“Mi gran pasión la descubrí a los 40 años, en 2012, cuando me convierto en profesor de secundaria —dice Pablo Melara, licenciado en Historia, docente e investigador—. Por esas cosas del destino, en Jesús Obrero, el mismo lugar del cual fui alumno. Me fascina dar clases, y sobre todo a adolescentes”.

Como autor de “Malvinas: Sentir la Guerra”, Pablo Melara fue uno de los expositores en el Congreso “Voces de Malvinas cuarenta años después” que se realizó en abril en nuestra universidad. En esta entrevista nos cuenta, entre otras cosas, de qué trata el libro y cómo nació su interés por el accionar de los buzos tácticos de Mar del Plata —su ciudad natal— en la gesta de Malvinas.

¿De qué trata Malvinas: Sentir la Guerra?

Malvinas: Sentir la Guerra” es un libro que fue publicado en el 2011. Es una continuidad de mi tesis de licenciatura en Historia que se denomina 80 días en Malvinas, dirigida por la Dra. en Historia Adriana Álvarez. Este trabajo realiza un acercamiento al Conflicto Bélico del Atlántico Sur de 1982, tomando como protagonista a la agrupación de buzos tácticos de la Armada Argentina. Los buzos tácticos son una fuerza de elite, la primera de este tipo creada en el país y en Sudamérica. Durante el conflicto de Malvinas se puede dividir su actuación en tres grupos: aquellos que participan de la “Operación Rosario”, junto a comandos anfibios e infantes de marina. Esta es sin dudas su historia más conocida. Pero también encontramos otras historias como por ejemplo los que se encuentran en las Georgias del Sur, esta sección son los primeros en desembarcar en las islas australes el 25 de marzo de 1982. Y hay un tercer grupo que llega a Malvinas el 8 de abril y permanece desarrollando tareas en la zona del Apostadero Naval hasta la caída de la guarnición argentina en manos inglesas. Precisamente, el libro realiza un estudio sobre las tareas que realiza un buzo táctico, cuáles fueron sus orígenes, y ya acercándonos a 1982, su labor en los distintos escenarios bélicos del Atlántico Sur.

¿Cuál es la hipótesis sobre la que trabajaste?

Como sabemos, la finalización de la guerra y la derrota en Malvinas produjo un golpe mortal a la Junta Militar. En ese contexto se abrió un espacio para cuestionar al régimen. Las primeras investigaciones que comenzaron a iluminar ciertas cuestiones sobre lo ocurrido en el conflicto bélico son periodísticas. Buscaron indagar y analizar las causas de esta guerra, como así también sus características. “Los nombres de la derrota” o “La Trama Secreta” fueron algunas de ellas. En la mayor parte de las explicaciones prevaleció la idea de que el operativo en Malvinas había sido un intento de la dictadura por revitalizar su gobierno y acallar las críticas que se estaban gestando a nivel interno. En la posguerra se da, sobre todo, una mirada política de la Guerra de Malvinas. La imagen que va a prevalecer es: Malvinas como un hecho, uno más, de la última dictadura militar. Como diría Rosana Guber, Malvinas fue visto como “algo de los militares”. En ese contexto, también sobresalen los relatos de y sobre soldados ex combatientes acerca de las experiencias en el campo de batalla. La imagen que va a quedar es la de los soldados como víctimas de los militares argentinos, no de los ingleses. Esta imagen se reforzó aún más cuando las historias fueron llevadas al cine, a través de los films “Los chicos de la guerra” o más tarde “Iluminados por el Fuego”.

