El liberalismo es una de las corrientes intelectuales más influyentes para la organización política, institucional y cívica del mundo occidental. En la historia de nuestro país, constituyó un marco conceptual fundamental para la organización nacional tras la Independencia y guió el accionar de un sector clave de la dirigencia política y de la élite económica.
No obstante, el liberalismo, lejos de ser un marco neutral de organización política y cívica, ha operado históricamente como una herramienta de justificación para la colonización cultural y la consolidación del imperialismo económico. En la historia de nuestro país, esta corriente intelectual no representó un consenso nacional genuino, sino que constituyó el andamiaje ideológico impuesto por una élite económica dependiente del capital internacional para subordinar la soberanía local a los intereses de las potencias del Atlántico Norte.
En Iberoamérica, el liberalismo como mecanismo de dominación y colonización cultural se fundó sobre la desvalorización de las culturas nativas, criollas y populares, considerándolas sinónimos de «barbarie». El modelo liberal importó moldes institucionales y estéticos europeos, imponiendo una pedagogía civilizatoria que buscaba moldear la identidad nacional para promover ciudadanos funcionales al mercado internacional.
En este sentido, detrás de los discursos de libertades individuales y libre comercio se escondía una suerte de incorporación periférica de nuestro país al sistema-mundo capitalista. El liberalismo guió el accionar de una dirigencia que estructuró un modelo agroexportador dependiente, donde el control de los recursos y las finanzas quedó bajo la órbita de monopolios extranjeros: en el caso argentino, principalmente británicos.
Al mismo tiempo, mayormente durante el siglo XIX, pero también en el siglo XX, la libertad pregonada por esta corriente intelectual fue selectiva. Su implementación requirió la violenta centralización del Estado, la campaña contra el indio y el gaucho, la liquidación de los proyectos federales desarrollados fuera de Buenos Aires; en definitiva, la expropiación de tierras indígenas y la persecución, aniquilación y exilio de aquellos líderes de los gauchos federales (Juan Manuel de Rosas, Ricardo López Jordán, Facundo Quiroga, Martín Miguel de Güemes), demostrando que el orden liberal se edificó sobre la exclusión del otro.
El seminario Introducción al pensamiento de Liberalismo Argentino: teoría y proyección histórica
Lejos de ser un bloque homogéneo o una mera copia de las doctrinas europeas o estadounidenses, el liberalismo en el Cono Sur atravesó un complejo proceso de traducción, adaptación y disputa conceptual frente a las urgencias de cada época.
El seminario optativo que ofrece nuestra universidad, dictado por los docentes Dr. Aritz Recalde, Mg. Marcos Mele, Dr. Facundo Di Vincenzo y Dr. Pablo Méndez, propone un recorrido diacrónico y reflexivo para comprender cómo este ideario mutó desde la estructuración del Estado en el siglo XIX hasta la consolidación de las reformas de mercado a fines del siglo XX. Desde esta perspectiva, este seminario constituye una introducción sucinta al estudio de un conjunto de pensadores argentinos de los siglos XIX y XX, formando parte del «Programa de formación democrática, histórica y política» de la UNLa, bajo la dependencia del Vicerrectorado.
El estudiante que se sume a este espacio académico, accederá a herramientas teóricas claves para analizar la historia y los aportes teóricos principales de las tradiciones políticas fundacionales del sistema democrático y del Estado Argentino, ya que el mismo brinda herramientas conceptuales para el ejercicio reflexivo y crítico de la democracia en la actualidad.
El liberalismo desde el siglo XIX hasta hoy
Durante el siglo XIX, el pensamiento decimonónico funcionó como el marco conceptual fundamental para edificar el Estado tras las cruentas guerras civiles y la declaración de la Independencia. La gran polémica nacional expresada en la correspondencia político-literaria entre Juan Bautista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento revela que el liberalismo originario no era un bloque homogéneo.
