso Lisias, el m\u00e1s h\u00e1bil de los que ahora escriben, siendo como soy profano en estas cosas me voy a contar de una manera digna de \u00e9l?\u201d (Plat\u00f3n, 2000: p. 19) La conversaci\u00f3n sigue, pero me interesa principalmente aqu\u00ed observar el planteo que nos deja Plat\u00f3n sobre la supuesta superioridad de la escritura sobre la memoria. En otra parte de <em>Fedro<\/em><em>,<\/em><em> <\/em>Plat\u00f3n utiliza un mito supuestamente egipcio para, dice Carlo Ginzburg, \u201cmenospreciar la escritura\u201d. El mito es el siguiente: el dios Theuth, tras inventar las letras, dice que su invento \u201char\u00e1 m\u00e1s sabios a los egipcios y m\u00e1s memoriosos\u201d, ya que se ha inventado como f\u00e1rmaco (pharmakon) de la memoria y la sabidur\u00eda. Pero el rey Thamus muestra su desacuerdo y afirma: \u201cEs olvido lo que producir\u00e1n en las almas de quienes las aprendan, al descuidar la memoria, ya que, fi\u00e1ndose de lo escrito, llegar\u00e1n al recuerdo desde afuera, a trav\u00e9s de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por s\u00ed mismos. No es, pues, un f\u00e1rmaco, sino un simple recordatorio. Apariencia de sabidur\u00eda es lo que proporcionas a tus alumnos, que no es verdad. Porque habiendo o\u00eddo muchas cosas sin aprenderlas, parecer\u00e1 que tienen muchos conocimientos, siendo, al contrario, en la mayor\u00eda de los casos, totalmente ignorantes, y dif\u00edciles, adem\u00e1s, de tratar porque han acabado por convertirse en sabios aparentes en lugar de sabios de verdad.\u201d (Plat\u00f3n, 2000: p. 19) Con estos di\u00e1logos, Plat\u00f3n incorpora a la escritura en el problema; y, por ende, a la Historia. Arist\u00f3teles (Estagira, 384 a.C.-322 a.C.), en su obra <em>Del sentido y lo sensible y de la memoria y el recuerdo<\/em>, se pregunta: \u201c\u00bfc\u00f3mo alguien puede recordar algo que no est\u00e1 presente?\u201d. Arist\u00f3teles comparaba a la memoria como, escrib\u00eda, \u201cuna especie de grabado o pintura\u201d; dec\u00eda, tambi\u00e9n: \u201cel est\u00edmulo que produce la impresi\u00f3n de una especie de semejanza de lo percibido, igual que cuando los hombres sellan algo con sus dedos sellados.\u201d (Arist\u00f3teles, 2000: pp. 30-32)<\/p>\n\n\n\n<p>Repasemos.<\/p>\n\n\n\n<p>Una persona, por ejemplo, recuerda y decide escribir sobre esos recuerdos que le vienen desde la memoria. Plat\u00f3n expone que esos recuerdos, al volverse escritos, sufren no solo un desplazamiento f\u00edsico del recuerdo al papel, sino que adem\u00e1s se degradan, ya que la memoria no est\u00e1 exenta de ciertos omisiones u olvidos: en resumen, no es infalible. No es la memoria, como dec\u00eda el dios egipcio Theuth, un f\u00e1rmaco contra el olvido, sino que m\u00e1s bien es un paliativo, \u201cun simple recordatorio\u201d. Frente a estos problemas, los humanos, tras la creaci\u00f3n de la escritura, formaron a especialistas en el estudio y en la escritura del pasado: los historiadores. La Historia, la memoria y los recuerdos forman parte de una misma familia, pero cada uno tiene caracter\u00edsticas propias y cumple funciones diferentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Siguiendo a Plat\u00f3n, Arist\u00f3teles y Carlo Ginzburg, los libros de memorias estar\u00edan m\u00e1s cerca de la verdad, de lo real, de lo acontecido, que otros tipos de textos, como pueden ser, por ejemplo, los hist\u00f3ricos, ya que los historiadores generalmente logran tener mayor aceptaci\u00f3n cuanto m\u00e1s se distancian de los hechos que narran. En este sentido algunos estudiosos de la Historia y de la Historiograf\u00eda, como el historiador brit\u00e1nico Eric Hobsbawm, afirman que la funci\u00f3n central del historiador es \u201crecordar lo que otros olvidan\u201d (Hobsbawm, 2009: p. 13). En cambio, un libro de memorias es un libro m\u00e1s cercano, no busca la distancia emocional y sentimental con lo que se narra, sino pr\u00e1cticamente todo lo contrario. Por otra parte, muchos de los testimonios fueron escritos inmediatamente despu\u00e9s de que sucedieron, a modo de diario personal, estrechando a\u00fan m\u00e1s la relaci\u00f3n hecho-recuerdo\/memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>En este punto, nos interesa se\u00f1alar un componente m\u00e1s que separa a los y las lectores\/as del presente, respecto a los hechos del pasado narrados por los especialistas: es decir, por los y las historiadores\/as.