Si bien las Fuerzas Armadas argentinas, a través de una extensa bibliografía, intentaron dar su versión de los hechos, estas historias tuvieron menos visibilidad que las antes mencionadas. Lo hicieron en forma separada, tal como habían luchado durante la guerra. Cada arma intentó salvar su honor, en ocasiones cargando las culpas sobre las restantes fuerzas. Sin embargo, más que reflexionar sobre la guerra, intentaron justificar sus actos. Detrás de esas historias hay muchas experiencias aún sin investigar. En mi caso elegí a la Agrupación de Buzos Tácticos de la Armada Argentina. La elección tiene que ver con que buscaba profundizar en las experiencias bélicas de militares profesionales, un tema poco estudiado por los académicos argentinos. Y también deseaba que esa unidad estuviera ubicada en Mar del Plata, mi ciudad. El accionar de los Buzos Tácticos no era de las historias más recordadas. Todo lo contrario, muchas de sus historias permanecían silenciadas, aun por el arma que los había enviado a combatir. De hecho, la Armada había sido muy selectiva a la hora de recordar la guerra, tal como sostiene el historiador Federico Lorenz. Buscó poner el acento en aquellas experiencias que podían tener una mejor recepción por parte de la ciudadanía y que fueran espectaculares. Divulgó la operación de recuperación del 2 de abril, el hundimiento del Crucero Belgrano, la actuación de la Aviación Naval y del Batallón de Infantería 5 (BIM 5), postergando y silenciando muchas otras experiencias.

Cuando comencé con mi investigación, si bien había más gente trabajando el tema Malvinas, eran pocos los que lo hacían sobre la experiencia de guerra. Obviamente, los referentes más importantes eran Rosana Guber y Federico Lorenz, y también me gustaría destacar la labor de Andrea Belén Rodríguez, cuya investigación fue muy importante para mi trabajo. “Sentir la Guerra” es por sobre todas las cosas una historia social de la guerra. Se focaliza allí, en reconstruir las historias de los buzos tácticos, darles voz a sus historias, hasta ese momento en silencio. Ordenar sus acciones. Ubicarlos en el escenario de la guerra. Y luego sí, abordar sus experiencias bélicas.

Tapa del libro «Sentir la Guerra»

La imagen que trascendió del desembarco en Georgias fue la del funesto Alfredo Astiz al mando del operativo. ¿Cuál es el “detrás de la foto”?

Georgias es un tema en sí mismo, por varias razones. De hecho, uno de los capítulos del libro se denomina “Georgias, donde todo comenzó”. En primer lugar, es el prólogo de la guerra. Recordemos lo que acontece allí, me refiero al incidente con los “chatarreros” de Davidoff.  Y cómo rápidamente este incidente menor va escalando, comienzan las protestas diplomáticas entre ingleses y argentinos, los movimientos de barcos y tropas y todo esto culmina con la guerra.

Cuando estaba haciendo mis primeras entrevistas a los buzos tácticos, recuerdo que alguien dijo “De Georgias nadie quiere hablar”. Y ahí me pregunté ¿por qué nadie quiere hablar? Recordemos un poco… Cuando estalló el incidente de los chatarreros, Gran Bretaña envió un barco con personal militar a desalojarlos; el buque polar argentino Bahía Paraíso se encontraba en las islas Orcadas, realizando la campaña antártica. Allí recibió la orden de dirigirse a las Georgias para proteger a los trabajadores de Davidoff. Dentro de ese buque se encontraba el Grupo Alfa que estaba compuesto por buzos tácticos y comandos anfibios, y como mencionás, al frente se hallaba Alfredo Astiz. Por una cuestión de distancia, llegó primero el navío nacional. La orden que reciben es desembarcar personal militar y proteger a los trabajadores en Leith (Georgias). Ellos desembarcan el 25 de marzo. El incidente entre Gran Bretaña y Argentina siguió escalando, e Inglaterra anuncia el envío de naves al Atlántico Sur: en ese contexto, el gobierno militar decidió actuar antes y ordena adelantar los planes de contingencia y desembarcar en Malvinas. Una vez recuperadas el día 2 de abril, era el turno de hacer lo mismo con Georgias. A la tropa desembarcada en Leith, se le suman refuerzos y la corbeta Guerrico. El 3 de abril se disponen a tomar Grytviken, logrando cumplir el objetivo pero encontrando una resistencia inglesa mayor a la esperada.

