La espera es un documental dirigido por Darío Doria que aborda el tema de la adopción desde una perspectiva integral. Con una puesta en escena innovadora, que incluye voces en off e imágenes que acompañan de una manera impecable, el film recorre historias de niños y niñas cuyas infancias y derechos han sido vulnerados.
Charlamos con Darío Doria (DD) y con Florencia Gattari (FG), guionista de la película, sobre el impacto de la producción y su estreno en el Bafici27°.
¿Cómo surge la idea?
DD: Esto arrancó hace un montonazo de años, por el 2007 más o menos, que leí una nota con el título Una vez casi me adoptan y era la historia de un chico que cuando tenía 8 años lo subieron a un patrullero y lo llevaron a la casa de una familia, donde vivió dos semanas y, finalmente, lo devolvieron. Algo tremendo y a mí me quedó esa nota ahí dando vuelta en la cabeza. Y eso fue en principio lo que me llevó a seguir investigando. Después lo hablé con Florencia y a ella también le interesaba mucho el tema, así que empezamos.
¿Cómo se eligieron los testimonios?
FG: Los relatos son bastante diferentes, con historias muy luminosas y otras muy terribles. Hay una postura de los entrevistados que es amorosa respecto de los niños. Yo no sé si hubiéramos querido conversar con alguien con una posición más cínica o menos cuidadosa y, en ese sentido, nos interesaba que los relatos fueran diversos, entonces, hay casos de egresos o de madres y padres que adoptan o de una madre que trabaja para poder reivindicarse con ese niño que no está con ella. O sea, son asuntos diferentes, pero la posición es siempre mirando a los pibes.
¿Por qué decidieron que las historias se cuenten en off?
DD: Los protagonistas de la peli son los niños y su espera para volver a tener una familia o vivir en una familia. Entonces, los protagonistas son ellos, pero no los podemos filmar y, por otra parte, filmar a adultos que nos cuentan sus historias era como ponerlos delante de los chicos. Entonces, la decisión fue solamente audios y no mostrar a nadie, porque en realidad no importa quiénes son esos adultos, ni cómo están vestidos, ni si son rubios, morochos, pelados, no importa nada.
¿La articulación fue difícil desde el guión?
FG: Lo primero que hicimos fue escuchar, escuchar seriamente y por horas, porque esas entrevistas fueron de dos horas, en las que vimos gente que realmente abrió cosas muy personales, que hizo un gesto de confianza muy fenomenal. Entonces, lo primero era estar a la altura de esos gestos y escuchar honestamente. Y, después, lo que hicimos fue como tunear los elementos para poder armar el rompecabezas de lo que queríamos contar. Finalmente, intentamos ordenar todo eso de una manera que equilibrara la película, que dejara una situación ni del todo oscura ni del todo luminosa.
DD: Todos los testimonios nos emocionaron mucho, en algunos casos fue con alegría, otros fueron demoledores, y creo que eso es lo que une. Además, las personas que hablan conocen muy bien a los niños y tienen una mirada muy amorosa de estas infancias, porque quieren que las historias terminen bien.
Las imágenes que se usan para ilustrar son muy significativas, pero hay una que me impactó mucho que es la de la oficina de un juzgado repleta de expedientes…
DD: Esos expedientes no son papeles, son pedazos de vida de niños, de familias, y de personas que están esperando que los llamen como padres postulantes. Y los ves y decís “Esto es un elefante que no se mueve”. En el documental está el testimonio de esta niña tan chiquita que con 7 años lo apura al juez preguntándole cuánto tiempo falta. Entonces, tratamos de transmitirle al público que las cosas están ahí, como detenidas, que no se mueven.
Hay una frase en la película que me quedó muy grabada que es “la venció el sistema”, ¿ustedes sintieron eso?
DD: Es un tema que tiene una complejidad enorme, porque hay tantas cosas que pueden salir mal o bien y tanta gente que interviene. Primero la familia biológica, después el Estado que se mete porque los padres, tal vez, no pueden cuidarnos, pero sí una tía, una abuela, entonces es muy complejo el sistema. Muchas de las historias que van a la adopción tienen que ver con familias que vienen de la pobreza, entonces, cuando dice «la venció el sistema”, quiere decir que no la contuvo, porque esa madre en particular no pudo quedarse con su hija por una cuestión de plata.
También está la historia de los hermanitos que son devueltos por su familia adoptiva…
DD: Sí, esa historia es terrible porque quien la cuenta es una abogada de familia y el relato está muy marcado por el dolor que le produce la situación. Es un caso donde falló todo, el Estado, fallaron las familias, la biológica y la que los adoptó y los devolvió, y fallaron ellos como equipo de niñez porque no lo pudieron reparar, ni hacer nada, y eso es muy terrible para todos. La impotencia de no poder ayudarlos.
En el documental se interpela la postura “rosa” que algunos sectores tienen frente ante la adopción, ¿cómo sería eso?
DD: Cuando empezamos a investigar, vimos varios documentales y nos dimos cuenta de que había una mirada muy poco genuina. Primero, está la mirada adultocéntrica en la que el Estado le consigue un hijo a un adulto, algo que es al revés. Después está esa esa cuestión de que tengo mucho amor para dar y está buenísimo lo del amor, pero no alcanza. Hay que estar muy preparados para abrazarlos en todo sentido y respetarles las historias.
¿Qué pasa con esas infancias que no tienen la contención de una familia?
FG: A mí me quedaron como dos sensaciones encontradas. Por un lado, hay una desprotección y desvalimiento de estas infancias pero, al mismo tiempo, hay una cantidad de adultos, efectores y disciplinas mirando amorosamente a estas infancias y, sin embargo, no alcanza.
Un hogar no es una familia, todos te quieren, te tratan bien, pero no hay una mirada dirigida exclusivamente, porque una cosa es el uno a uno y otra cosa es ser parte de un grupo de 20.
¿Por qué el título?
FG: Fue decantando a través de las entrevistas, íbamos escuchando todos los casos, por un lado, los pibes que están como suspendidos en un tiempo, en el que no se entiende bien qué pasa y que no depende de ellos y que muchas veces no se les explica. Es un tiempo que tiene otra cualidad del tiempo que manejamos los adultos.
Y, por otro, hay un componente que es la espera de la gente que se anota, que muchas veces no tiene en cuenta cuál es la realidad de los chicos y sus edades. Si alguien se anota para adoptar y su disponibilidad es amplia, la espera es mucho menor, porque eso tiene que ver con la realidad de los niños que están esperando familia. Si la disponibilidad es muy pequeñita o es para niños muy chiquititos, bueno, la espera será más larga. Entonces, si entendemos que el derecho es de los niños, no de los adultos, habría que evaluar la posibilidad de cierta adecuación a lo que efectivamente sucede.
¿Cómo fue la participación en el Bafici27°?
FG: Con mucha felicidad, porque la cantidad de películas que se presentan es enorme. Y la experiencia de estar en un festival súper emblemático, compartiendo con otros directores y con el público nos puso muy contentos.
DD: Cuando hacemos una película no se sabe muy bien cómo va a funcionar. Vos suponés que lo que a vos te emocionó va a emocionar a otras personas o que la idea se va a entender, pero en realidad no sabés qué va a pasar. Después del Bafici, empezamos a conocer las devoluciones de la gente y todas fueron muy lindas. Ahora sabemos que el documental va funcionando y que ya empieza a hacer su caminito, para escaparse de nuestras manos.
Más información en @laespera.docu

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