<\/p>\n\n\n\n<p>Arist\u00f3teles, Plat\u00f3n, Momigliano, Ginzburg y Hobsbawm no han sufrido el problema que han sufrido los habitantes de nuestra Am\u00e9rica bajo la Cruz del Sur: es decir, de este lugar del planeta donde los narradores de la historia, desde el nacimiento de la disciplina historiogr\u00e1fica, incumplieron con los principios, m\u00e9todos, patrones, pautas y procedimientos que rigen al oficio del historiador. En la Argentina, estas desviaciones y trastornos tuvieron un particular y profundo impacto por haber sido sistem\u00e1ticamente implementados durante el periodo de la masiva inmigraci\u00f3n europea al pa\u00eds. El historiador, ensayista y pol\u00edtico Jorge Abelardo Ramos (Buenos Aires, 1921-1994) es probablemente quien mejor resume este problema: \u201cLos poetas de levita escribieron pausadamente, m\u00e1s tarde, la historia novelesca que les granje\u00f3 la fama buena para ellos y la mala fama para los otros. Esta distribuci\u00f3n del prestigio fue una operaci\u00f3n colosal, y ha perdurado en las escuelas por donde pasamos todos. La tradici\u00f3n oral de la historia no escrita se confin\u00f3 en el interior patriarcal; pero los hijos de los inmigrantes aposentados en la regi\u00f3n litorale\u00f1a aprendieron la historia argentina en los textos de la oligarqu\u00eda triunfante. Los libros no pod\u00edan confundir a los v\u00e1stagos del criollaje, porque se transmit\u00eda a ellos la versi\u00f3n tradicional de sus abuelos; pero a los argentinos descendientes de europeos, cuyos abuelos estaban en Europa, no les qued\u00f3 m\u00e1s remedio que hundirse en la versi\u00f3n oficial del pasado. As\u00ed se produjo el divorcio entre la verdad y la letra, de acuerdo a una idea de [Marc] Bloch, brillantemente parafraseada por [Arturo] Jauretche.\u201d (Ramos, 1960: pp. 9-10)<\/p>\n\n\n\n<p><strong>III. La narrativa del pasado en Am\u00e9rica Latina y el Caribe. La doble exclusi\u00f3n de los pueblos. G\u00e9nesis del problema<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Tras la emancipaci\u00f3n, el proceso de conformaci\u00f3n y construcci\u00f3n de los Estados en Am\u00e9rica ser\u00e1 llevado a cabo por las elites letradas de las ciudades portuarias, defensoras de econom\u00edas abiertas al mercado europeo. Estas elites, como se\u00f1ala el antrop\u00f3logo brasile\u00f1o Darcy Ribeiro, realizar\u00e1n una segunda conquista contra todos \u201clos pueblos\u201d (ind\u00edgenas, mestizos, negros y mulatos) que, parad\u00f3jicamente fueron, conjuntamente con los criollos, quienes lograron la emancipaci\u00f3n. (Ribeiro, 1969)<\/p>\n\n\n\n<p>Estas elites vencer\u00e1n en las guerras civiles a todos los representantes elegidos por los \u201cpueblos\u201d de las provincias y regiones no hegem\u00f3nicas. La victoria sobre estos sectores iniciar\u00e1 un proceso que llega hasta nuestros d\u00edas, en el que prim\u00f3 la exclusi\u00f3n de los espacios de decisi\u00f3n y, luego, la negaci\u00f3n de su pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>Pr\u00e1cticamente 300 a\u00f1os despu\u00e9s del inicio de la conquista, los Estados en Am\u00e9rica Latina y el Caribe que surgieron durante el siglo XIX, se basaron en una matriz de pensamiento pol\u00edtico y econ\u00f3mico liberal, ilustrado o iluminista, que emergi\u00f3 en Europa tras la Revoluci\u00f3n Francesa. En este sentido las elites letradas de las ciudades puerto inventar\u00e1n las naciones americanas desde una matriz de pensamiento iluminista durante el siglo XIX, y positivista (racista, evolucionista y euroc\u00e9ntrica), despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Parad\u00f3jicamente, la contemporaneidad surgida de la Revoluci\u00f3n francesa en Europa, s\u00ed reconoce el pasado hist\u00f3rico. Vale decir, la conformaci\u00f3n de las nacionalidades europeas, en Francia, Alemania e Italia, redimensionan la esencia de sus \u201cpueblos\u201d, dedicando especial atenci\u00f3n a su pasado, historia, cultura y tradiciones (Mosse, 2004) (Rosanvallon, 2007). Por ello la contemporaneidad europea se asume como representativa de sus pueblos, devenidos de ahora en m\u00e1s \u201cciudadanos\u201d. Sus principios fundantes son los declarados durante la Revoluci\u00f3n francesa de 1789: libertad, igualdad, fraternidad. Principios que, por otra parte, aunque se declararon como \u201cuniversales\u201d, fueron negados en otros lugares del planeta. Por ejemplo, los franceses revolucionarios niegan estos principios en Am\u00e9rica para los revolucionarios negros de Hait\u00ed: los principios, afirmaron los revolucionarios franceses, eran solo para los blancos europeos. Incluso con la victoria de los revolucionarios haitianos, son