Y volvemos a la pregunta: “¿por qué nadie quiere hablar de Georgias?” A modo de respuesta, la experiencia en Georgias va a estar condicionada por tres cuestiones: la ausencia de combate en la defensa de las islas, una operación de prensa durante la guerra que, al contrario de lo que estaba sucediendo, hablaba de una resistencia prolongada y heroica en las Georgias, y un tercer factor es la aparición de nombres fuertemente asociados con la represión ilegal, como el de Alfredo Astiz.

¿Cómo contribuyó esta imagen al proceso de desmalvinización?

En un contexto donde la lectura de la guerra es muy política y en el que Malvinas es vista, solamente, como una maniobra de la dictadura, personajes fuertemente vinculados con la represión ilegal como Astiz ayudan a reforzar esta cuestión.

Inglaterra quedó en segundo plano a la hora de analizar la guerra. De hecho, pese a ser la única guerra internacional que protagonizó nuestro país en el siglo XX, el campo de las ciencias sociales no produjo durante mucho tiempo un estudio profundo y complejo sobre Malvinas. Como dice Rosana Guber, las afirmaciones del mundo académico suelen limitarse a una serie de consignas deplorando aquella “guerra absurda” con la cual “un general borracho” había llevado a la muerte a “muchachos de 18 años sin instrucción ni equipamiento”, para enfrentar a “la segunda potencia de la OTAN”. Es decir, a la hora de analizar la guerra, como dije antes, el énfasis está puesto en verla como “algo de los militares”.

Recién en los últimos años comienza a haber mayor cantidad de estudios sobre esta cuestión.

Aclaro, no estoy defendiendo a la dictadura ni mucho menos, pasan los años y pareciera que hay que seguir haciendo esta aclaración. Sino que, en estos 40 años, en la mayor parte de las explicaciones, la visión de la guerra y sus causas, han quedado simplificadas a una cuestión interna, quedando relegadas las visiones que aluden a la situación internacional, a la presencia y ambición británica en el Atlántico Sur. Aún hay demasiados silencios en torno a esta guerra. Estos 40 años son una invitación a buscar esa complejidad que necesariamente tiene un hecho de tal entidad como lo es una guerra.

Pablo Melara

¿Cómo surgió tu interés por los buzos tácticos y por Malvinas?

Comienzo por la segunda pregunta: mi interés por Malvinas comenzó desde muy chico. Tenía 10 años cuando sucedió la guerra. Recuerdo enterarme el 2 de abril muy temprano en mi casa. Mi papá estaba escuchando la radio y ahí me dijo entusiasmado “Recuperamos las Malvinas”. Sin dudas fue un viernes distinto, no sé por qué, pero sabía que los sucesos en el Atlántico Sur eran algo histórico. Cuando a las 8 hs llegué al colegio, en el salón de actos era todo algarabía, con mis compañeros gritábamos y festejábamos. También me acuerdo del reto de nuestra maestra. Y que nos dijo que no había mucho para festejar, que nuestro país había desafiado a una potencia mundial, poseedora de la tercera flota más poderosa del planeta y nosotros, con barcos de la Segunda Guerra Mundial. A partir de allí, muchos otros recuerdos quedaron grabados en mi mente: el hundimiento del Crucero Belgrano, el accionar de los bravos pilotos argentinos, los cascos de los soldados argentinos en el suelo de Darwin, el 14 de junio. El silencio.

Este interés de niño se va a profundizar en mi adolescencia. Sobre todo a partir de la lectura de una serie de fascículos publicados por Editorial Reguera, y que en 45 entregas hablaban de la guerra, del campo de batalla terrestre, aéreo y naval, tanto en su versión inglesa como argentina.