Mientras que Alberdi en sus Bases delineaba un pragmatismo institucional que priorizaba el desarrollo civil, la inmigración europea y la libre iniciativa económica para sentar las bases del progreso colectivo, Sarmiento enfocaba sus esfuerzos teóricos en la educación popular como el vehículo civilizatorio fundamental para erradicar las fuerzas de lo que denominaba “barbarie”. A esta dialéctica se sumaba la impronta historiográfica de Bartolomé Mitre, configurando un escenario donde el individuo, el Estado y el proyecto de República se redefinían constantemente ante problemas cruciales como la formación nacional, la inserción en los mercados globales y los conflictos internacionales, incluyendo la Guerra del Paraguay.
Hacia el cambio de siglo, el advenimiento del Centenario y la consolidación del orden conservador forjado por la Generación del Ochenta marcaron una profunda transformación del ideario liberal bajo el influjo del positivismo y el evolucionismo. Intelectuales y estadistas de la talla de Joaquín V. González, Carlos Pellegrini y José Ingenieros debieron formular respuestas desde las estructuras estatales a la denominada cuestión social, emergente del vertiginoso proceso de urbanización e inmigración masiva. Este período se caracterizó por una tensión constante entre la vocación reformista de ciertos sectores y la deriva represiva frente al auge de la cultura libertaria y el anarquismo. La sociología naciente osciló entre funcionar como una ciencia de Estado orientada al control y el orden social, o consolidarse como una disciplina estrictamente académica, enmarcando debates profundos sobre si el racionalismo de la época encubría sesgos excluyentes o visiones esencialmente racistas frente a las clases populares.
La crisis del modelo agroexportador y los quiebres institucionales iniciados en la década de 1930 abrieron paso a una nueva etapa de mutaciones teóricas globales que repercutieron directamente en el plano local. El tránsito intelectual desde el Coloquio Walter Lippmann hasta la fundación de la Mont Pèlerin Society redefinió el liberalismo de posguerra mediante la confluencia de la Escuela Austríaca, el ordoliberalismo alemán y el libertarianismo norteamericano. En la Argentina, la internalización de este nuevo liberalismo o neoliberalismo encontró entre las décadas de 1950 y 1970 a divulgadores clave como Federico Pinedo, Álvaro Alsogaray y Alberto Benegas Lynch. Estos pensadores propusieron una relectura del pasado decimonónico bajo la consigna de una vuelta a las bases de la Constitución de 1853, articulando proyectos que buscaban instaurar una economía popular de mercado en abierta confrontación con los modelos desarrollistas e intervencionistas de la época.
Finalmente, el último cuarto del siglo XX atestiguó la consolidación de este saber experto a través de la articulación de densas redes transnacionales de ideas, materializadas en fundaciones, centros de estudio y think tanks vinculados a tramas globales como la Red Atlas.
Este entramado discursivo proveyó el andamiaje técnico y la legitimación conceptual indispensables para el diseño y ejecución de las reformas estructurales de primera generación implementadas durante la década de 1990. El discurso experto desplazó el debate ideológico tradicional hacia una lógica de eficiencia técnica y gobernanza orientada al mercado, reconfigurando la relación entre democracia, Estado y ciudadanía bajo el paradigma de una democracia de mercado.
El examen diacrónico de estas corrientes demuestra que el liberalismo argentino no ha sido un cuerpo doctrinario estático, sino un territorio de disputas intelectuales y políticas cuyos ecos continúan operando en el corazón de las discusiones institucionales del presente.
Los revisionistas históricos de la primera mitad del siglo XX y el liberalismo
Mientras que figuras clave de la llamada «Generación de 1930» como los hermanos Julio (Gualeguaychú, 1899-1982) y Rodolfo Irazusta (Gualeguaychú, 1897-1967) o Ernesto Palacio (San Martín, Bs.As, 1900-1979), centraron sus esfuerzos en la revisión historiográfica y el análisis del pacto semicolonial o neocolonial de la Argentina con el Imperio británico, Ramón Doll operó desde la crítica literaria y el periodismo de trinchera. Su objetivo fue desarmar el aparato de legitimación cultural, educativa y psicológica que permitía la dominación inglesa en la Argentina.