los haitianos y no los franceses los que vuelven universales a estos principios. En la Constituci\u00f3n que sancionan en 1805 no distinguen color, raza ni lugar de nacimiento. Dice la Constituci\u00f3n Imperial de Hait\u00ed de 1805:<\/p>\n\n\n\n<p>Tanto en nuestro nombre particular como en el del pueblo de Hait\u00ed, que legalmente constituimos los \u00f3rganos fieles y a los portavoces de su voluntad. En presencia del Ser Supremo, delante de quien son iguales los mortales, y que ha esparcido tantas especies de criaturas diferentes en la superficie del globo con el fin de manifestar su gloria y su poder en la diversidad de sus obras; enfrente de la naturaleza entera, de la que nosotros hemos sido tan injustamente y despu\u00e9s de tanto tiempo considerados como los hijos rechazados: Declaramos que el contenido de la presente Constituci\u00f3n es la expresi\u00f3n libre, espont\u00e1nea e invariable de nuestros corazones y de la voluntad general de nuestros conciudadanos; la sometemos a la sanci\u00f3n de Su Majestad el emperador Jacques Dessalines, nuestro libertador, para recibir su r\u00e1pida y entera ejecuci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en el art\u00edculo 14 de la Constituci\u00f3n declaran:<\/p>\n\n\n\n<p>Art. 14. Necesariamente debe cesar toda acepci\u00f3n de color entre los hijos de una sola y misma familia donde el Jefe del Estado es el padre; a partir de ahora los haitianos solo ser\u00e1n conocidos bajo la denominaci\u00f3n gen\u00e9rica de negros. (Gr\u00fcner, 2012: pp. 223-229)<\/p>\n\n\n\n<p>Como puede observarse, los revolucionarios haitianos no solo reconocen el valor de la historia, sino que la articulan con su memoria y su pasado de injusticias y traslados forzados con las causas de su revoluci\u00f3n y posterior sanci\u00f3n de una Constituci\u00f3n nacional.<\/p>\n\n\n\n<p>En s\u00edntesis, los haitianos no parten de un punto cero como en los otros casos de Am\u00e9rica en los que se enorgullecen de saberse herederos de la tradici\u00f3n republicana norteamericana y francesa, sino que proponen todo lo contrario.<\/p>\n\n\n\n<p>En la mayor\u00eda de los casos de Am\u00e9rica Latina y el Caribe, este reconocimiento del pasado de los pueblos \u2014es decir, el reconocimiento de qui\u00e9nes habitaban las tierras\u2014 no fue el mismo. Lejos de reconocer la historia de los pueblos de las Am\u00e9ricas, lo que prim\u00f3 fue una matriz de pensamiento surgida en Europa. Quienes se encargaron de introducirla y difundirla fueron las elites letradas de las ciudades puerto, grupos que miraban al Atl\u00e1ntico, fundamentalmente a los principales centros urbanos de las potencias europeas. Lo cierto es que estas elites se adue\u00f1aron de los Estados, venciendo con las armas y, en algunos casos, con la ayuda de los imperialismos europeos, a los otros proyectos de Estado Nacional. Buena parte de estos \u201cotros proyectos\u201d no respond\u00edan al pensamiento liberal decimon\u00f3nico, sino que proven\u00edan de las tradiciones arraigadas en el periodo anterior a la emancipaci\u00f3n. Eran proyectos que ten\u00edan su basamento en expresiones tales como los movimientos de emancipaci\u00f3n indigenistas, las experiencias de las misiones jesu\u00edticas, ideas surgidas de gobernadores, coroneles y generales de las ciudades del llamado \u201cinterior\u201d, o bien que surg\u00edan de los liderazgos revolucionarios de personalidades como Sim\u00f3n Bol\u00edvar, Jos\u00e9 de San Mart\u00edn y Jos\u00e9 Gervasio Artigas.<\/p>\n\n\n\n<p>En la Argentina, como en otros lugares del mundo, la disciplina hist\u00f3rica naci\u00f3 con el Estado; en ese sentido, como se\u00f1ala&nbsp;el historiador brit\u00e1nico Peter Burke (Burke, 1991) pero tambi\u00e9n y mucho antes, nuestro Ram\u00f3n Doll (Doll, 1934), la historiograf\u00eda fue un instrumento, una herramienta de los sectores que llegaron al poder para narrar una historia af\u00edn a sus intereses.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En este punto deber\u00edamos hacernos una nueva pregunta: \u00bfc\u00f3mo se convierte lo que han narrado unos pocos en la historia de todos y todas los\/as argentinos\/as? En otras palabras, si uno realiza una r\u00e1pida investigaci\u00f3n, encuentra que sobre el tema de los caudillos, por ejemplo, las nociones que perduraron como hegem\u00f3nicas, con los matices seg\u00fan cada caso, hasta bien entrado el siglo XX, eran deudoras de las lucubraciones de un pu\u00f1ado de historiadores argentinos: Bartolom\u00e9 Mitre, en su&nbsp;<em>Historia de Belgrano y de la independencia <\/em><em>a<\/em><em>rgentina<\/em>, 5 tomos (1857); Vicente Fidel L\u00f3pez,&nbsp;<em>Historia de la Rep\u00fablica Argentina<\/em>, \u00absu origen, su revoluci\u00f3n y su desarrollo pol\u00edtico hasta 1852\u00bb, 10 tomos (1883-1893); Adolfo Sald\u00edas,&nbsp;<em>Historia de la Confederaci\u00f3n Argentina&nbsp;<\/em>(1881-1883); y Ricardo Levene,&nbsp;<em>La anarqu\u00eda de 1820 en Buenos Aires desde el punto de vista institucional<\/em>&nbsp;(1932).