{"id":966,"date":"2016-08-21T12:37:49","date_gmt":"2016-08-21T15:37:49","guid":{"rendered":"http:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/?p=966"},"modified":"2017-10-27T11:23:36","modified_gmt":"2017-10-27T14:23:36","slug":"desoccidentalizar-el-sur","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vientosur.unla.edu.ar\/index.php\/desoccidentalizar-el-sur\/","title":{"rendered":"Desoccidentalizar el sur"},"content":{"rendered":"<p><strong>La construcci\u00f3n de Occidente<\/strong><\/p>\n<p>El segundo milenio, ese que va desde el a\u00f1o 1000 al 2000, tiene algo especial. Durante su transcurso ocurrieron las grandes revoluciones pol\u00edticas de la humanidad, las m\u00e1s refinadas obras art\u00edsticas, las teor\u00edas filos\u00f3ficas m\u00e1s l\u00fadicas, los adelantos tecnol\u00f3gicos m\u00e1s asombrosos; se descubri\u00f3, por primera vez, el universo, el mundo, el hombre. Parece una iron\u00eda que al llegar al final de tan fruct\u00edfero per\u00edodo, nos encontremos en la crisis humana real y potencial m\u00e1s importante de toda nuestra historia. Una crisis ecol\u00f3gica, de diversidad natural, de estar-en-el-mundo que implica preguntarnos para qu\u00e9 estamos ac\u00e1: \u00bfPara llenar mil bancos de oro y plata? \u00bfPara nadar en un oc\u00e9ano de pl\u00e1stico con cosas que, realmente, no nos sirven? \u00bfPara destruir lo que nos rodea en nombre de un progreso que nunca llega? En definitiva, la crisis del final del segundo milenio implica buscar nuevos sentidos a una existencia que en s\u00ed misma no los posee y, al mismo tiempo, preguntarnos sobre las relaciones que establecemos con lo material, lo humano y la naturaleza.<br \/>\nEl soci\u00f3logo portugu\u00e9s Boaventura de Sousa Santos se\u00f1ala que la crisis del fin del milenio se debe a la forma en que Occidente ha entablado relaciones con Oriente, con la naturaleza y consigo misma. El segundo milenio es el de los grandes descubrimientos imperiales y de la creaci\u00f3n de dos ejes que recorren y dividen el planisferio, no en t\u00e9rminos geogr\u00e1ficos sino pol\u00edticos. Un primer eje que separa Occidente de Oriente creando adversarios\/enemigos civilizatorios. Un segundo eje que divide el mundo en Norte y Sur, fijando una relaci\u00f3n de asimetr\u00eda mediada por la inferioridad, y creando una dualidad que ha tomado diferentes nombres, tales como primer mundo-tercer mundo, pa\u00edses desarrollados-subdesarrollados y centro-periferia.<br \/>\nPara de Sousa Santos las Cruzadas del 1100 permiten recuperar el pensamiento aristot\u00e9lico abandonado por Europa durante la Edad Media y que hab\u00eda sobrevivido en el mundo \u00e1rabe. Tambi\u00e9n supone la reaparici\u00f3n de Asia Central y la India como un inmenso mercado al cual inundar. Pero, fundamentalmente, el descubrimiento del mundo \u00e1rabe, de Asia, de la lejan\u00eda del este infinito, le permite a Europa crearse a s\u00ed misma como Occidente. Con un solo movimiento y en el mismo momento, Occidente y Oriente emergen como polos civilizatorios, como dos horizontes de vida que aunque dis\u00edmiles poseen la misma funci\u00f3n hist\u00f3rica: dotar de sentido a la realidad. Cada uno de manera diversa, entablando diferentes relaciones, formas de abordaje y concepciones del mundo. As\u00ed, cada polo civilizatorio construy\u00f3 una idea del hombre, de la naturaleza, de la historia, de dios(es), del conocimiento y, quiz\u00e1 lo m\u00e1s importante, del otro polo civilizatorio. Cada uno se construy\u00f3 una idea de s\u00ed mismo, al tiempo que se creaba la idea del otro. Un \u201cnosotros\/ellos\u201d que, mediado por tensiones, asombros, amenazas y temores, constituy\u00f3 dos identidades civilizatorias diferenciadas al punto tal de aparecer, hoy, como irreconciliables. Occidente y Oriente marcan el devenir de la historia universal, con sus centros-periferias propios, con sus amos, esclavos, con sus negaciones humanas.