“He querido rendir el mejor homenaje de mi corazón a la     

                                                           mujer auténtica que vive en el pueblo

y que va creando,

                todos los días, un poco de pueblo”

Evita, La razón de mi vida

La historia de las mujeres latinoamericanas se ha caracterizado por la opresión, el silenciamiento y la negación. Este tipo de mecanismos denigratorios y excluyentes siempre fueron rechazados por las luchas feministas, entre ellas la desarrollada para obtener el voto femenino y su inclusión en la vida pública, cívica y política de nuestra patria.

La importancia de la variable de género en los análisis sobre las sociedades periféricas, es que en estas, las mujeres son una periferia dentro de la periferia (D´Ambra, 2019). Por eso, le otorgamos doble relevancia a la figura de Eva Perón en relación con su lucha para conseguir el voto femenino. 

Antecedentes

Durante la primera década del siglo XX, varios países sancionaron el derecho al voto femenino ya que la Primera Guerra Mundial dejó en evidencia que las mujeres podían reemplazar a los varones que habían ido a combatir.

En 1915 el sufragio femenino se anticipó en Dinamarca. En 1917 lo obtuvieron las canadienses y las polacas. En 1918 fue sancionado en Hungría y el Reino Unido. En 1920, en Checoslovaquia y Estados Unidos –aunque solo para las mujeres blancas porque las negras debieron esperar hasta 1967 para obtenerlo-. 

En Latinoamérica fue más tardío. Hizo punta en Ecuador en 1929, siguieron Brasil y Uruguay en 1932, Cuba en 1934, y El Salvador en 1939.

En este período nacieron las sufragistas en nuestro país; al igual que en otros lugares del mundo, reclamaban su derecho a votar.

Solo por nombrar algunas mujeres representativas de las luchas feministas: Julieta Lanteri, además de incorporarse a las aulas universitarias (un espacio como tantos otros inhabilitado para las mujeres hasta entrado el siglo XX) fue la primera mujer en votar en la Capital Federal en 1911. A partir de una presentación judicial, se encargó de aparecer en los padrones para poder votar antes de la promulgación del voto femenino, convirtiéndose así en la primera mujer en votar en Latinoamérica. En 1918 fundó el Partido Feminista Nacional y en 1919 fue la primera mujer en presentarse como candidata a un cargo político.  

Un punto a destacar a partir de su postulación a diputada nacional, a pesar de no haber ganado la banca, es que logró el apoyo de la Unión Feminista Nacional fundada en 1918 y dirigida por la socialista Alicia Moreau[1]. Lanteri también recibió el respaldo de la Asociación Pro Derechos de la Mujer de la radical Elvira Rawson. De esta manera, las sufragistas avanzaban en el camino de la vinculación entre ellas, más allá de los partidos políticos a los que representaban, para fortalecer la causa que reivindicaban.

El voto femenino excedió por mucho las diferencias ideológicas, ya que también corrientes liberales y conservadoras se encargaron de crear la Asociación Argentina del Sufragio Femenino encabezada por Carmela Horne de Burmesiter e integrada entre otras por Victoria Ocampo y María Rosa Oliver (Bellota, 2019).

Evita: implementación de la Ley 13.010 del voto femenino

La llegada de Perón al gobierno nacional con la compañía decisiva de Evita fue lo que canalizó luchas, protestas y exigencias hasta establecer el derecho al voto femenino. El 21 de agosto de 1946, solo medio año después de la asunción del gobierno justicialista, se aprueba el proyecto en la Cámara de Senadores y el 9 de septiembre de 1947 hacen lo propio los diputados de la Nación. El 23 de septiembre de 1947 se promulgó la Ley 13.010.

Su articulado establece lo siguiente:

Artículo 1: Las mujeres argentinas tendrán los mismos derechos políticos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que les acuerdan o imponen las leyes a los varones argentinos.

Artículo 2: Las mujeres extranjeras residentes en el país tendrán los mismos derechos políticos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que les acuerdan o imponen las leyes a los varones extranjeros, en caso que estos tuvieran tales derechos políticos.

Artículo 3: Para la mujer regirá la misma ley electoral que para el hombre, debiéndosele dar su libreta cívica correspondiente como un documento de identidad indispensable para todos los actos cívicos y electorales.

Artículo 4: El Poder Ejecutivo, dentro de los dieciocho meses de promulgada la presente ley, procederá a empadronar, confeccionar e imprimir el padrón electoral femenino de la Nación, en la misma forma que se ha hecho el padrón de varones. El Poder Ejecutivo podrá ampliar este plazo en seis meses.

Artículo 5: No se aplicarán a las mujeres ni las disposiciones ni las sanciones de carácter militar contenidas en la Ley 11.386. La mujer que no cumpla con la obligación de enrolarse en los plazos establecidos estará sujeta a una multa de cincuenta pesos moneda nacional o la pena de quince días de arresto en su domicilio, sin perjuicio de su inscripción en el respectivo registro.