<\/p>\n\n\n\n<p>En respuesta a la pregunta de c\u00f3mo lo narrado por unos pocos se convierte en la historia de todos y todas, encuentro dos operaciones simult\u00e1neas que accionaron para que ello suceda. En relaci\u00f3n a la primera operaci\u00f3n, observo que los cuatro historiadores mencionados \u2014aunque se podr\u00edan mencionar muchos m\u00e1s\u2014 no eran solo historiadores, sino que eran \u201chombres de Estado\u201d: presidentes, ministros, funcionarios con cargos en distintas \u00e1reas del Estado. En consecuencia, la implementaci\u00f3n de \u201csus historias\u201d era mucho m\u00e1s viable, realizable, ejecutable. Tomemos el caso de Bartolom\u00e9 Mitre, quien al tiempo que ejerc\u00eda el cargo de presidente (1862-1868), fundaba en 1863 el primer Colegio Nacional, en un intento por formar una elite pol\u00edtica ilustrada<a href=\"#_ftn1\" id=\"_ftnref1\">[1]<\/a> bajo los preceptos de una cosmovisi\u00f3n \u2014una forma de concebir \u201clas cosas del mundo\u201d\u2014 liberal, eurocentrista y evolucionista, en todas las provincias de la Naci\u00f3n<a href=\"#_ftn2\" id=\"_ftnref2\">[2]<\/a>.&nbsp;Para Mitre era fundamental que en cada capital de provincia se instalara uno o varios colegios nacionales con el objeto de lograr orden y progreso. Sin duda el Estado nacional cumpli\u00f3 con esta meta: en 1899 exist\u00edan 18 colegios nacionales en todo el territorio argentino, y algunas provincias contaban con varios de ellos. En s\u00edntesis, su propuesta era la de implantar en el pa\u00eds una dirigencia pol\u00edtica ilustrada, que garantizar\u00eda, a sus ojos, la formaci\u00f3n de buenos gobiernos: esto es, gobernantes que respetaran las leyes de la Constituci\u00f3n republicana y liberal. En estos colegios nacionales se impart\u00edan una serie de materias: lat\u00edn, gram\u00e1tica, geograf\u00eda, literatura y, por supuesto, Historia. En esta \u00faltima materia los contenidos a dictar se fundaban en la Historia narrada por el mismo Mitre (Herrero, 2010).<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, bajo esta concepci\u00f3n propia de Mitre, ten\u00eda escaso valor la ense\u00f1anza t\u00e9cnica o industrial, puesto que los colegios nacionales preparaban al individuo para todo tipo de actividades que requiriera \u201cesa sociedad\u201d liberal, eurocentrista y evolucionista, pero a la vez absolutamente dependiente de los productos industriales europeos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, los relatos, como han se\u00f1alado pensadores, historiadores, fil\u00f3sofos, te\u00f3logos, desde Plat\u00f3n (Plat\u00f3n, 1997) hasta An\u00edbal Quijano (Quijano, 1988) y Norberto Galasso (Galasso, 2012), tienen efectos diferentes sobre los humanos; m\u00e1s a\u00fan, si estos humanos no han participado en los acontecimientos que les son narrados. En otras palabras, sin la posibilidad de la transmisi\u00f3n por v\u00eda oral de los sucesos (de padres a hijos, de abuelos a nietos), lo escrito, lo aprendido en la escuela, colegios, universidades, se convierte en el \u00fanico relato de los tiempos pasados.<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso de la Argentina, entre mediados del siglo XIX e inicios del siglo XX se producen las transformaciones sociales m\u00e1s profundas de su historia. Tras la victoria de Buenos Aires sobre las Provincias en la Batalla de Pav\u00f3n (1861), comenz\u00f3 una fase de sistem\u00e1tica aniquilaci\u00f3n de los gauchos e indios, percibidos por el gobierno porte\u00f1o vencedor y por la narrativa oficial, como el atraso y la amenaza para un proyecto de Naci\u00f3n. Al mismo tiempo, se motorizaba desde los hombres del Estado (presidentes, ministros, funcionarios y profesores de los colegios y universidades nacionales) el reemplazo de estas poblaciones \u2014gauchos e indios\u2014 por inmigrantes europeos&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En definitiva, se cerraba el ciclo, ya que los inmigrantes eran hombres y mujeres que no hab\u00edan participado en los hechos de los tiempos pasados, y que tampoco hab\u00edan tenido la posibilidad de escuchar la historia oral de quienes s\u00ed participaron en las luchas por la emancipaci\u00f3n y en las guerras civiles.