<br \/>\nY esa negaci\u00f3n de lo humano encuentra de este lado, en Occidente, el trazado de una nueva l\u00ednea, de otro eje, que separa el Norte del Sur, la sociedad metropolitana de los territorios coloniales, en fin, la civilizaci\u00f3n de la barbarie. En palabras de Boaventura de Sousa Santos, el pensamiento europeo es un pensamiento abismal asentado en dos grandes pilares: el derecho que impone lo legal y lo ilegal, y la ciencia que delimita lo verdadero de lo falso. Estas armas de guerra marcaron l\u00edneas inexpugnables de divisi\u00f3n y permitieron la creaci\u00f3n de un mundo correcto, visible, posible, deseable y universalizable (dentro del cual escondieron a la civilizaci\u00f3n europea), y un mundo invisible, fatal, salvaje, incomprensible y hobbesiano (del cual quedaron presas las creencias, formas de conocimiento y ser-en-el-mundo de los pueblos americanos). Esta divisi\u00f3n entre lo humano y lo subhumano opera desde hace m\u00e1s de 500 a\u00f1os y ha hecho de Am\u00e9rica Latina el continente de la inferioridad, la irracionalidad infantil y un nuevo jard\u00edn del Ed\u00e9n eximido de la culpa cristiana, lo que habilit\u00f3 violaciones, cr\u00edmenes, matanzas y expoliaci\u00f3n de recursos.<br \/>\nEn resumen, Oriente se constituye como espacio de alteridad para Occidente, como un otro civilizatorio dotado de racionalidad e identidad propia. Esta dualidad civilizatoria es, inevitablemente, un campo de conflicto ya que Oriente es, siempre, una amenaza. Una amenaza que muta de forma pero no de contenido, y que puede traducirse en las hordas de Genghis Khan, el avance y la conquista musulmana, el imperio chino o japon\u00e9s, el terrorismo o el Estado Isl\u00e1mico (ISIS). Siempre se procede a la creaci\u00f3n de un elemento amenazante que debe ser constantemente vigilado y controlado por Occidente a trav\u00e9s de diversas estrategias que van desde la guerra, la ocupaci\u00f3n y el ataque preventivo, hasta la ayuda para el desarrollo y la imposici\u00f3n de la democracia liberal occidental. Europa occidental y Am\u00e9rica del Norte, Occidente y Norte a la vez, han ejercido, como dice Pierre Bourdieu el \u201cimperialismo de lo universal\u201d.<br \/>\nEn cambio, Am\u00e9rica Latina (y en un sentido m\u00e1s general, el Sur) se erigi\u00f3 como espacio de inferioridad, como espacio incapaz de emanciparse civilizatoriamente. Aqu\u00ed no hay conflicto posible, tan solo una amenaza irracional del Sur, un pataleo infantil, r\u00e1pidamente sofocado por el Norte a trav\u00e9s de estrategias de inferiorizaci\u00f3n que han calado hondo en nuestra regi\u00f3n y que han adquirido formas pol\u00edticas (colonia, dictadura y democracia liberal), formas econ\u00f3micas (tributo, neocolonialismo y privatizaciones neoliberales) y formas culturales (misiones jesu\u00edticas, descalificaci\u00f3n cultural, epistemicidio y hollywoodizaci\u00f3n cultural). Estas estrategias de inferiorizaci\u00f3n, ocurridas dentro de Occidente en el plano Norte-Sur, hicieron y hacen posible la expoliaci\u00f3n de recursos naturales, la venta de empresas p\u00fablicas estrat\u00e9gicas para los desarrollos nacionales y el \u00e9xodo de riquezas humanas intelectuales y afectivas.