Yo estoy ansiosa, él está ansioso, nosotros estamos ansiosos… Hoy, en una Argentina en crisis, la ansiedad se conjuga en todas las personas en forma de un estado prevalente que nos complica y por momentos nos vuelve tortuosa la vida cotidiana. Sobre esta difícil situación hablamos con la licenciada Gabriela Martínez Castro, directora de CEETA —Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad, enfocado en terapia cognitiva conductual de tercera generación—. “Según un reciente relevamiento internacional de Statista Consumer Insights correspondiente a 2025, el 49% de los argentinos reportó haber experimentado estrés y ansiedad frecuentes en el último año —nos cuenta Martínez Castro, licenciada en Psicología, master en Psicología Clínica y especialista en trastornos de ansiedad, con una amplia experiencia en este campo—. Ese porcentaje fue el más alto entre los países encuestados, ubicando a la Argentina en el primer puesto mundial en percepción de estrés/ansiedad”.

¿Cómo definís la ansiedad?

Es una emoción normal y esperable en todos los seres humanos. Nos protege del peligro, nos avisa de un riesgo inminente —por ejemplo, vamos a cruzar la calle, viene un auto muy rápido y entonces, este mecanismo de ataque-huida es lo que nos permite que demos un paso atrás y no tengamos un accidente—. Ahora, cuando estos niveles de ansiedad se superan, van creciendo y se hacen cada vez más altos, obviamente estamos hablando de un trastorno de ansiedad y no de la ansiedad común y corriente. Es como tener una alarma prendida todo el tiempo, como estar en alerta permanentemente esperando que algún suceso negativo suceda, cuando muchas veces no hay ningún suceso negativo que pueda suceder. Es un sentimiento difuso, generalizado, que cuando supera ciertos niveles también abarca sintomatología de tipo físico: la más grande sería un ataque de pánico. En ese sentimiento generalizado, todo produce temor, nerviosismo, miedo a que algo malo suceda.

¿Cuáles son las causas más frecuentes de estos estados de ansiedad?

Básicamente tres: una que tiene que ver con la genética, es decir, madre o padre o abuelos han sido personas ansiosas, nerviosas, temerosas, sobreprotectoras. En segundo término, haber sido criado entre personas ansiosas, temerosas o sobreprotectoras, que todo el tiempo nos muestran el mundo desde un lugar potencialmente peligroso. Y por último, hay estresoresdesencadenantes: alguna situación que vivamos como algo negativo, como algo que nos excede. Esto es algo muy personal, porque lo que puede ser estresante para mí puede no ser estresante para otra persona: el suceso puede ir desde cortarse una uña hasta tener un accidente con el auto. Estas tres causas generan situaciones de ansiedad generalizada, y a veces de trastornos de ansiedad.

¿Cómo ves el momento actual en nuestro país en cuanto a ansiedad, en relación con la crisis económica, laboral, social, el uso de pantallas?

Como comenté, en estos momentos la Argentina está en el primer nivel de ansiedad en relación con el resto de los países del mundo. Estamos atravesados por una situación álgida de inestabilidad laboral e inestabilidad económica, atravesados por un exceso de pantallas, de inseguridad, con lo cual ahí tenemos un combo importante para generar ansiedad: parecería que en este momento del país, el que no sufrió una crisis de pánico no es chic.

Es llamativo cómo los medios de comunicación actuales parecen ser premeditadamente estresores capaces de disparar este combo…

Sí, porque por toda esta situación, en estos momentos y en este país las personas están enfocadas en lo negativo, incluso la gente que hace las noticias: quién se quedó sin trabajo, qué lugar cierra, cuántos crímenes hubo hoy, qué lugar es menos seguro. La gente lo busca porque está en sintonía con este tipo de pensamiento. Por otro lado, si bien existen, en los diarios prácticamente no encontramos noticias positivas: y cuando no hay demasiada información actual negativa, se empiezan a remontar noticias viejas —crímenes, por ejemplo— porque tienen que publicar algo que se consuma.

