1916. Europa libraba su Primera Guerra Mundial desde hacía ya dos años y todavía quedarían un par más hasta su finalización. Del otro lado del Atlántico, Argentina se mantenía neutral frente al conflicto y, además, era escenario de las primeras elecciones convocadas bajo la Ley Sáenz Peña, que establecía el voto secreto, obligatorio y universal, aunque esta última característica fuera exclusiva de los varones mayores de 18 años. El triunfo de las urnas fue para el radical Hipólito Yrigoyen, quien se convirtió en el primer presidente argentino elegido democráticamente.
“Por primera vez se organizó de manera relativamente eficiente un comicio, en el cual existían padrones confeccionados a partir del servicio militar y en el cual se pudo sufragar sin las presiones consabidas durante el periodo previo”, explica Javier López, profesor de Historia (UBA) y especialista en Pensamiento Nacional y Latinoamericano (UNLA), al cumplirse 100 años de ese acontecimiento.
¿Cómo podríamos describir a Yrigoyen?
Yrigoyen fue un gran líder popular. Si bien no era un orador importante, tenía una relación de uno a uno con sus militantes, por lo cual fue apodado el peludo, como la mulita, justamente porque se encerraba dentro de ese vínculo donde establecía nexos fuertes.
Los sectores medios se vieron representados y, de alguna manera, llegaron a ocupar las más altas cumbres del Estado; por su parte, los sectores populares confiaron en su persona votándolo de manera sistemática.
Yrigoyen mantuvo la neutralidad de nuestro país frente a la Gran Guerra, a pesar de las presiones. También propició una política petrolera nacional de tipo independiente, apoyó la reforma universitaria de 1918 y, además, por supuesto, planteó su liderazgo como una continuidad de (Juan Manuel de) Rosas y estableció, por ejemplo, el 12 de octubre como feriado nacional.
¿Yrigoyen tenía antepasados rosistas?
Él era sobrino del fundador de la Unión Cívica Radical, Leandro Alem, quien a su vez era hijo de un conocido mazorquero de apellido Alen, el cual fue ejecutado tras Caseros. Por ese motivo, Leandro Alem modificó su apellido cambiando la N por M. Los colores de la Unión Cívica Radical tienen que ver, por un lado, el blanco con el Partido Blanco del Uruguay, y el rojo con el federalismo rosista.
Muchos calificaron a Yrigoyen de intervenir mucho en el Estado, ¿cuál es tu opinión?
Hay que tener en cuenta que si bien él llega al gobierno en octubre de 1916, lo cierto es que muchos de los resortes del poder político le eran ajenos. Tenía a la Cámara de Senadores absolutamente en contra y a la mayor parte de las gobernaciones también. La prensa oficial le era reacia, los rectores de las universidades tampoco eran afines a su persona y, por supuesto, la Corte Suprema de Justicia no tenía ni una raigambre de tipo radical.
Por lo tanto, y sin justificarlo, se entiende que algunas de las intervenciones federales estuvieran relacionadas con tratar de desarmar la estructura fraudulenta que durante casi 35 años había establecido el PAN, es decir, el Partido Conservador. Por ejemplo, en Mendoza y San Juan se abusó del intervencionismo para confrontar a líderes populares surgidos del propio radicalismo, pero en la provincia de Buenos Aires creo que estuvo más vinculado a esa política de desarmar la llamada máquina electoral que organizaban los conservadores para generar victorias fraudulentas en el principal distrito territorial del país.

¿Cómo analizás las represiones ocurridas en la Patagonia y durante la Semana Trágica?
Creo que son puntos oscuros dentro de una gestión que, en líneas generales, me resulta destacable. Realmente, más allá de los avatares políticos y las presiones tanto de la oligarquía local como de los conglomerados extranjeros, me parece que son difíciles de defender.
¿Eran muchas las presiones?
Fueron fuertes todo el tiempo, pensemos que los sectores conservadores continuaron controlando la Cámara de Senadores durante toda la gestión de Yrigoyen. Por lo tanto, le resultó dificultoso en algunos casos hacer aprobar leyes que consideraba necesarias para el país.
La prensa de la época también le fue desfavorable. El caso paradigmático fue el diario Crítica, cuyo director, Natalio Botana, era decididamente anti-yrigoyenista y permanentemente aguijoneaba a sus lectores con perspectivas absolutamente contrarias a las del gobierno y con una opinión negativa del mismo.
Y, finalmente, la Corte Suprema de Justicia tenía mayoría conservadora, es decir, que tenía en su contra el poder judicial, a la mitad del legislativo y a los medios periodísticos hegemónicos de la época.
Muchas de las banderas que enarbolaba Yrigoyen fueron luego tomadas por el peronismo…
Yo trabajé la figura de Diego Molinari, quien fue director brevemente del Departamento Nacional de Trabajo y uno de los impulsores de la reforma petrolera. También fue diputado y senador nacional. Tras el Golpe de 1930 se exilió y años más tarde conformó la génesis del naciente peronismo, hasta llegar a ser jefe de la bancada dentro de la Cámara de Senadores entre 1946 y 1952.
Si se hace un resumen del protoperonismo, que está muy bien condensado en el eslogan San Martín-Rosas-Perón, habría que agregarle una cuarta pata que sería Yrigoyen. Para mí debería ser San Martín-Rosas-Yrigoyen-Perón.
Yrigoyen fue el primer presidente elegido democráticamente y también el primero en sufrir un golpe de Estado…
Sí, fue un político eminentemente popular y marcó al menos los primeros 30 años del siglo XX dentro de la vida política argentina. Se impuso en las elecciones de 1916 con más del 45% de los votos y 12 años después llegó al 57, 58%, es decir, obtuvo una victoria que fue tan aplastante que a esa elección se la llamó el plebiscito.
Por lo tanto, los sectores oligárquicos que habían gobernado el país durante el periodo inmediatamente anterior, es decir, entre 1880 y 1916, solo podían retomar el poder de una manera antidemocrática.
El golpe de 1930, más allá del desgaste del gobierno y de la crisis que asolaba en esa época al mundo, tuvo que ver también con un intento de los sectores oligárquicos de terminar con un proceso popular, que obturaba el diseño de país que ellos habían prefigurado pensando en una patria para unos pocos y manejada por una élite absolutamente reducida y relacionada con las empresas extranjeras y con Gran Bretaña.
¿Por qué hoy, a más de cien años del triunfo de Yrigoyen, el radicalismo aparece desdibujado dentro del escenario electoral?
Considero que después de 1945 el peronismo tomó la posta de muchas de esas ideas que habían sido propias del yrigoyenismo. Las ideas vinculadas con la soberanía nacional, la justicia social, los derechos argentinos sobre Malvinas, la visión americanista, el hispanismo, es decir, todos los componentes propios de una democracia de masas que el yrigoyenismo representó, y que luego serían retomados por el peronismo a partir de la segunda mitad del siglo XX. El radicalismo perdió ese empuje popular, que retomó, con sus diferencias, el peronismo.

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