<\/p>\n<p><strong>El Sur como eterna dependencia<\/strong><br \/>\nLas guerras de independencia latinoamericanas, si bien lograron la independencia pol\u00edtica lo hicieron a costa de abandonar la emancipaci\u00f3n general de sus pueblos. Los lazos de colonialidad continuaron vigentes, salvo el honroso intento de Hait\u00ed, primer pueblo en abogar por una emancipaci\u00f3n general del coloniaje, cuya valent\u00eda y desacato a\u00fan hoy contin\u00faa pagando.<br \/>\nEl resto de Am\u00e9rica Latina transit\u00f3 por el triste camino de, en palabras de Alberto Methol Ferr\u00e9, cambiar el ropaje de colonia con control directo externo sobre el territorio a semicolonias proveedoras de materia prima para los grandes centros de poder imperial. Para ello, se mantuvieron las estructuras productivas y econ\u00f3micas del per\u00edodo anterior, conjuntamente con relaciones sociales de producci\u00f3n que repitieron, con cierto maquillaje liberal, relaciones de dominaci\u00f3n y desigualdad social extrema, al punto tal, que mientras millones sufr\u00edan niveles de pauperizaci\u00f3n inhumanos, unos pocos levantaban sus mansiones con m\u00e1rmoles tra\u00eddos de Italia, arquitectos franceses y el c\u00ednico mal gusto propio de un rey europeo del siglo XVIII.<br \/>\nEste per\u00edodo, posterior a la colonia, de construcci\u00f3n de los Estados nacionales y su inserci\u00f3n en la divisi\u00f3n internacional del trabajo, puede ser visto como un per\u00edodo de imposici\u00f3n y consolidaci\u00f3n de una matriz liberal. De esta manera se reforz\u00f3 la situaci\u00f3n de inferioridad occidental de los territorios americanos frente al centro de Occidente emplazado en parte de Europa y norte de Am\u00e9rica. Dicha matriz liberal oper\u00f3 de manera similar en toda Am\u00e9rica Latina, como un recordatorio de nuestra dependencia, como un estigmatizador de nuestras posibilidades, como un azuzador de sue\u00f1os imposibles \u00bfQui\u00e9n dir\u00eda que copiamos hasta los sue\u00f1os, hasta la esperanza de ser-en-el-mundo algo que ya es-en-el-mundo del otro lado del oc\u00e9ano? En suma, quienes desde Latinoam\u00e9rica abrigaron el sue\u00f1o de ser Europa en Am\u00e9rica (como si la occidentalidad viniera con los barcos) fueron, tambi\u00e9n all\u00e1 y aqu\u00ed, c\u00f3mplices de la emergencia de esa matriz liberal que se estructur\u00f3 en base a tres grandes categor\u00edas: lo institucional, lo cultural y el sujeto. La carencia de conciencia sobre lo propio les imposibilit\u00f3 ver que sobre Am\u00e9rica Latina irrump\u00eda una occidentalidad pobre, que si bien ten\u00eda una impronta occidental europea, ven\u00eda acompa\u00f1ada de un fuerte componente de inferioridad.<br \/>\nPero volviendo a las categor\u00edas de dicha matriz, en el plano institucional, la creaci\u00f3n de peque\u00f1os Estados o proto-naciones quedaron supeditados a los avatares de la historia europea pretendidamente universal. Vale recordar que hasta el gobierno de Hip\u00f3lito Yrigoyen en Argentina en 1916, el nombramiento de ministros se realizaba de manera consensuada con los sucesivos reyes de Inglaterra. Al mismo tiempo la construcci\u00f3n de Estados liberales impuls\u00f3 un neocolonialismo fundado en un pacto, en muchos casos para nada oculto, entre las elites cosmopolitas de Am\u00e9rica Latina y los poderes imperiales occidentales que tradujeron ese