Frente al edificio Scalabrini Ortiz del campus de Remedios de Escalada, cada día toma más forma el Parque Latinoamericano que reunirá, en un amplio espacio verde parquizado especialmente, obras de arte que representan a las principales figuras de la historia de Nuestra América. El primer artista convocado fue el uruguayo Gonzalo Ramírez, autor de la escultura “xxx” emplazada en 2014, a las que ahora se suman dos nuevas obras que traen al corazón de la UNLa la fuerza del “Che” Guevara en representación de Cuba y el ideario de Simón Bolívar en representación de la República Bolivariana de Venezuela.

“Esto es un grano más de arena que va sumando a la construcción y a la conciencia de una realidad latinoamericana –dice Gonzalo Ramírez sobre su arte en la Universidad-. Y más en estos momentos. Está buenísimo porque además ya se están poniendo los árboles. La propuesta es muy buena espacial y estéticamente, y, con su verde y sus esculturas, va a tener un sentido de acogida para todo aquel que vaya al Parque”.

 

 

Lejos de propuestas estéticas en las que el público se ve obligado a asumir un rol pasivo, de mero receptor, Gonzalo Ramírez trabaja con una idea del arte urbano en la que son esenciales la interacción y la participación activa del observador. “Creo que esto va funcionando –dice, contento-. Como pasó cuando instalamos la primera obra, en que muchos estudiantes se sumaron a pintar distintas partes de la escultura, en las instalación del Che y de Bolívar participó un montón de gente. Así se va generando algo que me parece que está bueno: se va generando conciencia. Conciencia desde el arte”.

Las dimensiones del Parque y la magnitud y connotación del proyecto exigen el emplazamiento de obras de gran tamaño, que por razones de movilidad y de costos deben ser realizadas in situ. Ramírez enfatiza que “me encanta trabajar con esto porque uno pone energía en el proyecto, lo concretamos y sale. Si no, en general, entre la idea y la concreción de un proyecto pueden pasar diez años. Con la gente que está en Venezuela estuve mandando dibujos y maquetas y lo aprobaron desde allá. Si a eso le sumás la parte que hace la UNLa, con toda esta gente de Patrimonio Histórico que trabaja y trabaja, y le meten amor, entonces las cosas salen”.

 

 

 

 

El abrazo

“La obra de Simón Bolívar está hecha sobre un arco que simboliza un abrazo integrador, de encuentro, que tiene que ver con el pensamiento bolivariano –explica Gonzalo. En cuanto al ‘Che’, yo tenía la idea de no poner una escultura figurativa, sino de generar cosas que subliminalmente requieran que el observador haga un ejercicio casi intelectual de moverse y descubrir el personaje. Que no sea tan evidente. Que uno tenga que participar. La misma persona lo mira diez veces desde diez lugares diferentes y siempre va a estar descubriendo cosas. Así la idea cierra un poco más. La gente que la vio el año pasado lo aceptó bastante bien, la idea es que esto siga ocurriendo”.

Además de ser un espléndido marco natural para el estudio y la investigación, el campus de la UNLa tiene la particularidad de actuar como parque para los vecinos de la zona. En este sentido, el Parque Latinoamericano se va erigiendo como un espacio simbólico diferente de cualquier otro espacio verde de la zona, que nos permitirá tener a las figuras de Nuestra América dentro de la Universidad y propondrá a la vez un paseo cargado de contenidos y mensajes esperanzadores para la comunidad en general. “Acá veo que los vecinos vienen a pasear, a tomar mate, traen a los chicos a andar en bicicleta. Hay árboles espectaculares, un pasto divino, tenés seguridad, podés venir con tus hijos, con tus nietos. Acá se ve la parte activa de la Universidad con respecto a la comunidad en la que está inserta”.

 

 

Para realizar su trabajo en la Universidad, Gonzalo va y viene desde su lugar de residencia, en la ciudad uruguaya de Punta del Este. A la pregunta de qué está haciendo actualmente en su país natal, responde que “allá tengo un circuito de esculturas en Punta del Este, la Barra y Manantiales. Son esculturas oceánicas y urbanas. Tengo emplazadas once esculturas grandes. El proyecto pasa por integrar la escultura al espacio urbano para generar conciencia en las nuevas generaciones del respeto y el cuidado del espacio en sí mismo y de la obra de arte. En este caso es escultura, pero podría también ser pintura mural u otros tipos de arte urbano. Es para que los más chicos empiecen a darse cuenta de que el espacio es de todos, que todos tenemos que cuidarlo, que hay un trabajo de alguien que hizo eso y hay que valorarlo, cuidarlo, respetarlo. Creo que esto es fundamental”.

Gonzalo remarca que la gente interactúa con las obras, y que “más allá del fenómeno estético de que algo me guste o no me guste está el hecho de que genere una atención por ver qué es, qué hay, qué pasa. Los chicos interactúan, juegan con las grandes esculturas. Y también pasa lo otro, lamentablemente: en espacios públicos a veces grafitean, o rompen las obras. La iniciativa tiende a que estos tipos que rompen, no rompan. Cuando las obras quedan grafiteadas las limpiamos, y lo que yo hago es dejar siempre un resto del grafiti que hicieron sobre ellas. Por lo que pasó con una obra en Uruguay, parece que en cuatro o cinco años el tipo que había hecho el grafiti tomó conciencia y después de eso no la ensució más. Parece que así funciona, pero lleva tiempo. La gente se tiene que acostumbrar a que el arte en el espacio público es parte del mobiliario urbano”.

En unos meses Ramírez va a viajar a Génova, Italia, donde se están armando unas esculturas de acero inoxidable creadas por él. “Voy allá a trabajar” dice, lejos de la figura romántica del artista alejado del mundo, y asumiendo una postura de trabajador del arte y la cultura. “Mi trabajo es eso, dentro de las posibilidades que me da el arte, ver qué podermos sumar. Se van consiguiendo cosas”.

 

 

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