Entrevista a José Luis Di Lorenzo

 

-¿Qué es el Proyecto Umbral?

-El Proyecto Umbral nace por una idea del filósofo argentino Gustavo Cirigliano, quien propuso: “miremos toda la historia: si la historia de los primeros que habitaron nuestras tierras no es nuestra, ¿de quién es?”. Nos convocó entonces a bajar los muros culturales y convertirlos en un umbral que nos permita acceder a conocer toda la historia; pero también aspira a ser un umbral que, conociendo toda la historia, nos reconozca una personalidad social y nos prepare para conquistar el futuro. Esta idea organicista plantea y propone revisar los 14 siglos vividos en la Argentina conforme a la forma de organización en cada etapa. Así, la dividimos en 7 proyectos de país. El de los primeros habitantes, que dura hasta que se interrumpe por la colonización, cuando se impone el proyecto colonial español que convive con el proyecto de las misiones jesuíticas, absolutamente diferente: mientras en el colonial español había mita, yanaconazgo y esclavitud, en las misiones jesuíticas había una organización donde se educaba y se formaba a los guaraníes, con 8 horas de trabajo, 8 horas de descanso y 8 de esparcimiento; el primer código de trabajo, las Ordenanzas de Alfaro, se dicta en las misiones jesuíticas. Después viene el proyecto independentista que es el de San Martín, un período de unos 50 años de “liberar liberando”: liberar países vecinos para que nos liberemos todos. Luego sigue el conocido proyecto del 80 -Alberdi, Sarmiento-, el de “la Patria es el campo”, que todavía tiene vigencia. Es sustituido por el proyecto de la justicia social, simbólicamente iniciado en octubre del 45. El golpe del 55 es el inicio de lo que se perfecciona en el 76, donde no se vuelve al proyecto del 80 sino que a partir del 24 de marzo se crea una nueva etapa que todavía perdura en democracia, a la que Gustavo Cirigliano llama “la del antiproyecto”. Es un proyecto de des-organización. Voy a usar una palabra de la física: “entropía”: la fuerza que separa un cuerpo. Vos separás un brazo, una pierna, la cabeza, y matás a quien sea. Si desorganizás el cuerpo social, lo anulás. Me explico: un antiproyecto es la negatividad misma, en ese sentido, no tiende a la dependencia, ni siquiera a la sumisión, sino a la anulación. De cumplirse hasta el final, lleva a la disolución (lo que estuvo a punto de suceder). Este proyecto es el que se impuso en marzo del 76 a sangre y fuego. La herramienta militar y el golpe de Estado fueron parte de un modo de imposición de un cambio que se basó en la fuerza militar pero tiene dos pilares: el comunicacional y el financiero, que perduran.

-¿Qué pasa a partir de la recuperación de la democracia?

-La democracia que se recupera en el 83 nace renga. No logra desembarazarse absolutamente de esos dos pilares que son los que condicionan la realidad argentina. Quien más cerca estuvo fue Cristina Fernández de Kirchner con la Ley de Medios de Comunicación Audiovisual; también le asestó un duro golpe al pilar financiero con la Ley de Derogación de las AFJP y con las bases para reducir la deuda. Pero hablamos simbólicamente. Aun así no alcanzó, y en la etapa actual retornan los valores del antiproyecto gracias al pilar comunicacional y al sometimiento al pilar financiero. Ya no por un golpe de Estado sino por el voto popular.

-¿Cuál es la diferencia entre un modelo de país y un proyecto?

-Cirigliano dice que un modelo de país es proyecto cuando es aceptado por el pueblo o es impuesto. El colonial español fue impuesto. El antiproyecto del 76 fue impuesto. El de la justicia social fue aceptado por el pueblo. El modelo lo desarrollan pensadores, políticos, el conjunto de la sociedad, porque modelizan, dicen cómo es la forma de vida que queremos. Nuestra idea es pensar cuál es el modelo de sociedad que queremos. Una propuesta para salir del antiproyecto, asumiendo que el proyecto de la justicia social fue aniquilado en el 76: no es repetir lo mismo que hubo en los 40, sí los valores, pero para este momento histórico.