¿Cuándo comienza esta “crisis de ansiedad nacional”?

La pandemia fue un estresor desencadenante importante; a partir de ese momento se gatillaron cualquier cantidad de trastornos de ansiedad y de consultas. Pero recordemos que también tiene que haber habido genética, tiene que haber habido factores ambientales, hay que haber crecido entre personas más bien ansiosas.

¿La ansiedad se da con mayor incidencia en algún segmento, tanto etario como socioeconómico?

Esto atraviesa todas las edades, atraviesa todos los niveles socioeconómicos. En este momento, lamentablemente estamos hablando de que la ansiedad abarca desde la infancia. Antes hablábamos de que comenzaba en la adolescencia, y ahora estamos hablando desde la infancia. Porque los chicos están creciendo dentro de un ambiente muy ansioso configurado por sus padres que, sin saberlo, les están dejando este legado. A todo esto se suman las pantallas, un tema de ninguna manera menor porque ocupan un lugar importantísimo en la ansiedad de los niños. Y por supuesto, está también el bendito bullying.

Hoy es bastante frecuente la irritabilidad en los niños, algo que está enmascarando problemas de ansiedad y problemas de ánimo: es decir, depresión, porque las personas que viven ansiosas claramente no se sienten felices. En los niños se desencadenan también problemas para dormir, problemas para alimentarse adecuadamente, problemas de sociabilidad, problemas escolares en cuanto a lo académico porque bajan la atención, la memoria y la concentración. Pobres chicos, también están sufriendo problemas físicos como dolores de panza, o dificultad para separarse de sus padres a la hora de ir al colegio. Estos son los principales problemas que estamos viendo.

¿Cómo afecta estas situaciones el comienzo de clases?

Por supuesto, hay mucha incertidumbre sobre cómo les va a ir, si tendrán o no buenos compañeros por temor al bullying, si van a poder entender lo que les enseñan… Como en cualquier persona que va a iniciar un trabajo nuevo o un estudio nuevo aparece una ansiedad por el rendimiento, por no saber si lo va a poder hacer bien, cómo va a ser el ambiente, los profesores… Esto aplica también a los estudiantes secundarios y universitarios, aunque en ese sentido los niños son más permeables porque tienen menos defensas que los grandes. Los niños están en formación, entonces son un terreno más fértil para sufrir este tipo de situaciones.

¿A qué recurren las personas ansiosas para sentirse mejor?

Las soluciones a mano tienen que ver con hacer ejercicio físico, con alimentarse lo mejor posible, con sociabilizar lo mejor posible, con la medicina homeopática… Cuando todos los recursos se agotaron, ahí recurren a la consulta. Hay que destacar que en realidad cuando sucede un trastorno de este tipo, la ansiedad va aumentando en el caso de no recibir tratamiento, hasta que hace imposible la vida cotidiana. Las personas transpiran, no quieren sociabilizar o no quieren salir de su casa por miedo a tener un ataque de pánico, o no quieren ir al colegio o a la facultad, o no pueden rendir adecuadamente. Pueden llegar a tener síntomas físicos que asustan mucho.

Desde tu profesión y tu experiencia, ¿qué podríamos hacer para paliar esta crisis de ansiedad generalizada?

Bueno, en realidad es un poco difícil en este país hoy porque realmente no están dadas las condiciones como para que podamos bajar el estrés y por lo tanto la ansiedad, con tantas malas noticias y estresores. Pero básicamente hacer ejercicio, dormir la cantidad de horas suficiente, y hacer “listas de agradecimiento”: cuando uno agradece, deja de rumiar en forma negativa y empieza a hacer girar el pensamiento alrededor de cosas positivas, lo cual baja muchísimo el estrés. No tiene que ver con una cuestión religiosa ni mucho menos, sino con una cuestión de cambiar la línea de pensamiento: de pasar de una línea negativa —como sucede en los casos de ansiedad—, a una línea realista.

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