neocolonialismo al interior de cada pa\u00eds, creando dentro de las periferias relaciones de centro-periferia y dentro de cada pa\u00eds relaciones de dominio puerto-interior. Es decir, extensas regiones de Am\u00e9rica Latina se constituyeron en periferia de la periferia, mientras que los centros cosmopolitas (construidos alrededor de un puerto mar\u00edtimo transoce\u00e1nico) se constituyeron en centros pol\u00edticos, econ\u00f3micos y culturales de cada pa\u00eds, subsumiendo a los territorios mediterr\u00e1neos en \u00e1reas de producci\u00f3n primaria al servicio de las elites portuarias.<br \/>\nEn cuanto al plano cultural se estigmatizaron las pr\u00e1cticas culturales de las poblaciones originarias, los sectores populares y las minor\u00edas para dar paso a la importaci\u00f3n de contenido est\u00e9tico propio del Norte. Con ello, la tradici\u00f3n, como fuente de reafirmaci\u00f3n de la propia identidad, se reconfigur\u00f3 en tradicionalismo, que es esa nostalgia por un pasado embellecido y limpio de contradicciones. A trav\u00e9s del sistema educativo se despolitizaron los proyectos de emancipaci\u00f3n general y la historia dej\u00f3 de ser la pol\u00edtica del pasado para convertirse en el relato as\u00e9ptico de una serie de acontecimientos y hechos casi azarosos, sin causas ni consecuencias. La historia dej\u00f3 de tener pol\u00edtica, intereses, conflictos, traiciones y pas\u00f3 a ser una f\u00e1bula de buenas intenciones constructoras de lo que, inevitablemente, somos.<br \/>\nEn el plano del sujeto, el sector que encarg\u00f3 de dar forma pol\u00edtica, econ\u00f3mica y cultural a la matriz liberal, estuvo representado por lo que podr\u00edamos denominar las oligarqu\u00edas conservadoras portuarias, es decir, los sectores ligados a una estructura econ\u00f3mica de exportaci\u00f3n de materia prima sin valor agregado (sector integrado por el intermediario comercial pero tambi\u00e9n por el terrateniente mediterr\u00e1neo, el banquero financista y el pol\u00edtico promulgador de leyes que regalaban nuestra soberan\u00eda nacional). Esta oligarqu\u00eda conservadora portuaria erigi\u00f3 una imagen de Am\u00e9rica Latina blanca y ordenada que se integraba al mercado internacional y a la divisi\u00f3n internacional del trabajo como part\u00edcipe secundaria de los flujos de capital, proveedora de productos de la tierra, y hacedora de mercader\u00edas que tienden a perder su valor m\u00e1s r\u00e1pido que cualquier otro, y cuyo precio internacional se coordina en Londres, Chicago y Nueva York\u00a0a expensas de las previsiones sobre cosecha y saldo exportable que realiza el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA). Y ese sujeto, c\u00f3mplice de nuestra inferioridad, realiz\u00f3 una mala copia sobre la idea de individuo, de naturaleza y de mundo desde Occidente. No podr\u00eda haber salido diferente. Las ideas rectoras de la vida occidental son verdaderas solo en los pa\u00edses centrales, porque son Occidente y Norte a la vez. Para nosotros, que hemos construido este Occidente pobre y somos Sur, la copia nunca hubiese tenido \u00e9xito. Tenemos historias, sentires, amores, tiempos, solidaridades y odios diferentes, nuestros pueblos son ajenos a las ansias del centro occidental. Para nosotros el imperialismo es un sufrimiento y no un medio de estar-en-el-mundo. No somos \u00e1tomos humanos que se ligan para un fin, somos cotidianos, nos juntamos en la nada, en el desinter\u00e9s de las horas que pasan.