Un eje es usar la metodología de Cirigliano. Otro eje es recuperar la propuesta de Perón del 74, el “Modelo Argentino para el Proyecto Nacional”, que por múltiples y diversas razones fue desoído. La tercera pata tiene que ver con los valores, por ejemplo con la lógica de “Laudato Si’” del papa Francisco; un Papa que está planteando la unidad de religiones en la lucha contra el dios mercado.  Y un eje de Umbral que hay que profundizar y mucho es el último capítulo del libro donde también hablamos de ciencia y tecnología pueblocéntrica. ¿Tenemos que estudiar la ciencia que se enseña, la que propician los centros económicos de poder para ganar plata, o tenemos que desarrollar una ciencia y una tecnología para resolver los problemas? Creemos que nos vienen a solucionar los problemas con lo que ya está hecho. No digo que no haya cosas virtuosas, lo que digo es que tienen que ser pensadas y repensadas en función de nuestras necesidades. La lucha de Umbral es justamente bajar esos muros culturales que naturalizan mentiras.

-¿Por qué tendemos a una mirada eurocéntrica?

-Porque el proyecto del 80 de la europeización consentida nos escolarizó y nos culturizó en que los argentinos somos europeos en América. Alberdi y Sarmiento querían sustituir a la población local -el gaucho, el mestizo, los españoles que venían de la noche oscura- y se proponen importar franceses, ingleses, alemanes. Creemos que somos europeos porque nos educaron así, pero en realidad somos una confluencia identitaria de los que habitaban nuestro suelo, de la conquista hispana, de las migraciones suramericanas y también de los europeos, pero no de lo que quería aquel proyecto del 80, sino de los excluidos, gallegos y tanos, que quedaron fuera de la Revolución Industrial y fueron expulsados por el hambre y por las guerras.

-Una cosa es pensar un modelo de país, pero ¿cómo hacer para que ese modelo se transforme en proyecto, sobre todo en un momento como el actual?

-Yo creo que hay un muro cultural, porque se naturaliza la opresión en nombre de que no se puede hacer otra cosa. A mí no me molesta, lo lamento por ellos, que haya gente que dedica su vida a hacer plata y se consagra al dios mercado. Lo que no acepto es que la riqueza signifique hambrear a los pobres. En la Argentina, que alimenta a 400 millones de personas en el mundo por año, 40 millones de argentinos no pueden pasar hambre. Es el 10 por ciento. Veamos cómo se hizo en cada etapa. En la de los jesuitas, por ejemplo, el rol de la educación es tan importante que importaban un órgano de España y se los hacían copiar a los guaraníes, y hubo un momento en que no se distinguía la copia del original. El proyecto del 80 claramente lo que hizo fue escolarizar el modelo a través de los libros de educación. Lo que llegó hasta nuestra época: composición tema “el gaucho”, “la vaca”, “el campo”, es de la generación del 80. El día que dicen “la patria es el campo” salta un montón de gente diciendo “¡sí, la patria es el campo!”. No, el campo es la patria de otros, parte de la patria si se quiere, pero mía, no. El proyecto de la justicia social hace algo que resulta imperdonable: en la escuela primaria pone como sujetos el trabajo, el trabajador, la seguridad social, la Caja de Ahorro. Como dice Cirigliano, la asignatura pendiente es incorporar a la currícula educativa el proyecto de país. ¿Por qué atacan a la Universidad de Lanús? Porque está incorporando mucha gente que no accedió a la educación universitaria, y también contenidos imperdonables para el poder.

-¿Y cómo luchás contra los medios de comunicación?

-Con el uno a uno. Supongamos que mi vecino votó a Macri. Pero yo conozco los problemas que él tiene y él conoce los que yo tengo. Si sabemos los problemas, vamos más a la realidad que a la ideología o a las simpatías o antipatías por una construcción política. Es persuasión, un trabajo constante. Y hay que tratar de evitar la entropía, porque hay una entropía muy fuerte hacia adentro de toda forma de organización pública. También creo que cuando discutimos economía seguimos en la lógica del dios mercado. Lo que tengo que discutir es qué esquema de la economía uso para que la gente viva bien.

 

La Argentina triangular

-¿Cómo es la “Argentina triangular” que plantea Cirigliano?

-“Tenemos que tomar una decisión geopolítica, ocupar el espacio”, planteaba Gustavo. Y una decisión económica. Un muro cultural muy fuerte y condicionado por la política es la concentración en la periferia de los centros urbanos de la marginalidad y la pobreza. Porque es mano de obra, porque trabaja en lo que sea; y en las villas que hay en Capital la gente vive mucho más confortablemente que en sus localidades de origen. Cirigliano dice “hagamos tres ciudades nuevas, una en cada extremo de la triangularidad de Argentina”. De un millón de habitantes cada una, porque está hablando de la relocalización productiva. La idea para debatir es lo que decía Rodolfo Kusch: “pensar sitiado”. Pensar en el lugar donde nos vamos a radicar. Tenemos que definir cuáles son nuestros objetivos a nivel local. La Argentina tiene mucha diversidad, y Cirigliano dice “hagamos tres ciudades puerta, abiertas a la integración con los países de frontera”. Diseñémoslas al mismo nivel que Buenos Aires, que tengan salud pública, diversión, esparcimiento, educación. Cirigliano hizo una división por el meridiano 62: de ahí a la cordillera era el sector más pobre y requería más inversión del Estado; hacia el Atlántico era la zona del proyecto del 80: zonas ricas, donde habría mayor acento en lo privado. El tema es que una cosa financie a la otra. Y nosotros agregamos una punta: el Estado empleador de última instancia.