Para Doll (Doll, 1935), la libertad de prensa defendida por el Estado liberal constituía una de las mayores falacias del sistema representativo. Doll sostenía que bajo la fachada de la «libertad de opinar y publicar», se camuflaba el ejercicio abusivo de la propiedad privada de las grandes empresas cablegráficas y periódicos. Doll ilustró este fenómeno mediante el análisis de la manipulación de la agenda económica pública: “Supongamos que un gran consorcio financiero controle las empresas cablegráficas y los diarios más importantes del país y pretenda ocultar una noticia importante…” (Doll, Revista de Filosofía Latinoamericana, 2011, p. 127). En cierto sentido, esta perspectiva difería sensiblemente de la de los hermanos Irazusta (Doll, 1934), quienes en su célebre obra La Argentina y el imperialismo británico analizaban los medios no como un problema estético-cultural de alienación, sino como instrumentos directos de convalidación diplomática del Pacto Roca-Runciman. Se podría decir que mientras para los Irazusta el liberalismo era una claudicación geopolítica, para Doll, era una enfermedad de la superestructura cultural que adormecía la conciencia nacional.
Al mismo tiempo, Doll denunció sistemáticamente la desconexión entre las élites gobernantes y la realidad nacional. Afirmaba con agudeza que los defensores del orden institucional «daban la impresión de extranjeros que hubieran invadido el país» (Doll, 1975, p. 59); por ello consideraba que el andamiaje jurídico liberal carecía de arraigo popular, legitimando un estatus colonial. Este diagnóstico encuentra un puente y, a la vez, un contraste con el pensamiento de Ernesto Palacio.
En su obra Historia de la Argentina, Palacio (Palacio, 1954) argumentaba que el liberalismo había suplantado la tradición hispánico-católica y federal por un legalismo abstracto y centralista copiado de Europa. No obstante, mientras Palacio buscaba una restauración del orden tradicional y de la autoridad orgánica del Estado, Doll mantenía un perfil de polémica intelectual más volcado a desarmar el canon de la literatura mitrista y la pedagogía sarmientina, a las que consideraba las verdaderas terminales de la domesticación argentina.
En obras fundamentales como Liberalismo en la literatura y la política (Doll, 1935) y Las mentiras de Sarmiento (Doll, 1952), Doll demostró que la dominación liberal no se sostenía únicamente por la fuerza de los ferrocarriles ingleses o las aduanas, sino por la eficacia del relato histórico oficial. Para Doll, la dicotomía sarmientina entre «civilización o barbarie» operaba como un filtro que invalidaba cualquier expresión de soberanía popular al etiquetarla de atraso o salvajismo.
Ramón Doll sitúa a Domingo Faustino Sarmiento no como el prócer educador de la historiografía oficial, sino como el principal arquitecto del sometimiento cultural y la colonización pedagógica en la Argentina. En su obra cumbre Las mentiras de Sarmiento (Doll, 1952), Doll descompone el andamiaje discursivo del sanjuanino, enfocando su crítica en el impacto geopolítico y psicológico de la dicotomía «civilización o barbarie» plasmada en el Facundo.
Mientras que los hermanos Irazusta combatían el legado de la Generación de 1837 desde el análisis diplomático y económico de la entrega de la soberanía, Doll (Doll, 1935) operaba desde la crítica literaria y la psicología social. Su objetivo era demostrar cómo la literatura sarmientina funcionó como una justificación estética para la destrucción de las economías del interior y el exterminio de las masas federales en beneficio del puerto de Buenos Aires y sus socios británicos. Para Doll (Doll, 1952), el Facundo: Civilización y barbarie (Sarmiento, 1845) no constituía un tratado sociológico objetivo, sino una pieza de propaganda política financiada indirectamente por intereses extranjeros para derrocar a Juan Manuel de Rosas. Doll desmitifica la prosa sarmientina señalando tres ejes fundamentales de su carácter destructivo:
- La criminalización de lo autóctono: Sarmiento definió la «barbarie» a partir del gaucho, el habitante de las provincias y la herencia hispano-indígena. Doll argumenta que esta etiqueta despojó de legitimidad política a las mayorías populares, convirtiendo el asesinato de los caudillos (como Ángel Vicente «Chacho» Peñaloza o Juan Facundo Quiroga) en un acto necesario de «progreso» (Doll, como se citó en Irazusta, 1975). [1]
- El complejo de inferioridad nativo: Doll denuncia que la definición de «civilización» en Sarmiento era puramente mimética y geográfica. “Civilización” era Europa, las ciudades portuarias, el libre comercio y la adopción acrítica de las modas e ideas francesas o anglosajonas. Al instalar este paradigma, Sarmiento inoculó en la élite intelectual argentina un autoodio que los inhabilitaba para pensar soluciones basadas en la propia realidad nacional (Doll, 1935).