<br \/>\n\u00bfO no sentimos la incomodidad de querer tratarnos como europeos? De imponernos a nosotros mismos ese respeto casi jur\u00eddico por el otro, donde la libertad, como dec\u00eda Hobbes, es ausencia de impedimento, donde mi derecho termina en el derecho del otro, donde la individualidad es premisa de todo lo social. Nosotros no. No somos as\u00ed. Nosotros nos avasallamos unos a otros, y as\u00ed, en ese enjambre cotidiano vamos avanzando. Pero no nos constituimos como sujetos latinoamericanos, o solo por momentos breves de nuestra historia. Lo dem\u00e1s, lo dem\u00e1s que es el resto y el casi todo, ha sido el desfile de una fantochada europeizante arrodillada, pulcra y servil, que ladra hacia adentro y lame hacia afuera. Que llama trabajo duro (pero moral y \u00e9tico) a colocar a nuestros pa\u00edses como espacio de explotaci\u00f3n de los poderosos, sean estos, los reyes espa\u00f1oles, las financieras brit\u00e1nicas, los organismos multilaterales de cr\u00e9dito, las corporaciones multinacionales o la cultura francesa.<\/p>\n<p><strong>Hacia una re-occidentalizaci\u00f3n emancipatoria<\/strong><br \/>\n\u00bfQu\u00e9 hacemos, entonces, con nuestra occidentalidad? Podr\u00edamos re-occidentalizarnos, salirnos de ese encuadramiento pobre que hemos construido, como occidente min\u00fasculo de Occidente, como periferia pobre del centro rico. En verdad, es el camino m\u00e1s realista en el corto plazo. El mundo moderno se ha dividido, como dec\u00edamos al comienzo, en dos civilizaciones planetarias, escapar de eso sin un acontecimiento disruptivo es una utop\u00eda de las negativas, de esas que no nos hacen caminar, sino tan solo esperarlos a ellos, a sus crisis, a sus guerras, a sus cruzadas. Por eso necesitamos una utop\u00eda de las que nos movilizan parafraseando a Eduardo Galeano, de las que nos muestran un horizonte de sentido que para alcanzarlo nos ponga, a nosotros mismos, a caminar. Y esa utop\u00eda de lo posible podr\u00eda llegar a ser nuestra re-occidentalizaci\u00f3n, resignificando todo, como dec\u00eda Rodolfo Kusch, resignificar \u201cdesde el hambre hasta la Divinidad\u201d. Transformar el tercer milenio, el que comenz\u00f3 hace apenas m\u00e1s de una d\u00e9cada, en el milenio del cuestionamiento, en el de la pregunta, en el de la duda, en el de la re-significaci\u00f3n. Proceso que deber\u00eda llevar a desoccidentalizar el sur, a salir de esa posici\u00f3n de (des)igual inferior.<br \/>\nEn este sentido, desoccidentalizar el sur, es suprimir el sur del sur, abolirlo, y con ello abolir el occidente pobre de nuestro occidentalismo. Hoy, negar nuestra occidentalidad es negar las condiciones reales de existencia de Am\u00e9rica Latina, y por tanto, nuestro conflicto. Negar nuestro occidentalismo es tan absurdo como asumirlo. Porque a ambos lados hay disrupciones, incoherencias, acciones que no cierran, sentimientos que desbordan. Negarnos, hoy, como Occidente es construir una desesperanza en la lucha similar a quien crey\u00e9ndose Occidente no puede entender las expresiones culturales del campo popular y contin\u00faa consider\u00e1ndolas b\u00e1rbaras.