-No había pensado hasta qué punto un proyecto de país está anclado en una concepción geopolítica.

-Te provoco con una cosa más. El mito fundacional de todas las naciones viene de la idea del Dios sancionador, más del Viejo Testamento que del Nuevo. Se elige al militar exitoso que finalmente deviene rey, el Cid Campeador por ejemplo; se toma a San Martín como “fundador” por esta idea del poder de la sanción. Según Cirigliano, el Dios del Nuevo Testamento es el de la misericordia. Astrada trató de correr ese mito fundacional y lo llevó al gaucho como génesis de la Argentina. Y nosotros lo llevamos a lo que planteaban los guaraníes, que creían que se llegaba al Cielo o al bien acá en la Tierra; migraban buscando la Tierra sin Mal. Esto, más el culto a la Pachamama, tiene que ver con una herencia identitaria. La Tierra sin Mal es la Tierra donde podemos vivir en armonía y felicidad; no con imposición del Dios sancionador ni del militar exitoso, sino en convivencia y armonía. Cuando repensás la Tierra sin Mal, hay que repensarla geográficamente, en el lugar donde estás.

-¿Cómo sigue el Proyecto?

-Es muy interesante retomar qué le da forma a nuestra personalidad social. De nuestros primeros habitantes provienen la  organización familiar, el cuidado del medio ambiente, el culto a la Tierra sin Mal, a la Pacha. Del proyecto colonial español heredamos cosas virtuosas y cosas negativas: en las negativas, la codicia; las virtuosas que, como no encontraron oro y plata, desarrollaron las vaquerías y tuvieron que dedicarse a la agricultura. De las misiones jesuíticas hay muchas cosas por aprender. La herencia fuerte del proyecto independentista es luchar por la libertad y por la independencia propia y la ajena. Del proyecto del 80 lo valioso es la educación como eje de construcción de la identidad nacional; lo no valioso tiene que ver con un autoritarismo que no admite oposición en contrario. De cada proyecto vas sacando y descartando. ¿Cómo sigue la cosa? Yo creo que debemos tener la capacidad de ayudar a que se vuelva a un proyecto propio, a entender que estamos inmersos en algo peor que la dependencia o la esclavitud, que como país nos lleva a la disolución, a la muerte. Un país que no produce, desaparece. Hoy vivimos una lógica de muerte. Hay terrorismo contra el Estado, que es atacar a las instituciones del Estado desde el pilar comunicacional, desde el pilar financiero y desde la apropiación del propio Estado. Hay una especie de Estado residual manejado por sus dueños y un poder judicial que se mantuvo institucionalmente vigente con una enorme mala praxis en todos los golpes de Estado. Algunos lo que tenemos nada más es la instancia de la persuasión, cosa que es cada vez más difícil; las creencias están absolutamente contaminadas por una comunicación mentirosa y falsa. No  puede haber tanta impunidad de la palabra donde se miente sistemáticamente.

-No hay responsabilidad ética por parte de los medios.

-Y nadie la controla. No hay pensamiento crítico tampoco. Tenemos el deseo, la razón y los valores. El modelo entrópico de desorganización exacerba solo uno de los registros humanos que es el del deseo, que así condiciona nuestro modo de vida. En la crisis que arranca en el 76 y estalla en el 2001, ¿cómo funciona la entropía? Es familiar. El jefe de familia se quedó sin trabajo, se desacreditó y se peleó con su mujer, con la familia, “porque soy un tarado”, “no ves que no te modernizaste”, “no estás al nivel de lo que se exige hoy”, etc. La culpa es del pobre tipo que se queda sin laburo. La mujer se tuvo que hacer cargo de los hijos, y los hijos despreciaban al padre porque había atajos más rápidos para hacer plata; todo justificado por la exacerbación del deseo, para volver a poseer. Hoy sigue pasando lo mismo. Se naturaliza que el que no puede, el que no tiene, es por culpa de él. Y como lo que vale es poseer, vale poseer por los medios que sea, con lo cual es todo un cóctel explosivo.