<\/p>\n\n\n\n<p>Tomemos otro ejemplo. Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez (Aracatara, 1927-2014), en su extraordinaria novela <em>Cien a\u00f1os de soledad<\/em> (Garc\u00eda M\u00e1rquez, 1967), narra la llamada \u201cmasacre o matanza de las bananeras\u201d: esta parte de la novela es m\u00e1s real que m\u00e1gica o m\u00e1s m\u00e1gica que real, por la tragedia de una historiograf\u00eda colombiana y latinoamericana que se ha ocupado de tapar la masacre. En diciembre de 1928 la huelga llevaba casi un mes y el ej\u00e9rcito colombiano decidi\u00f3 intervenir en defensa de los intereses de la United Fruit Company norteamericana contra los leg\u00edtimos reclamos de los trabajadores colombianos. La matanza dej\u00f3 un n\u00famero de muertos impreciso, que la historia oficial se ocup\u00f3 de minimizar.<\/p>\n\n\n\n<p>Garc\u00eda M\u00e1rquez, en una entrevista para la televisi\u00f3n brit\u00e1nica en 1990, coment\u00f3 el acontecimiento:<\/p>\n\n\n\n<p>Periodista: \u2014\u00bfFueron tres mil, o una cantidad cercana a ese n\u00famero, los obreros asesinados por el Ej\u00e9rcito en la represi\u00f3n de la huelga de las bananeras, en el municipio de la Ci\u00e9naga, cerca de Santa Marta?<\/p>\n\n\n\n<p>Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez: \u2014Las bananeras es tal vez el recuerdo m\u00e1s antiguo que tengo. Fue una leyenda, lleg\u00f3 a ser tan legendario que cuando yo escrib\u00ed <em>Cien a\u00f1os de soledad<\/em> ped\u00ed que me hicieran investigaciones de c\u00f3mo fue todo y con el verdadero n\u00famero de muertos, porque se hablaba de una masacre, de una masacre apocal\u00edptica. No qued\u00f3 muy claro nada pero el n\u00famero de muertos debi\u00f3 ser bastante reducido. Lo que pasa es que 3 o 5 muertos en las circunstancias de ese pa\u00eds, en ese momento debi\u00f3 ser realmente una gran cat\u00e1strofe, y para m\u00ed fue un problema porque cuando me encontr\u00e9 que no era realmente una matanza espectacular en un libro donde todo era tan descomunal como en <em>Cien a\u00f1os de soledad<\/em>, donde quer\u00eda llenar un ferrocarril completo de muertos, no pod\u00eda ajustarme a la realidad hist\u00f3rica. Decir que todo aquello sucedi\u00f3 para 3 o 7 muertos, o 17 muertos\u2026 no alcanzaba a llenar ni un vag\u00f3n. Entonces decid\u00ed que fueran 3.000 muertos, porque era m\u00e1s o menos lo que entraba dentro de las proporciones del libro que estaba escribiendo. Es decir, la leyenda lleg\u00f3 a quedar ya establecida como historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ahora les comparto el fragmento de la novela, que por otra parte es una de las partes del libro que m\u00e1s me impact\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed vivi\u00f3 Jos\u00e9 Arcadio Segundo Buend\u00eda la hist\u00f3rica represi\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p>La huelga grande estall\u00f3. Los cultivos se quedaron a medias, la fruta se pas\u00f3 en las cepas y los trenes de ciento veinte vagones se pararon en los ramales. Los obreros ociosos desbordaron los pueblos. La calle de los Turcos reverber\u00f3 en un s\u00e1bado de muchos d\u00edas, y en el sal\u00f3n de billares del Hotel de Jacob hubo que establecer turnos de veinticuatro horas. All\u00ed estaba Jos\u00e9 Arcadio Segundo, el d\u00eda en que se anunci\u00f3 que el Ej\u00e9rcito hab\u00eda sido encargado de restablecer el orden p\u00fablico. Aunque no era hombre de presagios, la noticia fue para \u00e9l como un anuncio de la muerte, que hab\u00eda esperado desde la ma\u00f1ana distante en que el coronel Gerineldo M\u00e1rquez le permiti\u00f3 ver un fusilamiento. (\u2026)<\/p>\n\n\n\n<p>La ley marcial facultaba al Ej\u00e9rcito para asumir funciones de \u00e1rbitro de la controversia, pero no se hizo ninguna tentativa de conciliaci\u00f3n. Tan pronto como se exhibieron en Macondo, los soldados pusieron a un lado los fusiles, cortaron y embarcaron el banano y movilizaron los trenes. Los trabajadores, que hasta entonces se hab\u00edan conformado con esperar, se echaron al monte sin m\u00e1s armas que sus machetes de labor, y empezaron a sabotear el sabotaje. Incendiaron fincas y comisariatos, destruyeron los rieles para impedir el tr\u00e1nsito de los trenes que empezaban a abrirse paso con fuego de ametralladoras, y cortaron los alambres del tel\u00e9grafo y el tel\u00e9fono. Las acequias se ti\u00f1eron de sangre. (\u2026)<\/p>\n\n\n\n<p>Le\u00eddo el decreto, en medio de una ensordecedora rechifla de protesta, un capit\u00e1n sustituy\u00f3 al teniente en el techo de la estaci\u00f3n, y con la bocina de gram\u00f3fono hizo se\u00f1as de que quer\u00eda hablar. La muchedumbre volvi\u00f3 a guardar silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se\u00f1oras y se\u00f1ores \u2014dijo el capit\u00e1n con una voz baja, lenta, un poco cansada\u2014, tienen cinco minutos para retirarse.