Desde el jueves 3 de octubre nuestra universidad tiene el inmenso honor de contar como uno de sus docentes a Fernando “Pino” Solanas, cineasta y político de larga y prestigiosa trayectoria en el país y en el mundo.

Las dos palabras clave que originaron esta distinción puesta en negro sobre blanco en la resolución 00086/19 del Consejo Superior son “compromiso” y “coherencia”: la perfecta conjunción, la perfecta armonía entre ambas es una de las constantes de Solanas, tanto en su actividad artística como en sus actuaciones políticas.

La resolución destaca también que en todo momento el flamante Profesor Honorario de la UNLa “ha tenido como ‘prioridades estratégicas’ las políticas de derechos humanos; las políticas energéticas, ferroviarias, de integración de la educación y la cultura; la defensa de los pueblos originarios; la recuperación del medio ambiente; la integración continental autónoma; la autodeterminación de los pueblos; la democratización de la cultura y los medios de comunicación; ‘y en sus últimos trabajos la lucha contra los grandes intereses de las principales compañías de agroquímicos que afectan y destruyen las vidas, las familias y las comunidades en todo el territorio nacional’”.

El acto de entrega de la distinción en el cine universitario Tita Merello contó con la presencia de la rectora Ana Jaramillo, quien luego de mencionar que “Pino nos marcó a muchos” recordó que “descolonizarnos culturalmente es nuestro propósito: esta tarea la seguiremos haciendo, Pino con su arte, nosotros reconstruyendo además la gratuidad universitaria que no es como el aire o la lluvia, la gratuidad universitaria fue una decisión histórico-política”.

En el panel la acompañaron Daniel Bozzani, director de nuestro departamento de Humanidades y Artes (“me conmueve esa responsabilidad del artista, cuando la ética y la estética se juntan en una obra”, dijo) y Rómulo Berruti, periodista y coordinador del ciclo “Al cine con la UNLa”, quien rememoró las circunstancias en las que Solanas recibió el premio en el Festival de Venecia de 1985 por su film “El exilio de Gardel”.

Después de recibir los presentes de nuestra comunidad universitaria (un mate de plata del artista Rubén Caños y una remera de los no docentes de la UNLa), Solanas dio su primera clase como Profesor Honorario, en la que habló del proceso creativo y del camino del artista.

“Uno no se recibe de escritor ni de músico, es algo que no tiene fin –dijo-. La realidad de la obra se va haciendo mientras se va construyendo. Es el viaje lo que construye la obra”.

Todo indica que muy pronto Pino Solanas volverá a nuestra Universidad: a estrenar la película documental en la que ha venido trabajando en estos años –en la que tres amigos hablan sobre sus procesos creativos: Eduardo “Tato” Pavlovsky, Luis Felipe Noé y él mismo- y a dar clase, actividad a la que se comprometió públicamente porque, según remarcó, “Me encanta enseñar”.

Una vez terminado el acto se proyectó la primera parte de “La hora de los hornos” de Solanas y Octavio Getino, integrantes y creadores, a fines de los años 60, del Grupo de Cine Liberación.

Arte & política
Fernando Ezequiel «Pino» Solanas nació en Olivos, provincia de Buenos Aires, el 16 de febrero de 1936. Desde muy joven se sintió atraído por el campo artístico, primero como músico y luego como cineasta. Su compromiso político y militante lo hizo recorrer una enorme y valiosa filmografía. Fue elegido Diputado Nacional entre 1993 y 1997 y entre 2009 y 2013; Senador Nacional en 2013 por el distrito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; y nuevamente Diputado Nacional por CABA en las elecciones de octubre pasado. Solanas trabajó en la reforma de la Ley de Cine, la Ley de Teatro y la Ley de Música, e impulsó y trabajó en la creación de la Cinemateca Nacional (CINAIN). Entre sus obras cinematográficas se destacan: «La hora de los hornos» (1968), «Perón: Actualización política y doctrinaria para la toma del poder» (1971), «Los hijos de Fierro» (1972), «(Tangos) El exilio de Gardel» (1985), «Sur» (1988), «El viaje» (1992), «Memoria del saqueo» (2004), «Argentina latente sublevada: Oro impuro» (2007). Norma participó de manera ininterrumpida en las primeras cien marchas que los jubilados y pensionados realizaban cada miércoles en plaza Lavalle: los principales reclamos eran un haber mínimo de 450 pesos para la clase pasiva y la conducción del PAMI para sus propios beneficiarios. Si bien lo anecdótico quedó como la marca de la lucha de Norma Plá –hacer llorar al ministro Cavallo, quitarle la gorra a un policía- su irrupción en la escena pública cambió la percepción sobre la “clase pasiva” y su falta de peso en el plano político, económico y social del país. Increíblemente, no pudo jubilarse: trabajó desde los 13 años hasta los 62, pero nunca en un empleo registrado.

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