<br \/>\nEntonces, \u00bfqu\u00e9 hacemos? Por supuesto que no lo sabemos. Por supuesto que creemos que es una construcci\u00f3n colectiva, proyectual, inconclusa, la que debe realizarse. Podr\u00edamos comenzar desoccidentalizando el sur como dec\u00edamos, re-occidentalizar, suprimir el Sur de nuestro Occidente. En pos de ello se hace necesario elevar a status civilizatorio la civilidad de Am\u00e9rica Latina. En el plano institucional entender a las democracias populares latinoamericanas como reg\u00edmenes rectos, en un lenguaje aristot\u00e9lico, y no como desviaciones barb\u00e1ricas de la democracia liberal anglosajona. Las democracias de Am\u00e9rica Latina, con sus interrupciones y sus crisis, con sus liberales y sus movimientos populares, no son \u201ccopias fallidas\u201d de los modelos europeos, ni reg\u00edmenes incompletos, populistas, demagogos o irrespetuosos de la institucionalidad. Las democracias latinoamericanas son un campo novedoso de representatividad, donde, quiz\u00e1 mejor que en cualquier otro r\u00e9gimen pol\u00edtico de Occidente, se cristaliza el conflicto y el agonismo, lo que hace de nuestras democracias, democracias radicales en el sentido que Chantal Mouffe le da a ese t\u00e9rmino. En Am\u00e9rica Latina la pol\u00edtica es un campo de lucha, de combate, de resignificaciones, de conflicto, mediada por una l\u00f3gica de amigo-adversario, donde no solo se reconoce que el pueblo es m\u00faltiple sino que, tambi\u00e9n, est\u00e1 dividido y que los diferentes Estados democr\u00e1ticos y no-democr\u00e1ticos que hemos tenido son momentos fugaces de institucionalizaci\u00f3n, de hegemon\u00eda (siempre inconclusa) de un sector de ese pueblo siempre m\u00faltiple. Por lo tanto, y aqu\u00ed radica nuestra occidentalizaci\u00f3n pobre, cuidado con quienes quieren imponer un consenso inexistente o anular el conflicto (cerrar la grieta, para utilizar palabras contempor\u00e1neas), porque ellos ser\u00e1n quienes clausuren la pol\u00edtica de la pol\u00edtica. En el plano cultural asumir las pr\u00e1cticas culturales de los sectores populares, los \u201crituales\u201d y horizontes de sentido de las poblaciones originarias, adaptar las din\u00e1micas de la cuasi-legalidad y asumir la resistencia y el conflicto como elementos constitutivos de nuestra civilidad. Por \u00faltimo, y no menos importante, transformar el sujeto de nuestra Am\u00e9rica Latina, volverlo m\u00faltiple, volverlo corp\u00f3reo. Darle civilidad-visibilidad a nuestro sujeto latinoamericano es atender la diversidad, es identificar la unidad de la diferencia, es avanzar hacia un nuevo sujeto que impulse un nuevo ser-en-el-mundo, lo cual imprimir\u00e1 nuevas din\u00e1micas culturales y econ\u00f3micas alejadas del individualismo occidental y asentadas en lazos de solidaridad no-mec\u00e1nica, de una hermandad que trasciende fronteras.<br \/>\nVolviendo, entonces, sobre lo dicho y a la nada, el mundo se halla dividido por dos l\u00edneas, una que identifica a Occidente y a Oriente, y otra que divide el Norte del Sur. Oriente, tambi\u00e9n ha hecho su propio Sur, y de all\u00ed, de la relaci\u00f3n oriental Norte-Sur emergi\u00f3 el toyotismo como modelo de producci\u00f3n deslocalizado que permite mantener a la \u00e9lite oriental a costa de la podredumbre del sur asi\u00e1tico. Para nosotros, occidentales pobres, se trata de desnaturalizar nuestra forma occidental como \u00fanica posible y deseable. La abolici\u00f3n del Sur implica no solo regenerar la civilidad sino, fundamentalmente, emancipar a nuestros pueblos d\u00e1ndoles entidad altiva y propia en el concierto internacional desde una perspectiva que nos aleje de la ya conocida dependencia, subdesarrollo y olvido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La construcci\u00f3n de Occidente El segundo milenio, ese que va desde el a\u00f1o 1000 al 2000, tiene algo especial. 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