<\/p>\n\n\n\n<p>La rechifla y los gritos redoblados ahogaron el toque de clar\u00edn que anunci\u00f3 el principio del plazo. Nadie se movi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Han pasado cinco minutos \u2014dijo el capit\u00e1n en el mismo tono\u2014. Un minuto m\u00e1s y se har\u00e1 fuego.<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 Arcadio Segundo, sudando hielo, se baj\u00f3 al ni\u00f1o de los hombros y se lo entreg\u00f3 a la mujer. \u00abEstos cabrones son capaces de disparar\u00bb, murmur\u00f3 ella. Jos\u00e9 Arcadio Segundo no tuvo tiempo de hablar, porque al instante reconoci\u00f3 la voz ronca del coronel Gavil\u00e1n haci\u00e9ndoles eco con un grito a las palabras de la mujer. Embriagado por la tensi\u00f3n, por la maravillosa profundidad del silencio y, adem\u00e1s, convencido de que nada har\u00eda mover a aquella muchedumbre pasmada por la fascinaci\u00f3n de la muerte, Jos\u00e9 Arcadio Segundo se empin\u00f3 por encima de las cabezas que ten\u00eda enfrente, y por primera vez en su vida levant\u00f3 la voz.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Cabrones! \u2014grit\u00f3\u2014. Les regalamos el minuto que falta.<\/p>\n\n\n\n<p>Al final de su grito ocurri\u00f3 algo que no le produjo espanto, sino una especie de alucinaci\u00f3n. El capit\u00e1n dio la orden de fuego y catorce nidos de ametralladoras le respondieron en el acto. Pero todo parec\u00eda una farsa. Era como si las ametralladoras hubieran estado cargadas con enga\u00f1ifas de pirotecnia, porque se escuchaba su anhelante tableteo, y se ve\u00edan sus escupitajos incandescentes, pero no se percib\u00eda la m\u00e1s leve reacci\u00f3n, ni una voz, ni siquiera un suspiro, entre la muchedumbre compacta que parec\u00eda petrificada por una invulnerabilidad instant\u00e1nea. De pronto, a un lado de la estaci\u00f3n, un grito de muerte desgarr\u00f3 el encantamiento: \u00abAaaay, mi madre.\u00bb Una fuerza s\u00edsmica, un aliento volc\u00e1nico, un rugido de cataclismo, estallaron en el centro de la muchedumbre con una descomunal potencia expansiva. Jos\u00e9 Arcadio Segundo apenas tuvo tiempo de levantar al ni\u00f1o, mientras la madre con el otro era absorbida por la muchedumbre centrifugada por el p\u00e1nico.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos a\u00f1os despu\u00e9s, el ni\u00f1o hab\u00eda de contar todav\u00eda, a pesar de que los vecinos segu\u00edan crey\u00e9ndolo un viejo chiflado, que Jos\u00e9 Arcadio Segundo lo levant\u00f3 por encima de su cabeza, y se dej\u00f3 arrastrar, casi en el aire, como flotando en el terror de la muchedumbre, hacia una calle adyacente. La posici\u00f3n privilegiada del ni\u00f1o le permiti\u00f3 ver que en ese momento la masa desbocada empezaba a llegar a la esquina y la fila de ametralladoras abri\u00f3 fuego. Varias voces gritaron al mismo tiempo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1T\u00edrense al suelo! \u00a1T\u00edrense al suelo!<\/p>\n\n\n\n<p>Ya los de las primeras l\u00edneas lo hab\u00edan hecho, barridos por las r\u00e1fagas de metralla. Los sobrevivientes, en vez de tirarse al suelo, trataron de volver a la plazoleta, y el p\u00e1nico dio entonces un coletazo de drag\u00f3n, y los mand\u00f3 en una oleada compacta contra la otra oleada compacta que se mov\u00eda en sentido contrario, despedida por el otro coletazo de drag\u00f3n de la calle opuesta, donde tambi\u00e9n las ametralladoras disparaban sin tregua. Estaban acorralados, girando en un torbellino gigantesco que poco a poco se reduc\u00eda a su epicentro porque sus bordes iban siendo sistem\u00e1ticamente recortados en redondo, como pelando una cebolla, por las tijeras insaciables y met\u00f3dicas de la metralla. El ni\u00f1o vio una mujer arrodillada, con los brazos en cruz, en un espacio limpio, misteriosamente vedado a la estampida. All\u00ed lo puso Jos\u00e9 Arcadio Segundo, en el instante de derrumbarse con la cara ba\u00f1ada en sangre, antes de que el tropel colosal arrasara con el espacio vac\u00edo, con la mujer arrodillada, con la luz del alto cielo de sequ\u00eda, y con el puto mundo donde \u00darsula Iguar\u00e1n hab\u00eda vendido tantos animalitos de caramelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Jos\u00e9 Arcadio Segundo despert\u00f3 estaba boca arriba en las tinieblas. Se dio cuenta de que iba en un tren interminable y silencioso, y de que ten\u00eda el cabello apelmazado por la sangre seca y le dol\u00edan todos los huesos. Sinti\u00f3 un sue\u00f1o insoportable. Dispuesto a dormir muchas horas, a salvo del terror y el horror, se acomod\u00f3 del lado que menos le dol\u00eda, y s\u00f3lo entonces descubri\u00f3 que estaba acostado sobre los muertos. No hab\u00eda un espacio libre en el vag\u00f3n, salvo el corredor central. Deb\u00edan de haber pasado varias horas despu\u00e9s de la masacre, porque los cad\u00e1veres ten\u00edan la misma temperatura del yeso en oto\u00f1o, y su misma consistencia de espuma petrificada, y quienes los hab\u00edan puesto en el vag\u00f3n tuvieron tiempo de arrumos en el orden y el sentido en que se transportaban los racimos de banano. Tratando de fugarse de la pesadilla, Jos\u00e9 Arcadio Segundo se arrastr\u00f3 de un vag\u00f3n a otro, en la direcci\u00f3n en que avanzaba el tren, y en los rel\u00e1mpagos que estallaban por entre los listones de madera al pasar por los pueblos dormidos ve\u00eda los muertos hombres, los muertos mujeres, los muertos ni\u00f1os, que iban a ser arrojados al mar como el banano de rechazo. Solamente reconoci\u00f3 a una mujer que vend\u00eda refrescos en la plaza y al coronel Gavil\u00e1n, que todav\u00eda llevaba enrollado en la mano el cintur\u00f3n con la hebilla de plata moreliana con que trat\u00f3 de abrirse camino a trav\u00e9s del p\u00e1nico. Cuando lleg\u00f3 al primer vag\u00f3n dio un salto en la oscuridad, y se qued\u00f3 tendido en la zanja hasta que el tren acab\u00f3 de pasar. Era el m\u00e1s largo que hab\u00eda visto nunca, con casi doscientos vagones de carga, y una locomotora en cada extremo y una tercera en el centro. No llevaba ninguna luz, ni siquiera las rojas y verdes l\u00e1mparas de posici\u00f3n, y se deslizaba a una velocidad nocturna y sigilosa. Encima de los vagones se ve\u00edan los bultos oscuros de los soldados con las ametralladoras emplazadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de medianoche se precipit\u00f3 un aguacero torrencial. Jos\u00e9 Arcadio Segundo ignoraba d\u00f3nde hab\u00eda saltado, pero sab\u00eda que caminando en sentido contrario al del tren llegar\u00eda a Macondo. Al cabo de m\u00e1s de tres horas de marcha, empapado hasta los huesos, con un dolor de cabeza terrible, divis\u00f3 las primeras casas a la luz del amanecer. Atra\u00eddo por el olor del caf\u00e9, entr\u00f3 en una cocina donde una mujer con un ni\u00f1o en brazos estaba inclinada sobre el fog\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Buenos \u2014dijo exhausto\u2014. Soy Jos\u00e9 Arcadio Segundo Buend\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Pronunci\u00f3 el nombre completo, letra por letra, para convencerse de que estaba vivo. Hizo bien, porque la mujer hab\u00eda pensado que era una aparici\u00f3n al ver en la puerta la figura escu\u00e1lida, sombr\u00eda, con la cabeza y la ropa sucias de sangre, y tocada por la solemnidad de la muerte. Lo conoc\u00eda. Llev\u00f3 una manta para que se arropara mientras se secaba la ropa en el fog\u00f3n, le calent\u00f3 agua para que se lavara la herida, que era solo un desgarramiento de la piel, y le dio un pa\u00f1al limpio para que se vendara la cabeza. Luego le sirvi\u00f3 un pocillo de caf\u00e9, sin az\u00facar, como le hab\u00edan dicho que lo tomaban los Buend\u00eda, y abri\u00f3 la ropa cerca del fuego. Jos\u00e9 Arcadio Segundo no habl\u00f3 mientras no termin\u00f3 de tomar el caf\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Deb\u00edan ser como tres mil \u2014murmur\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Los muertos \u2014aclar\u00f3 \u00e9l\u2014. Deb\u00edan ser todos los que estaban en la estaci\u00f3n. (Garc\u00eda M\u00e1rquez, 1967: pp. 360\u2014368).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>IV. \u201cHacer verdad es la mayor bondad\u201d<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El escritor y pensador nacional Leonardo Castellani (Reconquista, 1899-1981), que escribi\u00f3 en tiempos oscuros y tormentosos, frente a lo que \u00e9l llamo \u201cla confusi\u00f3n mental y la cretinizaci\u00f3n colectivoprogresista\u201d, aconsejaba: \u201cha sido siempre el error del nacionalismo, querer arreglar el pa\u00eds enseguida o a corto plazo: est\u00e1 demasiado embrollado para eso, hay que tener paciencia; no podemos cambiar de golpe el juego tramposo, pero podemos cada uno en su lugar <em>hacer verdad<\/em>, como dicen en Catalu\u00f1a a los chicos cuando salen de casa, \u2018<em>faz bontat<\/em>\u2019 (\u2018haz bondad\u2019): dar verdad es la mayor bondad.