 

 

 

Parlasur

 

 

Coordinador general: Gustavo Cirigliano Coordinación político-académica: Horacio Alfredo Ghilini, Víctor Santa María, Daniel Esteban Di Bártolo, José Luis Di Lorenzo. Equipo de investigación: Francisco Pestanha, Mario Casalla, Catalina Pantuso, Hugo Chumbita, Jorge Bolívar, Oscar Castelluci, Armando Poratti. Se puede ver consultar la versión en línea en http://www.sitioima.com.ar/umbral/

 

 

 

 

 

Umbral en 2017

-¿Cómo se vuelve a la armonía?

-A veces uno se agobia, pero creo que hay que intentarlo, hay que seguir. Hay que aportar en la etapa que nos toca lo mejor que podamos y comunicarnos uno a uno. Lo importante no es la realidad, es lo que se construye como realidad. Creo que estamos en una etapa muy difícil porque se camina lentamente hacia la supresión biológica en cuotas. Un país “para los que se lo merecen”.

-¿Cómo continúan, en este tiempo, con la lógica de Umbral?

-La idea es ver si podemos reeditar y profundizar el libro. Por otro lado, el 26 de julio cumplimos un año de haber empezado a reunirnos cada 15 días simplemente para encontrar, entre compañeros de ruta con diversidad de origen y de adhesiones partidarias, lugares comunes, coincidencias en lo conceptual, en la lucha por la idea. Discutimos y profundizamos distintos temas con esta lógica de bajar los muros culturales. Y que lo instrumental quede librado al campo de la construcción partidaria. Porque justamente lo que creemos que está muy vigente es esta famosa entropía.

 

Gustavo hablaba de la eutopía y la distopía. La distopía es lo que yo deseo que no ocurra nunca. La utopía es un sueño idílico. La eutopía es un sueño que se concreta. Yo creo que lo de la Argentina triangular es una eutopía, no una utopía. Difícil, pero no imposible. La Argentina tiene una enorme riqueza. En la peor crisis que vivimos de desempleo, de no poder emitir moneda, aparecieron espontáneamente millones de argentinos haciendo trueque. El problema es cuando te ponen el muro cultural y te dicen “Argentina nació hace 200 años”: te están ocultando montones de aspectos de tu personalidad, es como que vos naciste de un repollo. No tenés historia. “Somos un país joven, tenemos que aprender”, y no somos un país joven. Tenemos una riqueza identitaria.

Te provoco con algo más. Los colonizadores españoles, cuando llegan, encuentran un puma. Lo miran, tiene cuatro patas, tiene cola, tiene cabeza. “Esto es un león incompleto” dicen, porque le faltaba la melena. Para ellos era un león, pero imperfecto. Sudaca. Hasta que los jesuitas lo estudian profundamente y se dan cuenta de que es otra cosa: es un puma. Esto es lo que tenemos que rescatar de nuestra personalidad. Somos como el puma. No somos incompletos. Es un símbolo muy clarito de lo que tenemos que lograr.

 

 

 

C.V.
José Luis Di Lorenzo es abogado, profesor adjunto en la UBA, docente en la UNLa y presidente del Instituto para el Modelo Argentino. Codirector de la colección Liberación nacional. Presidente de la Cooperativa de Trabajo «Martín Castellucci» Televisión Comunitaria Ltda. (Comarca SI). Autor y coautor de una decena de libros y de numerosos artículos y columnas de opinión en diarios y publicaciones de la Argentina y el exterior. Presidente del Instituto de Previsión Social de la provincia de Buenos Aires (1987/1991), ministro de Acción Social de la provincia de Buenos Aires (1991), subsecretario para la Reforma Política del Ministerio del Interior de la Nación (1992/1993), director del Ente Único Regulador de los Servicios Públicos de la C.A.B.A. (2000/2004).
Gustavo Cirigliano
“Nadie puede cargar la Argentina sino el argentino, aunque le cueste. Cargar con todo. Lo bueno, lo malo. El pasado que se quiere olvidar. Las equivocaciones del presente. La incertidumbre del futuro. Hoy la difícil identidad argentina pasa por la conciencia del proyecto de país. Sin conciencia de sí, el argentino desorientado busca espejos donde elegir su rostro y su futuro”, dijo Gustavo Cirigliano, inspirador y coordinador general del Proyecto Umbral. Doctor en Filosofía y Letras y profesor en universidades argentinas y extranjeras, se desempeñó también como Secretario Académico de la Universidad Nacional de Salta y de la UBA. Se exilió en Venezuela entre 1977 y 1980. En España impartió cursos de Análisis Transaccional aplicado a la educación en diversas universidades. Escribió más de 60 libros y publicaciones y prologó otras tantas.

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