- La justificación del colonialismo: Al plantear que la pampa era el vacío y el atraso, Sarmiento sentó las bases para el «método liberal de colonización». Doll analiza cómo la entrega de tierras, ferrocarriles y aduanas a los capitales británicos fue presentada por el sarmientismo como la llegada de la «luz de la razón» frente a las tinieblas americanas (CEDINPE, 2020).
En este sentido es que sostenemos que Ramón Doll analizó cómo el «método liberal de colonización» evolucionó frente a las crisis del siglo XX, ya que consideraba que si bien el capital extranjero inicial exigía una neutralidad formal del Estado, la complejidad internacional rompió dichos esquemas, obligando a la intervención directa del capital transnacional en las estructuras estatales. En este punto, el bloque revisionista coincidía en el diagnóstico pero discrepaba en las soluciones políticas.
Los hermanos Irazusta apelaban a un nacionalismo de corte institucional y de defensa de las libertades tradicionales frente al avance de los monopolios extranjeros. Palacio, por su parte, derivaba hacia un corporativismo católico que desconfiaba intrínsecamente de la democracia de masas. Doll, en cambio, transitó un camino singular: su implacable antiimperialismo lo llevó a dialogar críticamente tanto con las corrientes de la izquierda nacional como con el emergente fenómeno del peronismo, entendiendo que la caída del edificio liberal requería una movilización de las bases populares que superara el elitismo de los propios salones nacionalistas (CEDINPE, 2020).
El análisis de Doll (29 de enero de 1939) concluye que el sarmientismo sobrevivió a Sarmiento a través de la prensa y los manuales escolares. Cada vez que los grandes diarios de la oligarquía (como La Nación o La Prensa) tildaban de «bárbaros», «demagogos» o «salvajes» a los movimientos populares que reclamaban mejoras sociales, no hacían más que aplicar el viejo libreto del Facundo.
Por lo tanto, la crítica de Doll a Sarmiento no era un mero debate histórico sobre el siglo XIX; era una herramienta de combate contemporánea para desarmar el discurso de la prensa liberal que, en el siglo XX, seguía defendiendo los privilegios de los consorcios financieros internacionales bajo el disfraz de la defensa de la «civilización» (Revista de Filosofía Latinoamericana, 2011).
Referencias
- CEDINPE. (2020). Notas y críticas de Ramón Doll (1943-1955). Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en Argentina; Universidad Nacional de General San Martín. unsam.edu.ar
- D’Auria, Aníbal. (2022). Metáfora y política. Facultad de Derecho, Universidad de Buenos Aires. uba.ar
- Doll, Ramón. (1935). Liberalismo en la literatura y la política (con una segunda edición de: Democracia: mal menor). Editorial Claridad.
- Doll, Ramón. (1952). Las mentiras de Sarmiento. Editorial Federación.
- Irazusta, J. (1975). El pensamiento político de la generación de 1930. Editorial Dictio.
- Irazusta, Rodolfo e Irazusta, Julio (1934). La Argentina y el imperialismo británico: Los eslabones de una cadena, 1806-1933. Editorial Tor.
- Palacio, Ernesto (1954). Historia de la Argentina (1515-1938). Editorial Alpe.
- Revista de Filosofía Latinoamericana. (2011). Ramón Doll y la crítica al rol de los medios en los procesos políticos. Revista de Filosofía Latinoamericana, (37), 125-132.
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