Pero iba a ser un libro el que me iba a marcar: La Trama Secreta. Admiré su escritura y definitivamente profundicé mi interés en la Cuestión Malvinas; y despertó algo nuevo en mí, la idea de escribir un libro, algún día. A los 29 años comencé la carrera de Historia en la Universidad Nacional de Mar del Plata y noté con sorpresa que el estudio de Malvinas no ocupaba un lugar importante: tuve que esperar hasta la última materia para encontrarme con el estudio de esta cuestión. En ese entonces comienzo a escribir mi tesis, mi tema era obvio, lo difícil fue acotarlo. Es por eso que decidí meterme en el campo de batalla, deseaba que fueran marplatenses los protagonistas. Mar del Plata tuvo un papel importante en la guerra, y hay muchos veteranos de guerra en la ciudad. Fue así que elegí a los buzos tácticos.

Volviendo a tu primera pregunta: ¿por qué buzos tácticos? En el 2007 era panadero y mi tarea habitual cada mañana era hacer el reparto, es decir vender pan y facturas en reventas de pan, restaurantes, entre otros. Uno de los clientes que tuve fue el buffet de la Agrupación de Buzos Tácticos. Cada mañana, muy temprano, llevaba allí facturas. Ingresaba a la Base Naval y me dirigía a la Agrupación. En sus paredes solía ver las fotos del desembarco en Malvinas, y muchas otras. Por otro lado, los buzos solían poner en los parabrisas de sus autos una calcomanía que decía “Malvinas Volveremos. Agrupación Buzos Tácticos”. Esta identificación entre este grupo de combate y Malvinas me convencieron que fueran los protagonistas de mi investigación. En el año 2010 culminé mi tesis de licenciatura denominada “80 días en Malvinas. El accionar de la Agrupación de Buzos Tácticos de la Armada Argentina en el conflicto bélico de 1982”. Este trabajo fue la columna vertebral de lo que sería mi libro Malvinas, Sentir la Guerra.

¿Qué sigue a “Malvinas: Sentir la Guerra”?

Cuando presenté el libro, pasaron muchas cosas positivas. Tuvo una buena repercusión en el ámbito local, como así también en ventas. Los protagonistas, los buzos, se sintieron identificados con la historia que estaba plasmada en el libro. Se reconocían (y los reconocían). Esto lo valoro mucho, porque me preocupaba el hecho de abordar una historia sobre militares y sobre buzos, sin yo ser militar ni buzo. Por otro lado, en la presentación del libro había un grupo de submarinistas que estuvieron presentes, me esperaron y comentaron su experiencia bélica: eran del submarino San Luis. Posteriormente nos reunimos en la casa de uno de ellos. Aún recuerdo algo que me dijeron: “Queremos contarte la verdadera historia del submarino San Luis…”.Allí comenzó una segunda investigación que hace muy poco terminé, que se denominará “El San Luis. Memorias de un submarino argentino en la Guerra de las Malvinas”. Espero poder publicar este libro en breve.

El GIHOR
“Hoy entremezclo la investigación como parte de la materia Historia. De hecho, ese fue el inicio de otra aventura: el GIHOR (Grupo de Investigación de Historia Oral y Regional) —dice Pablo Melara—. Este grupo se fundó en 2012 en el Instituto Jesús Obrero de Mar del Plata. La iniciativa fue tomada por la profesora Sandra Fernández y por mí. Posteriormente se sumaron profesores de otras áreas como Literatura, como es el caso de Valeria Paz, o la bibliotecaria del colegio, Paula Calo, entre otros. Inclusive se incorporaron graduadas como Luisina Palomba y Florencia Suriani, quienes actualmente también se desempeñan como profesoras en la institución. GIHOR es sobre todas las cosas un espacio para brindar a los alumnos mayores herramientas metodológicas, tales como la confección de trabajos escritos académicos (monografías) y un mayor desarrollo de estrategias en el ámbito de la oralidad, que les sirva para sus carreras terciarias y universitarias. Desde la perspectiva de la enseñanza, nuestro objetivo fue acercarnos al abordaje del tema Malvinas. Recorremos estas historias no solo a través de textos e investigaciones sino, y sobre todo, mediante las voces y experiencias de sus protagonistas. Las voces de Malvinas, sus emocionantes historias, habitan nuestras aulas de forma habitual. Y los alumnos se apropian de estas historias y las hacen suyas”.

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