El 13 de mayo de 1931, el Comité Olímpico Internacional, liderado por el conde Henri Baillet-Latour de Bélgica, escogió a Berlín como sede de los Juegos Olímpicos de Verano de 1936. Desde la Primera Guerra Mundial, Alemania había quedado excluida de las Olimpíadas; realizarlas en su capital, Berlín, sería la oportunidad de regresar a la comunidad internacional luego de la derrota de 1918.

Dos años después, en 1933, Adolf Hitler asumía el cargo de Canciller de Alemania y rápidamente se convertía en el Führer absoluto: en febrero se promulgó el Decreto del Incendio del Reichstag, suspendiendo derechos tales como la libertad de expresión, prensa y reunión y permitiendo el arresto de opositores políticos; el 23 de marzo el Parlamento aprobó por amplia mayoría la Ley de Habilitación, que por cuatro años  le permitía a Hitler promulgar leyes sin la interferencia del presidente ni del Parlamento; en julio de ese año, la ley contra la formación de partidos declaró al Partido Nacionalsocialista el único legal del país; en septiembre de 1935 se promulgaron las Leyes de Nuremberg, que despojaban a los judíos de la ciudadanía alemana y prohibían relaciones sexuales o matrimonios entre judíos y personas de sangre alemana.

En ese contexto, los Juegos Olímpicos no solo eran la oportunidad de entrar nuevamente en el concierto de las naciones: permitirían también proyectar hacia el resto del mundo una imagen de tolerancia y pacificación que ocultaba la verdadera cara del régimen. Al igual que el enorme complejo deportivo, las calles, los monumentos y las fachadas berlinesas se colmaron de banderas olímpicas y cruces esvásticas en reemplazo de los letreros antisemitas y los carteles que prohibían la presencia de judíos en lugares públicos; tampoco se mencionó la redada policial de romaníes ordenada por el Ministro del Interior el 16 de julio de 1936, cuando unos 800 gitanos que vivían en Berlín y sus alrededores fueron arrestados y recluidos en un campo especial. Como un aporte a la fachada de una Alemania tolerante, las autoridades nazis ordenaron que los visitantes extranjeros no estuvieran sujetos a las leyes contra la homosexualidad.

La presencia argentina

Desfile de la delegación argentina el 9 de julio, fecha patria. Delante de la delegación, precedida por una banda de las Wehrmacht, caminan: (1) Coronel Juan Carlos Sanguinetti; (2) Embajador E. Labougle. Detrás de Sanguinetti, también con uniforme de oficial del Ejército argentino, el general Enrique Jáuregui.

Cuarenta y nueve delegaciones de atletas de todo el mundo compitieron en los Juegos de Berlín, más que en cualquier otra Olimpíada. Alemania presentó la delegación más numerosa con 348 atletas, mientras que la Argentina presentó una pequeña delegación compuesta por 51 atletas en las disciplinas de atletismo, esgrima, boxeo, natación, polo, remo, tiro y yachting. Eran 50 hombres y una mujer, la nadadora Jeannette Campbell; fue la primera vez que una atleta femenina representó a nuestro país en los Juegos Olímpicos.

La delegación fue recibida en el mes de junio por el supervisor nazi del evento, el Dr. Julius Lippert, un suizo que había entrado al partido de Hitler en 1922 y que logró notoriedad gracias a sus conexiones con Joseph Goebbels, a un punto tal que en 1933 fue proclamado Reichskommissar de Berlín; desde entonces se dedicó a purgar la capital de judíos y opositores políticos, hasta que sus luchas de poder con políticos más poderosos condujeron a su caída a partir de una discusión con Hitler en 1940, luego de la cual fue enviado a Bélgica.

El 1º de agosto de 1936 Hitler inauguró personalmente los Juegos, frente a las delegaciones que, como hoy, se presentaron en orden alfabético por países; curiosamente para nosotros, espectadores del siglo XXI, esos cientos de atletas en uniformes de gala desfilaron con paso marcial y absolutamente coordinado, varios de ellos haciendo el saludo nazi. Por primera vez en los Juegos Olímpicos modernos, se realizó el recorrido de la antorcha desde Olimpia, Grecia, hasta Berlín, con la participación de 3.422 corredores, cada uno de los cuales corrió un kilómetro portando la antorcha a lo largo del recorrido de relevos de acuerdo con el modelo ateniense del año 80 a.C.

Entre el 1º y el 16 de agosto, durante las dos semanas de Juegos, la Argentina logró un total de siete medallas olímpicas: una de ellas fue para la nadadora Campbell, quien obtuvo la medalla de plata en los 100 metros libres.

Integrantes de la delegación argentina colocan una ofrenda floral; detrás caminan el embajador Labougle, Von Gilsa y Sanguinetti. Fotografía tomada en la Villa Olímpica, en agosto de 1936.
Olympia, la frutilla del postre
Cristalizando la utilización del deporte como medio de propaganda de un régimen que comenzaba a develarse atroz (utilización que lamentablemente no fue exclusiva de ese país ni de ese tiempo), en 1938 Alemania lanzó internacionalmente Olympia, el documental de la cineasta Reni Riefenstahl sobre los Juegos de Berlín, en dos partes: Olympia Parte Uno: Festival de las Naciones y Olympia Parte Dos: Festival de la Belleza. El film no solo narraba los Juegos, sino que al mismo tiempo proponía una reflexión sobre todo lo que Alemania podía lograr. Las primeras imágenes de Olympia enfatizan el mito de que la “superior” civilización germana era la legítima heredera de la cultura de la Antigua Grecia, mediante tomas de ruinas de monumentos y estatuas griegas que lentamente se transforman en hombres y mujeres según el modelo estético establecido por el régimen. Al igual que en los afiches y la difusión en general de los Juegos, las imágenes del deporte alemán apuntaban a promover el mito de la superioridad y el poderío físico de “la raza aria”: tono muscular firme, fortaleza heroica, personas rubias de ojos azules y facciones delicadas que también reflejaban la importancia que el régimen confería a la aptitud física, requisito esencial para el servicio militar. Más allá de sus contenidos ideológicos, Olympia fue aclamado como una obra maestra que revolucionó la representación del deporte en la pantalla: apenas una década después del fin de la Segunda Guerra Mundial, un grupo de directores de Hollywood lo eligió como una de las diez mejores películas de la historia.
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Los contenidos correspondientes a la participación argentina en los Juegos de 1936 fueron generosamente provistos por el investigador especializado y escritor Julio Mutti, quien también compartió con Viento Sur las fotos de su archivo que ilustran este artículo.

Fuentes:
https://encyclopedia.ushmm.org/content/es/article/the-nazi-olympics-berlin-1936-inauguration-of-the-olympic-torch-relay
https://encyclopedia.ushmm.org/content/es/article/the-nazi-olympics-berlin-1936

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