\u201d (Castellani, 1976) La narrativa del pasado en nuestra regi\u00f3n fue, como en otros lugares del mundo, un campo de batalla donde lucharon verdades contra mentiras y mitos contra realidades. El historiador Norberto Galasso, por ejemplo, en su libro <em>La larga lucha de los argentinos. Y c\u00f3mo la cuentan las diversas corrientes historiogr\u00e1ficas <\/em>(Galasso, 2012) habla de siete corrientes historiogr\u00e1ficas en Argentina desde el siglo XIX hasta nuestros d\u00edas: la Historia oficial o tambi\u00e9n llamada Historia liberal o mitrista (por Bartolom\u00e9 Mitre); la corriente liberal de izquierda; el revisionismo hist\u00f3rico rosista; el revisionismo hist\u00f3rico forjista; el revisionismo hist\u00f3rico peronista; la historia social; y el revisionismo federal-provinciano, socialista o latinoamericano.<\/p>\n\n\n\n<p>Como puede observarse f\u00e1cilmente, no hubo una \u00fanica forma de narrar nuestra Historia; tampoco hubo un solo proyecto de Naci\u00f3n. Algunos, parafraseando a Castellani, \u201cno hicieron verdad\u201d: trastornaron los hechos del pasado para que est\u00e9n acordes con sus intereses pol\u00edticos y econ\u00f3micos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Bibliograf\u00eda mencionada<\/strong><\/p>\n\n\n\n<ol type=\"A\"><li>Arist\u00f3teles (2000), <em>Del sentido y lo sensible y de la memoria y el recuerdo<\/em>, Madrid, Verbum, 2000.<\/li><li>Burke, P. (1991), <em>Formas de hacer historia<\/em>, Alianza, Madrid.<\/li><li>Castellani, L. (1976), <em>Esencia del Liberalismo<\/em>, Buenos Aires, Dictio.<\/li><li>Ch\u00e1vez Herrera, N. \u2013compilaci\u00f3n- (2010), <em>Primeras Constituciones de Latinoam\u00e9rica y el Caribe<\/em>, Caracas, Biblioteca Ayacucho.<\/li><li>Ch\u00e1vez, F. (1973). <em>Civilizaci\u00f3n y barbarie en la cultura argentina<\/em>. Buenos Aires: Theor\u00eda.<\/li><li>Corchado Robles, B.L. (2024). <em>Discurso e ideolog\u00eda en la inteligencia artificial generativa<\/em>. 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A este movimiento lo comprendo como el basamento ideol\u00f3gico y conjunto de significados propuestos por la burgues\u00eda europea frente a su contrario, integrado por las monarqu\u00edas, el clero y la nobleza. En este sentido, si bien el iluminismo o Ilustraci\u00f3n sostuvo entre sus principios fundamentales, la conciencia basada en la raz\u00f3n, la confianza en el pensamiento del hombre, la libertad, dignidad, autonom\u00eda, y emancipaci\u00f3n y felicidad del hombre, en realidad, aunque se proclamaban todos estas como universales, solo buscaban ser expresiones para los sectores burgueses de la Europa central. Para los dem\u00e1s pa\u00edses, estos principios no solo fueron negados sino que, en aquellos lugares en donde exist\u00edan, fueron eliminados por las mismas burgues\u00edas imperialistas europeas.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref2\" id=\"_ftn2\">[2]<\/a>En 1863 depend\u00edan de las autoridades nacionales solo dos colegios de segunda ense\u00f1anza: el de Monserrat en C\u00f3rdoba y el del Uruguay, que pas\u00f3 a depender de la jurisdicci\u00f3n nacional cuando se federaliz\u00f3 la provincia de Entre R\u00edos. Los objetivos y planes de estudio de ambos colegios respond\u00edan a los criterios dominantes: ense\u00f1anza prioritaria para el ingreso a la universidad y r\u00e9gimen de internado. En 1863 se crea el Colegio Nacional Buenos Aires, en 1864, en Catamarca, Salta, Tucum\u00e1n, San Juan y Mendoza, y en 1869, en Santiago del Estero, San Luis, Corrientes y La Rioja. Mart\u00ednez Paz, F. (1997) \u201cEnse\u00f1anza primaria, secundaria y universitaria (1862-1914)\u201d, en: <em>Nueva Historia de la Naci\u00f3n Argentina. La configuraci\u00f3n de la rep\u00fablica independiente (1810-1914)<\/em>, t. 6. Planeta, p. 284.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Reflexiones sobre las nuevas formas de colonizaci\u00f3n historiogr\u00e1fica para Am\u00e9rica Latina y el Caribe I. La IA como nueva forma de colonizaci\u00f3n historiogr\u00e1fica La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una herramienta central para la producci\u00f3n y circulaci\u00f3n de conocimiento hist\u00f3rico. 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