Artículo 6: El gasto que ocasione el cumplimiento de la presente ley se hará de rentas generales, con imputación a la misma.

De ese modo queda formalmente establecido el voto femenino y se mejora la calidad institucional del sufragio en general, al establecer que esta vez sí será secreto, obligatorio y universal. Recordemos que el 13 de febrero de 1912, el presidente Roque Sáenz Peña promulgó la Ley 8.871 que supuestamente habilitaba el voto secreto, obligatorio y universal. Sin embargo, este último adjetivo -enseñado en las instituciones educativas argentinas- era falso porque la norma dejaba afuera a las mujeres.

Evita fue un símbolo de las luchas latinoamericanas feministas. Con solo 20 años, siendo actriz radial, eligió representar a las compañeras de distintos caudillos federales. En uno de sus protagónicos le dio voz a Elisa Lynch, esposa de Francisco Solano López, Presidente del Paraguay cuando se produjo uno de los genocidios más cruentos de nuestro continente, en el marco de, como la llama Galasso, la “Guerra de la Triple Infamia” protagonizada por la Argentina de Mitre, Brasil y Uruguay, con el impulso de Gran Bretaña contra el modelo nacional paraguayo autónomo y productivista.

El voto femenino fue un eslabón más de las múltiples luchas que Evita encabezó, siempre con su impronta de conseguir más derechos para los humildes, los niños, los ancianos y las mujeres. Antes de conocer a Perón, ya era representante gremial en el sindicato de actores y actrices.

Desde la acción social asumió el compromiso con las y los afectados por el terremoto de San Juan –desastre natural ocurrido el 15 de enero de 1944-. Luego de la tragedia que dejó entre 4000 y 8000 muertos, Evita conoce al General Juan Domingo Perón. Entre los tantos voluntarios que se acercaron a socorrer a la población sanjuanina se encontraba “una mujer de aspecto frágil, pero de voz resuelta” recordará Perón. Luego, Evita y Perón se vuelven a cruzar en las colectas organizadas para los damnificados de San Juan hasta que se conocen con mayor profundidad en el festival del Luna Park, también organizado en beneficio de las víctimas del terremoto de San Juan.   

Ya como Primera Dama, además de ser una pieza fundamental para concretar la implementación del voto femenino en nuestro país, crea el Partido Peronista Femenino ya que las mujeres “estamos ausentes en los gobiernos, en los Parlamentos, en las organizaciones internacionales, no estamos ni en el Vaticano ni en el Kremlin, ni en los Estados mayores de los Imperialismos, ni en las ´comisiones de energía atómica´, ni en los grandes consorcios, ni en la masonería, ni en las sociedades secretas, ni en los grandes centros que constituyen un poder en el mundo y sin embargo estuvimos siempre en la hora de la agonía y en todas las horas amargas de la humanidad (…). Por eso he querido rendir el mejor homenaje en mi corazón a la mujer auténtica que vive en el pueblo y que va creando, todos los días, un poco de pueblo” (Evita, 1953).

Fue el 11 de noviembre de 1951 que se realizaron las elecciones nacionales en las que, por primera vez, todas las mujeres mayores de edad del país tuvieron derecho a votar. Gracias a las luchas encabezadas por personalidades como Eva, es que hoy podemos decir que las mujeres latinoamericanas estamos mucho más cerca de dejar de ser la periferia de la periferia. Nuestra inclusión en la vida pública, cívica y política es una realidad, aunque todavía nos queden muchas batallas por librar.


Bibliografía y referencias citadas:

D´Ambra, Daniela (2020) Pensamiento Nacional y Feminismo. Una perspectiva situada. Disponible en: http://www.unla.edu.ar/documentos/centros/manuel_ugarte/producciones/daniela%20dambra%20pensamiento%20nacional%20y%20feminismos%20una%20perspectiva%20situada.pdf

Bellotta, Araceli (2019) El peronismo será feminista o no será nada. Aportes para la construcción de un feminismo nacional y popular. Ediciones Galerna: Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 

Galasso, Norberto (2012) La compañera Evita. Ediciones Colihue: Buenos Aires. 

Galasso, Norberto e Ibañez, Germán (2000) La guerra de la Triple Infamia. Cuadernos para la Otra Historia. Buenos Aires: Centro Cultural “Enrique Santos Discépolo”.

Ley 13.010. Disponible en: http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/45000-49999/47353/norma.htm

Perón, Eva (1953) La razón de mi vida. Casa Peuser: Buenos Aires.

Perón, Eva (2004) Discursos Completos 1949-1952. Artes Gráficas Piscis: Buenos Aires. 

Villalba, María (2019) Eva Perón y el feminismo como pedagogía de la dignidad. Disponible en: http://cdsa.aacademica.org/000-023/59


[1] Quien posteriormente apoyó a la autodenominada Revolución Libertadora.

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